La paradoja de Corpus: entre la utopía de la conservación y la realidad del «colador» narco y el saqueo del monte

Mientras foros técnicos y ambientalistas debaten si el municipio costero debe blindarse como santuario natural ante la represa hidroeléctrica, las crónicas policiales desnudan una realidad alarmante: la zona es una de las rutas predilectas para el contrabando de marihuana, el desembarco de fentanilo y el asalto violento a las reservas agroecológicas locales.

En los últimos tiempos, las mesas de debate en Misiones han vuelto a girar en torno a Corpus Christi. Por un lado, ingenieros y sectores productivos insisten en revivir el histórico proyecto de la Represa Hidroeléctrica, prometiendo un diseño moderno en la zona de Pindo-í para mitigar el impacto ambiental. Por el otro, colectivos ecológicos sostienen con firmeza la bandera de la preservación total, exigiendo que el municipio sea declarado un santuario intocable para proteger la rica biodiversidad del monte nativo.

Sin embargo, el papel resiste cualquier utopía, pero la realidad del territorio muestra una postal completamente diferente. Lejos del idilio verde que pretenden defender los sectores más idealistas, Corpus se ha convertido en un «colador» fronterizo y en una de las rutas predilectas de las bandas narcocriminales, donde el monte no se preserva, sino que se saquea bajo el imperio de la violencia y el contrabando.

La ruta de la droga: Del narcotráfico clásico a la alerta del fentanilo

Los datos judiciales y los operativos de las fuerzas federales (Prefectura Naval y Gendarmería Nacional) en los últimos cinco años derriban cualquier relato romántico sobre la costa de Corpus. La geografía del río Paraná, repleta de densa vegetación marginal y los denominados «puertos naturales», es explotada semanalmente por el crimen organizado.

El goteo de incautaciones masivas es una constante

El «clásico» de la marihuana: En mayo de 2021, Prefectura incautó 481 kilos de marihuana prensada ocultos en la espesura del monte marginal; un patrón que se repitió calcado en agosto de 2022 en el «Puerto Natural Menochio» con otros 390 kilos abandonados tras una persecución costera, y en enero de 2024 en «Puerto Pichón Chávez», donde se secuestraron 415 kilos más, fraccionados en bolsas de consorcio listas para camiones de distribución masiva.

La peligrosa llegada de las sintéticas: El punto de mayor alarma se dio en el denominado Operativo «Narco Mix» (marzo de 2024). Al requisar doce bultos abandonados por una lancha rápida paraguaya en Puerto Menochio, la patrulla de Prefectura no solo halló 173 kilos de marihuana, sino también 177 ampollas de fentanilo y 14 de etilefrina. El hallazgo de este potentísimo opioide sintético en la costa de Corpus encendió alertas rojas en el Juzgado Federal de Oberá y demostró que la zona ya no es una simple ruta de paso de hierba, sino un punto de ingreso para sustancias letales de alta complejidad.

Ecología bajo fuego: El martirio de «Las Gringas» y el saqueo del monte nativo

La otra gran contradicción de Corpus reside en el destino de quienes sí intentan conservar la naturaleza de forma privada. La Reserva de Biodiversidad y emprendimiento sustentable «Las Gringas», propiedad del productor Roberto Moroz, se convirtió en el doloroso emblema de una frontera sin ley.

Moroz diseñó su chacra agroecológica para el agroturismo y la producción de alimentos libres de agrotóxicos. ¿La respuesta de la delincuencia rural? Desde finales de 2021, el predio sufre el acoso sistemático de mafias dedicadas al apeo furtivo y al robo de maderas nativas de altísimo valor comercial, como el Loro Negro y el Guatambú.

La situación no se limita a un delito ambiental menor; está teñida de extrema violencia:
Los cuidadores y trabajadores de la reserva han denunciado ante la Comisaría de Corpus y el Juzgado de Instrucción de Puerto Rico haber sido emboscados y amenazados de muerte por cuadrillas armadas con machetes, hondas y escopetas de fabricación casera («tumberas»), cuyo único fin es garantizar que los camiones cargados con el monte misionero robado salgan hacia las rutas de comercialización legal o hacia hornos clandestinos de carbón.

En julio de 2024, inspecciones del propio Ministerio de Ecología de la provincia constataron actas por desmonte ilegal y quemas deliberadas dentro de áreas destinadas originalmente a corredores biológicos en la misma zona.

¿Preservar qué realidad?

La paradoja está servida sobre la mesa de los misioneros. Mientras el debate intelectual se enfoca en si la represa alterará o no el ecosistema de Corpus, las fuerzas de seguridad luchan a diario contra un ecosistema delictivo consolidado que ya modificó la vida comunitaria.

Corpus hoy no es un santuario intocable. El monte que los ambientalistas quieren blindar de las obras hidráulicas ya está siendo talado, quemado y agredido por mafias locales, mientras sus costas sirven de puente para el narcotráfico internacional. La verdadera preservación de Corpus, antes que de los planos de ingeniería, parece depender de una urgente y definitiva recuperación de la soberanía territorial y la seguridad en la frontera.

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