Cada 3 de junio se celebra el Día Internacional del Sommelier, una fecha instaurada en homenaje a la creación de la Asociación Internacional de Sommeliers (ASI), fundada en Francia en 1969. La conmemoración reconoce a los profesionales encargados de interpretar, comunicar y acercar el universo del vino a consumidores de todo el mundo.
En Argentina, la sommellerie comenzó a consolidarse con fuerza a partir de fines de la década de 1990, acompañando el crecimiento y la internacionalización de la industria vitivinícola nacional. Desde entonces, se convirtió en una de las profesiones más dinámicas vinculadas a la gastronomía, el turismo y la comunicación especializada.
Lejos de limitarse a la recomendación de una etiqueta en un restaurante, el trabajo del sommelier evolucionó al ritmo de un mercado cada vez más diverso y sofisticado. Hoy los y las profesionales desarrollan su actividad en bodegas, vinotecas, distribuidoras, emprendimientos de enoturismo, escuelas de formación, medios de comunicación y espacios de asesoramiento comercial.
Su función es actuar como puente entre productores y consumidores, promoviendo el conocimiento y la valoración de la enorme diversidad de regiones, estilos, cepas y proyectos que caracterizan al vino argentino.

El crecimiento de la cultura del vino en Misiones
En Misiones, la sommellerie comenzó a ganar visibilidad en los últimos años de la mano de una creciente cultura de consumo y apreciación del vino.
Durante décadas, el vino estuvo presente en reuniones familiares, celebraciones y encuentros sociales, pero el interés por conocer su origen, las características de cada variedad, origen y las historias detrás de cada botella fue creciendo a medida que el mercado argentino ampliaba su oferta y sofisticaba sus propuestas.
Ese proceso abrió espacio para una nueva generación de profesionales dedicados a difundir la cultura vitivinícola desde una mirada educativa, inclusiva y cercana.
Mujeres que encontraron en el vino una nueva vocación
La industria del vino, históricamente asociada a liderazgos masculinos, atraviesa una profunda transformación.
En todo el mundo, las mujeres sommeliers ganan reconocimiento por su capacidad de comunicación, sensibilidad sensorial y aporte a la construcción de experiencias más diversas e inclusivas.
En Posadas, un grupo de profesionales provenientes de distintas disciplinas encontró en la sommellerie una nueva forma de desarrollar su vocación. Arquitectas, ingenieras, farmacéuticas, bioquímicas, contadoras y profesionales de distintas áreas eligieron sumergirse en el universo del vino para compartir conocimientos y generar espacios de encuentro.

Para Viviana Bonnetto, la decisión estuvo impulsada por una pasión genuina. “Me encanta el mundo del vino y quise profundizar el conocimiento y aprender las posibilidades del mundo de la sommellerie”.
Flavia Vargas Brittos encontró en el vino una extensión natural de su formación como arquitecta. “Elegí este camino porque el vino reúne muchas de las cosas que disfruto: la sensibilidad, la creatividad, la cultura y las historias detrás de cada proyecto. Como arquitecta, siempre me interesó entender cómo el entorno, los materiales y las personas construyen experiencias; el vino me permitió descubrir esa misma riqueza desde otro lugar. Además, encontré un espacio propio de aprendizaje, disfrute y conexión”.
Natalia Bohn destaca la dimensión humana de la profesión. “Elegí ser sommelier porque el vino me enseñó a mirar más profundo: detrás de cada copa hay una historia, un origen y una emoción. Ser sommelier no es solo catar, es interpretar, comunicar y generar experiencias que conecten a las personas”.

Por su parte, Carolina Bardelli, dijo que la sommellerie representa la posibilidad de transformar una pasión en un camino profesional.
“Elegir ser sommelier es una forma de convertir la pasión por el vino en una profesión. Es aprender a reconocer aromas, sabores e historias en cada copa, y poder compartirlos con otros. También abre puertas a viajes, cultura y experiencias únicas en el mundo gastronómico”.
Paula Álvarez llegó al vino desde la curiosidad científica. “Como Ingeniera en Alimentos, siempre me interesaron los procesos de elaboración. Quería entender por qué un mismo varietal puede expresar características tan diferentes según la región, el clima o incluso la añada. Durante mucho tiempo fue una asignatura pendiente, hasta que tuve la oportunidad de cursar la Diplomatura en Sommellerie. Lo que comenzó como una simple curiosidad se transformó en una verdadera pasión que hoy ocupa un lugar muy importante en mi vida”.
La arquitecta Nadia Verón define la profesión como una experiencia permanente de descubrimiento. “Ser sommelier es un viaje de aprendizaje permanente, una invitación a descubrir culturas, paisajes e historias. Es compartir conocimiento, despertar emociones y generar encuentros donde el vino se convierte en un lenguaje universal capaz de conectar personas y crear recuerdos inolvidables”.
Desde una provincia profundamente ligada a la cultura vitivinícola, Romina Avalos encontró en la sommellerie una manera de reivindicar sus raíces. “El vino, como fruto de mi tierra natal, Salta, me acompaña desde siempre. Me pareció que era el momento de mi vida de poner en valor todo aquello que siento que me representa, que me identifica en este maravilloso mundo del vino”.
Por su parte, Alejandra Escobar encontró una síntesis entre su formación científica y su vocación por la comunicación. “Soy sommelier porque creo que el vino es una herramienta de encuentro, aprendizaje y disfrute», expresó.
«Mi formación académica y profesional como bioquímica, farmacéutica y docente me permite interpretar sus características técnicas, pero también transmitir su esencia de una manera cercana y accesible. Mi objetivo es acompañar a las personas a descubrir, comprender y disfrutar el fascinante mundo del vino, convirtiendo cada experiencia en un momento de conocimiento y placer”, compartió Alejandra.

Más allá de los mitos: una profesión de estudio y servicio
Aunque la figura del sommelier ganó popularidad en los últimos años, persisten numerosos mitos sobre una profesión que exige formación continua, entrenamiento sensorial y una profunda vocación de servicio.
“Existen muchos mitos, y uno de los más frecuentes es pensar que ser sommelier consiste simplemente en degustar vinos o que es una actividad superficial”, señala Paula. “Detrás de esta profesión hay muchas horas de estudio. Es una profesión que requiere compromiso, responsabilidad y actualización permanente. Nuestro trabajo va mucho más allá de catar un vino: implica comunicar, educar y ayudar a que otras personas disfruten, se acerquen y comprendan mejor el mundo del vino”.
Natalia coincide en que una de las mayores confusiones es asociar la actividad únicamente al consumo. “Es muy común que piensen solo se toma vino, o que todo es glamour. Sin embargo, detrás hay una gran vocación de servicio, es entender al otro, guiarlo y hacer que disfrute sin intimidaciones”, explica Bohn.
Romina agrega:“Quizás por desinformación hay un concepto equivocado de que no es un trabajo serio y que somos personas que nos excedemos en el consumo de alcohol”.
Para Carolina Bardelli, la realidad está mucho más vinculada al conocimiento que al glamour. “Detrás hay mucho estudio, memoria y entrenamiento sensorial. Un sommelier aprende a identificar aromas muy específicos, conocer regiones vitivinícolas, tipos de uva, procesos de elaboración y maridajes con comida. También necesita técnica para catar, vocabulario preciso y mucha práctica”.
Y agrega: “Hay gestión y profesionalismo, además del disfrute. Hay que tener disciplina, sensibilidad, conocimiento, con mucha pasión detrás”.
Flavia también cuestiona la imagen elitista que suele asociarse al vino, cuando es accesible y universal. “Creo que uno de los grandes mitos es que ser sommelier significa saberlo todo sobre vinos o que se trata de algo exclusivo y sofisticado. En realidad, detrás hay mucho estudio, curiosidad y, sobre todo, ganas de compartir. Un sommelier no está para imponer gustos ni hablar difícil, sino para acercar el vino a las personas”.
En tanto, desde la visión de Alejandra, todavía persiste una barrera cultural que la profesión busca derribar. “Uno de los mitos más arraigados es pensar que el vino pertenece a un mundo elitista. La realidad es que no. La función es acercar el vino a las personas, hacerlo comprensible, accesible y disfrutable, sin tecnicismos innecesarios ni barreras”.
En esa línea, agregó que “muchas personas expresan que entienden que el sommelier está para decir qué vino es mejor. La realidad es que no existen vinos universalmente mejores para todas las personas. El rol del sommelier es orientar, interpretar gustos y ayudar a construir experiencias significativas. Pero para cada persona, la elección de preferencia siempre será individual”.
Nadia Veron resumió tres de los prejuicios que considera más frecuentes: “El sommelier solo toma vino, pero la realidad es que gran parte del trabajo consiste en estudiar, analizar, servir y comunicar, no en consumir”.
En segundo lugar, creen que hay que tener “un paladar extraordinario. Sin embargo, la sensibilidad se desarrolla con práctica, entrenamiento y experiencia”.
Y finalmente, coincidiendo con sus colegas, la impresión de que es una profesión exclusiva y elitista. “El vino es para todos. El rol del sommelier es acercar el mundo del vino de manera accesible y amigable”.
En la misma línea, Viviana Bonnetto sostiene: “Estamos para comunicar y asesorar, porque siempre se puede encontrar el vino indicado, solo hace falta buscar el correcto, y esa es nuestra especialidad”.

Un brindis por el aprendizaje, la comunidad y la pasión
Para estas profesionales, el Día Internacional del Sommelier representa mucho más que una fecha en el calendario. Es una oportunidad para celebrar el camino recorrido, los vínculos construidos y el aprendizaje constante.
Paula Álvarez destaca especialmente la posibilidad de seguir creciendo. “La sommellerie es una profesión que invita a la formación constante, a mantener la curiosidad y a descubrir algo nuevo todos los días. También celebro a las mujeres sommeliers, porque he encontrado una comunidad donde predominan el compañerismo, el intercambio de conocimientos y la admiración mutua. Es muy valioso crecer acompañada de colegas que inspiran”.
Romina Avalos celebra “una maravillosa profesión donde pude conocer gente increíble que comparte la misma pasión”.
Natalia Bohn brinda por “haberme animado a seguir algo que me apasiona. Celebro el camino recorrido, los aprendizajes, las personas que conocí y cada momento compartido alrededor de una copa”.
Flavia Vargas Brittos destaca la posibilidad de integrar esta pasión a su vida personal y profesional. “Como mamá y arquitecta, muchas veces los días son intensos, y el mundo del vino me regaló momentos para aprender, compartir y seguir creciendo. Celebro las personas que conocí en el camino, las experiencias vividas y la posibilidad de seguir descubriendo algo nuevo en cada copa”.
Para Nadia Veron, la celebración pasa por la posibilidad de estudiar, comunicar y acompañar a las personas en el descubrimiento de una cultura tan amplia como apasionante.
Viviana Bonnetto celebra “lo apasionante que es la cultura vitivinícola y la satisfacción que me trajo a mi vida”.
Carolina Bardelli considera que la fecha representa “un reconocimiento a mi crecimiento y a mi conexión con el mundo del vino, además del placer de compartir y comunicar algo que me gusta”.
Finalmente, Alejandra Escobar resume el espíritu de la profesión: “Celebro haber encontrado una vocación que une mis pasiones: el aprendizaje, la comunicación y el disfrute. Celebro cada viñedo visitado, cada cata realizada, cada alumno que aprendió algo nuevo y cada historia contada alrededor de una mesa. Ser sommelier me enseñó que detrás de cada vino hay personas, cultura, trabajo y sueños. Y eso es lo que elijo brindar hoy”.
En tiempos donde el consumidor busca experiencias auténticas y conexiones genuinas con los productos que elige, la figura del sommelier adquiere un valor cada vez más relevante. Y en Misiones, son cada vez más las mujeres que encuentran en esta profesión una forma de comunicar cultura, construir comunidad y transformar una copa de vino en una historia digna de ser compartida.




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