El Apóstol Guillermo Decena expresó que la presencia del Espíritu Santo es vida para la vida del individuo y es vida poderosa para la iglesia del Señor. Por esto, su presencia y su obra no son opcionales para la persona que dice ser cristiana. “Ven Espíritu Santo” debería ser una oración constante en el corazón de la persona, de lo más profundo de su ser.
Cuando decimos “Ven Espíritu Santo” le damos intervención a Su maravillosa obra y a Su voz. En el Espíritu Santo está la clave del cambio, de la transformación para siempre de la persona, de tal manera que nunca vuelve a ser el mismo. Es por esto, que toda meditación en el Espíritu Santo es tan importante para nosotros; y podemos ver tres aspectos importantes de Su manifestación.
En este marco el Apóstol Guillermo Decena, detalló algunos puntos:
1) LOS MÉTODOS HUMANOS VS. LA VOLUNTAD DEL ESPÍRITU SANTO.
“El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3:8).
Las buenas intenciones no bastan y necesitamos la intervención y guía del Espíritu Santo. Pero nunca olvidemos que el Espíritu Santo es Dios, de tal manera que Sus pensamientos son altísimos, como el cielo es más alto que la tierra.
“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” (Isaías 55:8-9)
La perspectiva de Dios es otra, Él tiene planes misteriosos altísimos y largos en cuanto a tiempo. Nosotros tenemos pensamientos limitados a nuestra corta visión de la vida. Debemos rendirnos al Señor de verdad y totalmente, porque el Espíritu Santo vendrá de repente, como un viento, derramándose sobre nosotros, así como fue en Pentecostés.
“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; (…) Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen (…)” (Hechos 2:1-8)
Somos proclives a sacar conclusiones apresuradas y pensar que el Espíritu Santo vendrá de determinada manera sobre nuestra vida, pero no siempre será así, porque Él obra como quiere; sin embargo no debemos olvidar nunca que las grandes victorias y propósitos de la vida no se logran dependiendo de las capacidades humanas, el dinero o la fuerza física, sino a través del poder del Espíritu Santo. “No es con fuerza ni por violencia, es con mi Espíritu dice el Señor” (Zacarías 4:6).
2) LO NATURAL Y LO ESPIRITUAL.
“Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, (…) Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor (…) cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios” (Hechos 18:24-26).
Apolos fue un poderoso instrumento para la consolidación de las primeras iglesias. Es el ejemplo de los dones naturales y los sobrenaturales. Era elocuente, tenía una capacidad muy sobresaliente para expresarse con palabras de manera fluida, elegante y persuasiva. Además era fervoroso, apasionado para comunicar sus ideas. Todo esto Apolos lo puso en manos del Señor.
Podemos tener dones naturales poderosos, pero de nada nos servirán si no los rendimos a la voluntad del Espíritu Santo.
3) EL ESPÍRITU SANTO ES PODER.
“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).
Cuando el creyente pierde el rumbo, no siempre es por pecados, sino por falta de enfoques primordiales. Todos los temas tienen su importancia, pero hacer discípulos es lo esencial. El Espíritu Santo viene para hacer discípulos. Su poder, Sus milagros, Sus dones, las señales que realiza, Su capacitación y transformación en nuestra vida, todo es para un solo propósito. Sin la tarea de hacer discípulos todo Su poder carece de sentido y la misma iglesia del Señor pierde el rumbo.
El poder del Espíritu Santo es tan grande e inmerecido que deberíamos tener conciencia de que es una inmensa responsabilidad, y tener temor (respeto) de Dios.
Como cristianos necesitamos al Espíritu Santo como el oxígeno para respirar. Por eso, en estos días de Pentecostés, debemos estar buscando de Él en oración: “Ven Espíritu Santo”.
Que Dios te bendiga, te guarde de todo mal y tengas una semana de completa victoria!
Apóstol Guillermo Decena
Victory Church




