Vecinos, comerciantes y autoridades de Argentina y Brasil coinciden en que los montículos de piedra y tierra no impiden el paso y afectan la imagen del principal cruce entre Bernardo de Irigoyen, Dionísio Cerqueira y Barracão.
La colocación de montículos de piedra, tierra y escombros en pasos informales de la frontera seca entre Bernardo de Irigoyen y las ciudades brasileñas de Dionísio Cerqueira y Barracão volvió a exponer las tensiones entre las políticas de control y la dinámica cotidiana de una región donde el cruce entre países es permanente.
El operativo fue ejecutado por la Polícia Federal de Brasil, que clausuró al menos seis accesos no habilitado con apoyo de la administración local. La intervención apunta a desalentar el contrabando, el tránsito irregular de personas y delitos como el robo de vehículos en un área señalada como corredor de circulación informal de mercaderías.

Pese a ese objetivo, en el terreno la percepción es que las medidas tienen un alcance limitado. El jefe de la Unidad Regional XII, Celestino Raúl Medina, explicó que no se trata de una estrategia nueva: “Se han implementado diversos sistemas para frenar el paso por lugares no autorizados, pero a lo largo del tiempo no ha funcionado. Es una franja amplia y con el tiempo los accesos vuelven a abrirse”. En esa línea, remarcó que las fuerzas de seguridad mantienen presencia constante, aunque admitió la complejidad del control en una frontera de estas características.

La particularidad del lugar explica parte de esa dificultad. La frontera entre Misiones y Brasil supera los 1.100 kilómetros y, en la mayoría de los casos, está delimitada por ríos. Sin embargo, en este punto el límite es terrestre y atraviesa la trama urbana, lo que da lugar a una “frontera seca” con circulación peatonal y vehicular directa entre las tres ciudades. El paso formal funciona las 24 horas, pero convive con múltiples accesos utilizados históricamente por los habitantes.
En ese contexto, los testimonios recogidos coinciden en que las barreras no alteran el movimiento diario. Elsa Segovia, vecina de Bernardo de Irigoyen, sostuvo que “estéticamente queda feo, pero no creo que sea una solución”. Ailen Vera, también residente de la zona, fue en la misma línea al afirmar que las intervenciones “sirven poco y nada” porque “pasan autos, motos y camiones igual”.
Desde el sector comercial, Marcos Muller, de Barracão, cuestionó el impacto visual y la utilidad de la medida: “Arruinaron la vista de la frontera y no sirve, la gente pasa igual”. A esa mirada se sumó el vecino Sergio Amaral, quien advirtió que los montículos generan riesgos: “Es peligroso, alguien se puede caer”, señaló, en referencia también a la acumulación de barro en días de lluvia.
Desde el ámbito institucional, el intendente de Bernardo de Irigoyen, Edgardo Aquino, vinculó el tema con el perfil turístico del área. “Se trabajó durante años para consolidar un espacio integrado y esto rompe con esa idea. No impide el paso y afecta la imagen”, afirmó. También indicó que existen gestiones con autoridades brasileñas para modificar el esquema actual.
Del lado de Dionísio Cerqueira, la intendenta Bianca Moreira Maran Bertamoni explicó que la medida responde a una problemática de larga data. “Se colocaron piedras para impedir el paso de vehículos fuera de la aduana, pero generaron un aspecto que la población cuestiona”, señaló. En ese sentido, adelantó que el municipio proyecta reemplazar los montículos por estructuras más organizadas y mejorar veredas y espacios públicos en el límite internacional.

La región conformada por estas tres ciudades mantiene una intensa interacción económica, social y cultural. El flujo de personas varía según el tipo de cambio y las oportunidades comerciales, pero se mantiene constante a lo largo del tiempo. Esa convivencia cotidiana es la que, según coinciden vecinos y autoridades, condiciona cualquier intento de bloqueo físico.
Así, mientras continúan los operativos para encauzar la circulación hacia el paso formal, en la frontera seca persiste una lógica de integración que, más allá de las barreras, sigue definiendo el movimiento entre ambos países.



















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