El joven oriundo de Santo Pipó, Fernando Rodríguez, ascendió al puesto de tercer arquero en el plantel de Primera División de Boca Juniors tras una lesión en el equipo. Su padre, Matías, relató el camino de esfuerzo, los inicios en Misiones y los sacrificios familiares.
Entrevista Radio República
Fernando Rodríguez, oriundo de Santo Pipó, es el nuevo tercer arquero del plantel profesional de Boca Juniors. El misionero subió en la consideración del cuerpo técnico debido a la lesión de Agustín Marchesín. Su padre, Matías Rodríguez, dialogó sobre la emoción que vive la familia y repasó la carrera de su hijo.
El padre del futbolista expresó su alegría por el presente del joven y lo atribuyó a su dedicación desde la infancia. “Muy contento, siempre digo que es el sacrificio de él porque desde chiquito a él le gustó el fútbol y era la pelota el juguete de él, así que, feliz, feliz. Él ya estaba, entró a la lista como cuarto arquero y ahora lamentablemente por la lesión de Marchesín queda como tercero. Es algo, una experiencia única para él”, afirmó.
Además, Matías precisó que su hijo ya tuvo experiencia con el primer equipo y que se recupera de una lesión muscular. “Ya lo vivió, ya concentró con Primera, pero él era arquero de Reserva. Últimamente tuvo un desgarro y por eso hace 20 días o menos no estaba atajando y lo estaban preservando para el clásico que juega Boca-River el próximo 22”.

El recorrido de Fernando comenzó en los potreros de su pueblo natal. Su padre rememoró los primeros pasos en el fútbol local antes de su paso por el club colectivero. “Arrancó jugando en un barrio del club acá que se llama Barrio Unido del Pueblo. Y después de tanto insistir, se fue a Crucero del Norte y quedó”, relató.
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Posteriormente, una decisión personal lo llevó de regreso a su localidad, un paso que resultó clave para su futuro. “Con la pandemia él me dijo, ‘Papi, yo quiero jugar en Sporting’. Pedimos el pase y se vino a Sporting y ahí hay gente amiga que quedó del Club Crucero que fueron a Boca y lo contactaron con un profe que es Jorge López y cuando lo vio Jorge dijo: ‘Yo no sé cómo este chico todavía está acá’. Y lo vamos a llevar a probar a Buenos Aires. Lo llevó a Boca después de tres pruebas, quedó”, contó.
Sacrificio y perseverancia
Matías Rodríguez contó que los inicios en el club Xeneize no fueron sencillos, ya que su hijo debió esperar su oportunidad durante un largo período debido a la gran competencia interna. “Él se fue con 16 años, ya se fue grande. Se fue a sexta, no jugó un año y medio, porque había grandes arqueros. Como una institución grande que es Boca, siempre tiene muchos arqueros, muchos jugadores”, explicó.
Sin embargo, su esfuerzo le permitió ganarse un lugar. “Hasta que tocó el turno y cuando agarró la cuarta como capitán ya no largó más. Lo llevó Ibarra a la Reserva y ahí iba, alternaba, y quedó suplente y más tarde como titular. Tuvo la desgracia de desgarrarse hace 20 días, pero ahora ya está volviendo”, añadió.
El padre también se refirió a las renuncias personales que implica una carrera profesional. “Feliz por él, por el sacrificio de él que está perdiendo su juventud, como todos los chicos, cumpleaños, hasta Año Nuevo una vuelta pasó solo en su departamento en Buenos Aires, pero él como dice, es la ley del futbolista y tenemos que entrenar y cuidarnos. Se perdió muchas actividades por llegar. Todos los días 5:30 de la mañana él se levanta, así que es la vida de un jugador. Ya es profesional desde el año pasado cuando firmó el contrato”, reflexionó.
Cómo fue la prueba en Boca en época de Pandemia
Uno de los momentos más difíciles ocurrió durante su prueba en Boca, en plena pandemia de COVID-19. Un imprevisto casi trunca su sueño y Matías recordó la angustia de aquella situación. “El profe que le llevó justo le agarró el COVID allá y me llama, me dice, ‘Rodríguez, a mí me agarró COVID, tengo que volverme’. Y entonces yo le llamo por teléfono a Fer, le digo: ‘Fer, al profe le agarró COVID, vos tenés que volver’”, narró.
La reacción de su hijo fue de desolación, pero el destino le tenía preparada una segunda oportunidad casi inmediata. “Él entendió, con lágrimas en los ojos, entendió, lloraba por teléfono y le dije: ‘Si va a ser para vos, va a ser’ y volvió. El martes siguiente ya le llamó Boca otra vez al profe y le preguntó por el misionero, le dijo: ‘No, ya traé al misionero de vuelta’”, contó.
El momento de la confirmación oficial llegó a través de una llamada que cambió la vida de la familia. “Estábamos en una reunión en el centro de acá de Santo Pipó y me llama un teléfono. Me dice, ‘Buen día, usted es Rodríguez, el papá de Fernando’. ‘Sí’. ‘Bueno, yo soy de administración del Club Boca Juniors y queremos comentarle que queremos el pase de su hijo, si usted autoriza’”, recordó Matías con emoción.
La decisión fue instantánea y desató una alegría inmensa. “En 5 segundos hablé con la mamá y me dijo: ‘Dale’, sí, obvio que sí y fue una alegría grande. Él entrenaba, llovía, salía el sol, él iba, venía de la escuela y se iba a entrenar. Cuando fue a Crucero también, salía del colegio a la mañana y ya al mediodía tomaba el colectivo, se iba hasta Crucero, venía a veces a la noche y le gustaba, él era feliz”.
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