“Mandábamos cuatro aviones y a veces volvían dos”: el crudo relato de un excombatiente misionero que cumplió el rol de radarista en Malvinas

Armando de la Torre, técnico de radares durante el conflicto bélico de 1982, narró su experiencia desde la base de Río Grande, Tierra del Fuego. Reveló cómo guiaban los ataques aéreos, el dolor por los pilotos caídos y una maniobra clave que salvó el equipamiento de un ataque inglés. "Hoy estas cosas se tienen que resolver diplomáticamente, no hay otro camino. Nos queda la conversación", expresó, a 44 años de la guerra.

El misionero Armando de la Torre, excombatiente y técnico electrónico de radares de la Fuerza Aérea, compartió su testimonio sobre la Guerra de Malvinas desde su puesto clave en Río Grande. A 42 años del conflicto, recordó la tensión de las operaciones, el sigilo con el que se manejó el desembarco y las estrategias que permitieron mantener operativos los sistemas de vigilancia durante toda la contienda.

El especialista, quien en ese momento tenía 24 años, contó que supo del conflicto el mismo 2 de abril mientras trabajaba en el centro de radares de Merlo, en Buenos Aires. De inmediato, recibió la orden de trasladar un radar móvil a Tierra del Fuego. “Me llaman a mí, a otros técnicos, éramos seis, y nos dan la misión de llevar ese radar móvil en dos Hércules a Río Grande. Ya estábamos en conflicto, obviamente que sabíamos que íbamos a ese lugar, una dotación de 36 personas, entre operadores, técnicos y un jefe”.

De la Torre relató que el plan original era diferente al que finalmente se ejecutó. La misión inicial contemplaba un período de adaptación en el continente antes de relevar al personal en las islas. “Me dicen: ‘Ustedes van a estar ahí hasta el día primero de mayo. Ahí se van a aclimatar y luego, el 2 de mayo, van a ir a reemplazar a todo el personal que está en Malvinas. Mientras tanto, las operaciones de ataque a las islas se van a hacer desde Río Grande’ y fue así como ocurrió”.

El técnico describió el rol fundamental que cumplió el radar de Río Grande, el cual trabajaba en coordinación con el que operaba en Malvinas. Desde su puesto, guiaban a los aviones de ataque hasta un punto intermedio donde el radar isleño tomaba el control. Sin embargo, esta tarea conllevaba una carga emocional inmensa. “Teníamos ese temor al regreso y contábamos, mandamos cuatro, tienen que venir los cuatro. Y varias veces volvieron tres, volvieron dos. Eso produce un dolor tan grande que no puedo explicar lo que uno siente cuando sabés que un hombre tuyo no viene”, confesó.

Tácticas en la oscuridad

El excombatiente compartió un episodio crítico que demostró la importancia de la estrategia y el entrenamiento previo. Una noche, recibieron una alerta sobre un inminente ataque inglés destinado a destruir su radar, considerado el «nido» desde donde se coordinaban las operaciones aéreas argentinas. El enemigo se acercó con un barco y desplegó un helicóptero armado con misiles.

Ante la amenaza, aplicaron una táctica defensiva que ya habían ensayado. “La única defensa que tiene un radar es apagarlo. Porque un radar cuando gira emite 2 millones de vatios al espacio. Ese haz electrónico que sale es detectado por cualquier sistema de armas”, explicó de la Torre.

La decisión fue instantánea. “En ese momento crítico, cuando nos informan que venía un helicóptero a atacarnos, cortamos el alta de urgencia, el alta se llama la llave que evita que se emita la señal. Lo cortamos y salimos, nos desplegamos hacia afuera, esperamos varias horas y al poco tiempo supimos que el helicóptero se llevó una sierra por delante y se cae. Después inmediatamente los chilenos lo rescatan y se lo llevan a Valparaíso”, detalló sobre la maniobra que salvó el equipamiento.

Con la perspectiva que otorgan los años, De la Torre analizó la decisión de ir a la guerra. Según su visión, el factor tiempo fue determinante, ya que se cumplía el plazo de 150 años para renovar el reclamo de soberanía. “Yo creo que ya no había más tiempo de ir a discutir a la ONU o a Inglaterra la soberanía de eso, porque ya no había más tiempo. Para mí, no había más posibilidades de seguir discutiendo una cosa como esta. No puedo juzgar la decisión de los jefes porque no me cabe, pero creo que sinceramente no había otra salida. Siento que estábamos arrinconados”, consideró.

Además, reflexionó sobre la preparación de las tropas y reconoció que muchos jóvenes conscriptos no estaban listos psicológicamente para un enfrentamiento de esa magnitud. “Soy consciente de que los jóvenes soldaditos de 18, 20 años, psicológicamente no estaban preparados para una guerra de verdad como esa. Como me decía un soldado: ‘Yo no sé por qué me llevaron a mí para allá. Allá tenían que haber llevado soldados que estaban del Río Colorado hacia abajo, que estaban aclimatados’”, sostuvo.

De la Torre subrayó que el camino actual para la recuperación de las islas es la vía diplomática, aunque advirtió sobre la complejidad de la tarea. “Hoy estas cosas se tienen que resolver diplomáticamente, no hay otro camino. Nos queda la conversación, la diplomacia. Y otra cosa, especialistas, estudiosos de este tema para negociar con los piratas, que no es fácil”. Por ello, insistió en la necesidad de “malvinizar” a la sociedad a través de la educación para que las nuevas generaciones comprendan lo que sucedió.

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