Masacre de Virginia Tech | La historia del estudiante que asesinó a 32 personas en el tiroteo más letal de una universidad estadounidense

En abril de 2007, un estudiante desató el pánico en el campus de Virginia Tech. El joven ejecutó un ataque planificado en dos etapas que dejó 32 muertos y decenas de heridos antes de quitarse la vida. La tragedia expuso severas fallas en los protocolos de seguridad.

El 16 de abril de 2007 comenzó como un día cualquiera en el campus de Virginia Tech, en la ciudad estadounidense de Blacksburg. Los estudiantes se preparaban para sus clases, repasaban apuntes o caminaban hacia las aulas. Sin embargo, en cuestión de minutos, el espacio cotidiano se transformó en el escenario del peor ataque armado en la historia de una universidad en Estados Unidos.

Las primeras alarmas sonaron temprano. A las 7:15 de la mañana, un llamado al 911 alertó sobre disparos dentro de la residencia estudiantil West Ambler Johnston Hall. En ese momento, las autoridades universitarias creyeron que se trataba de un hecho aislado, posiblemente vinculado a una disputa personal. Por esta razón, no evacuaron el campus y las clases continuaron con normalidad. Esa decisión, que luego fue duramente cuestionada, marcó el inicio de una tragedia que terminó con 32 víctimas fatales además del propio atacante.

El autor de los disparos fue Seung-Hui Cho, un estudiante de 23 años de la carrera de literatura inglesa. Cho nació en Corea del Sur, pero residía desde hacía años en Estados Unidos y vivía dentro del campus. El primer episodio violento ocurrió en la residencia, donde asesinó a Emily Hilscher, una joven de 19 años, y a Ryan Clark, de 22, quien intentó intervenir cuando escuchó los disparos. Tras ese ataque, el agresor se retiró del lugar sin que lo detuvieran.

Un ataque en dos fases

Durante las siguientes dos horas, Cho permaneció en un lugar que los investigadores no lograron esclarecer por completo. En ese lapso regresó a su habitación, se cambió de ropa, cargó sus armas y dejó una nota. Además, realizó una acción que resultó clave para la investigación. El joven envió un paquete a la cadena de noticias NBC News en Nueva York que contenía un manifiesto, fotos y videos en los que expresaba su odio hacia la sociedad.

Cerca de las 9:30 de la mañana, el atacante ingresó al edificio Norris Hall, donde se dictaban las carreras de ingeniería. Allí ejecutó la fase más letal de su plan. Antes de comenzar a disparar, encadenó las puertas desde el interior para impedir que los estudiantes y profesores pudieran escapar. Con una pistola Glock 19 y una Walther P22, recorrió las aulas y los pasillos y disparó de manera sistemática. En apenas nueve minutos, mató a 30 personas y dejó decenas de heridos. En total, 61 individuos fueron alcanzados por las balas durante toda la jornada.

Algunos estudiantes lograron sobrevivir porque se escondieron o improvisaron barricadas para protegerse. Otros, en un intento desesperado por escapar, se arrojaron por las ventanas. En medio del caos también hubo actos de heroísmo. El profesor Liviu Librescu, un sobreviviente del Holocausto, bloqueó la puerta de su aula con su propio cuerpo para que las balas no impactaran contra sus alumnos. Cuando la policía finalmente logró ingresar al edificio, tras romper las cadenas de las puertas, el silencio ya se había instalado. A las 9:51 los disparos cesaron, pues Cho se había suicidado con un tiro en la cabeza.

El perfil del tirador y las consecuencias

La magnitud del ataque obligó a desplegar un operativo sin precedentes. En un primer momento, las autoridades consideraron la posibilidad de que hubiera más de un tirador, debido a la distancia y el tiempo que transcurrió entre los dos ataques. Sin embargo, la investigación confirmó rápidamente que todo fue obra de una sola persona.

Los investigadores determinaron que Cho planificó el ataque con antelación, ya que compró las armas semanas antes y acumuló una gran cantidad de municiones. Según el FBI, no se trató de un acto impulsivo, sino de un plan cuidadosamente elaborado. El contenido que envió a la NBC resultó fundamental para comprender su estado mental. En los videos, Cho se mostró frente a la cámara, armado y pronunció mensajes cargados de resentimiento. Allí se presentó como una víctima de la sociedad y justificó su accionar como una respuesta a supuestas injusticias.

Además, salieron a la luz antecedentes preocupantes sobre su conducta. Compañeros y docentes habían advertido sobre su comportamiento aislado, su dificultad para relacionarse y sus escritos, que consideraron violentos y perturbadores. Incluso lo habían derivado a instancias de evaluación psicológica tiempo antes del ataque.

Tras la masacre, el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, participó de los actos conmemorativos y expresó el duelo nacional. Junto con el dolor, muchos estudiantes cuestionaron por qué no se evacuó el campus tras el primer tiroteo. Las autoridades universitarias admitieron que interpretaron ese episodio como un hecho aislado, lo que retrasó la respuesta ante la segunda fase del ataque. En 2008, el estado de Virginia alcanzó un acuerdo con los familiares de las víctimas, que incluyó indemnizaciones millonarias.

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