Crimen en la escuela de San Cristóbal | Vecinos debaten si el detonante fue un drama familiar o bullying mientras la Justicia evalúa al tirador

La comunidad de San Cristóbal busca respuestas tras el asesinato de un chico de 13 años. Mientras la Justicia analiza el estado mental del tirador, de 15, los testimonios apuntan a dos hipótesis contrapuestas: un entorno familiar conflictivo o un presunto caso de acoso escolar.

En San Cristóbal, una localidad del noroeste santafesino, los vecinos hablan en voz baja. La conmoción por el asesinato de Ian Cabrera, un chico de 13 años que recibió un disparo de escopeta por parte de un compañero de 15, partió en dos la rutina del pueblo. En las calles y plazas, mientras intentan procesar la tragedia, surgen las primeras hipótesis que buscan explicar lo inexplicable.

Una de las vecinas que participó en la vigilia en homenaje a la víctima, de nombre Paula, reflexionó sobre el impacto que el hecho tuvo en toda la comunidad. “Acá nos conocemos todos, y esto que pasó es muy doloroso. Es difícil hablar del tema, de cómo estaba la familia del chico que tiró antes de que esto pasara o cómo estaba incluso el pibe que tiró, porque lo obvio es que la gran tragedia es la de Ian y la de sus padres, que perdieron a su único hijito. Pero también es una tragedia lo que le haya estado pasando al chico que decidió lo que decidió, y todo lo que venga en su vida a partir de ahora”, expresó.

El adolescente que efectuó el disparo fue trasladado a la ciudad de Santa Fe, donde permanece institucionalizado junto a su madre. Debido a que aún no entró en vigencia el nuevo Régimen Penal Juvenil, no será juzgado penalmente. Su futuro depende de lo que resuelvan los equipos interdisciplinarios de psicólogos y trabajadores sociales en el ámbito de la Justicia de Familia, Niñez y Adolescencia. La abogada del joven, Mariana Oroño, adelantó que su defendido “atraviesa un proceso depresivo” y “sentía que no encajaba y quería quitarse la vida desde hacía años”.

La letrada además descartó que el ataque tuviera un objetivo específico y lo atribuyó a una posible crisis de salud mental. “No fue un ataque dirigido hacia una persona. Fue algo más relacionado a algún tipo de reacción psiquiátrica, psicológica. Según lo que nos manifestaron los padres y también lo que habló nuestro colega con él, él no habría sido víctima de bullying”, sostuvo Oroño, quien agregó que el adolescente “no pudo responder porqué hizo esto y sentía vergüenza de hablar frente a la madre”.

Conflictividad familiar

Entre los habitantes de San Cristóbal, la hipótesis más fuerte apunta a un complejo drama familiar. La vecina Paula consideró que la situación personal del adolescente era muy delicada. “El pibe que tiró vive en una familia que desde hace años está en pleno conflicto. Y pasó algo que fue muy duro para él: su hermana terminó el secundario y se fue a estudiar a la universidad, y él quedó solo con todo el conflicto familiar”, relató.

En la misma línea, la mujer aportó detalles sobre el entorno del joven. “El padre se fue a Entre Ríos hace más de dos años, estaba con mucho consumo de drogas y con mucho conflicto con la madre. Y la madre está con problemas psiquiátricos desde hace tiempo. El pibe estaba en un ambiente muy tremendo y ya se había comentado que alguna vez se había querido lastimar feo. Yo pensé que iba a terminar suicidándose, lo que también hubiera sido una tragedia. Pero pasó esto que nadie vio venir”, sumó.

Otro vecino, que prefirió no dar su nombre, coincidió con este diagnóstico. “Es una familia llena de quilombos la del pibe que tiró. El padre tuvo muchísimos problemas con la droga, se alejó mucho de su hijo, y la madre tampoco está bien. Y la adolescencia es un momento re jodido para los pibes. A eso sumale que acá en el pueblo hay mucho acceso a las armas. Se sale mucho a cazar. El resultado fue esta tragedia”, definió.

El fantasma del bullying

Por otra parte, a pesar de la negativa de la defensa, la posibilidad de que el adolescente sufriera acoso escolar no se descarta en las conversaciones del pueblo. Claudio, un proveedor que abastece el comedor de la escuela, se refirió a un video que circuló en las redes. “Se vio por todos lados el video en el que se ve cómo le patean la silla. Es cierto que los pibes se hacen de todo a esa edad, y ese video son apenas unos segundos, no prueban nada. Pero muchos de los chicos que lo conocen de la escuela contaron que al pibe se la hacían pasar especialmente mal en el aula, que le hacían bullying”, contó.

Luna, una exalumna que egresó el año pasado, también planteó que la violencia en la institución creció en el último tiempo. “Se fue poniendo todo cada vez más violento en la escuela. Ya pasó varias veces que arreglen dos grupitos, sobre todo de chicas, para agarrarse a los golpes. Y hace re poco unos chicos atacaron a una compañera y le cortaron toda la cara, fue tremendo. Hay cada vez más violencia y cada vez más bullying, no me sorprendería que este chico estuviera sufriendo ataques, aunque eso no se puede resolver a los tiros”, describió.

Sin embargo, Celeste, otra egresada reciente, debatió esa idea y la vinculó más al entorno del tirador. “Este chico ya traía la conflictividad y el dolor desde su casa, no hay que cargar las tintas en otras causas cuando el problema viene de antes”, replicó. La joven luego amplió su perspectiva y la conectó con un fenómeno más general. “No es que hay más violencia en el aula. Hay más violencia en la sociedad, y los adolescentes no escapamos de eso. Pasa en todo el mundo, ¿porqué no iba a pasar acá?”, disparó Celeste, una opinión que su compañera Luna compartió para cerrar la charla.

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