Tensión en Jerusalén | Fuerte condena internacional después de que la policía israelí impidiera el acceso al Santo Sepulcro al Patriarca Latino

La decisión de la policía israelí de impedir el ingreso del cardenal Pierbattista Pizzaballa a la Basílica del Santo Sepulcro para la misa del Domingo de Ramos generó un repudio generalizado. Líderes de Francia, Estados Unidos, Alemania e Italia criticaron la medida y pidieron respetar la libertad de culto.

La prohibición de acceso a la Basílica del Santo Sepulcro que la policía israelí impuso el 29 de marzo al cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, y al custodio de Tierra Santa, el padre Francesco Ielpo, desató una ola de condenas por parte de líderes políticos y religiosos de todo el mundo. El hecho ocurrió cuando las autoridades eclesiásticas se disponían a celebrar la misa del Domingo de Ramos.

El Ministerio de Asuntos Exteriores palestino calificó el suceso como “un crimen que afecta tanto al mundo cristiano como al islámico” y que “requiere una intervención internacional urgente”. Además, lo consideró “una flagrante violación de los derechos fundamentales del pueblo palestino, en primer lugar la libertad de culto”.

Desde Europa, las voces de rechazo se multiplicaron. El presidente francés, Emmanuel Macron, aseguró en una publicación su pleno apoyo a los representantes cristianos y recordó “el preocupante aumento de las violaciones del estatus de los lugares sagrados en Jerusalén”. Por su parte, el presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Bundestag alemán, Armin Laschet, subrayó en sus redes sociales que la medida era inaceptable. “Negar al cardenal el acceso al lugar más sagrado del cristianismo es inaceptable. Se trata de puro acoso, carente de toda sensibilidad o comprensión”, afirmó.

En la misma línea, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Portugal expresó que la denegación “merece la más firme condena” e invitó a las autoridades israelíes “a garantizar y proteger la libertad de religión y de culto”.

Reacciones de Italia e Israel

El gobierno italiano también manifestó su descontento. La primera ministra Giorgia Meloni expresó la solidaridad de su gobierno con las autoridades religiosas afectadas. “El Santo Sepulcro de Jerusalén es un lugar sagrado para la cristiandad y, como tal, debe preservarse y protegerse para la celebración de los ritos sagrados. Impedir el acceso al mismo constituye una ofensa no solo para los creyentes, sino para toda comunidad que reconozca la libertad religiosa”, sostuvo.

El cardenal Matteo Zuppi, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), se comunicó por teléfono con Pizzaballa y le transmitió su indignación. “En nombre de los obispos italianos, manifiesto mi indignación por ‘una medida grave e irrazonable’, compartiendo lo declarado en el comunicado conjunto del Patriarcado y de la Custodia. Se ha tratado de un hecho doloroso para los muchos cristianos que, al vivir en esas tierras, representan un testimonio esencial de esperanza para todos los pueblos en contextos de división y conflictos”, afirmó Zuppi.

El embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, se refirió al hecho como una “ingerencia excesiva”. El diplomático recordó el límite de 50 personas que el gobierno israelí impuso en los lugares sagrados por seguridad y señaló que la delegación del cardenal Pizzaballa y del custodio Ielpo estaba compuesta por solo cuatro personas, “muy por debajo de dicho límite”.

Tras la repercusión, el presidente israelí, Isaac Herzog, publicó un mensaje en el que expresó su “profundo dolor por el lamentable incidente”. Aclaró que llamó por teléfono al cardenal Pizzaballa y le explicó que la decisión se tomó por razones de seguridad ante la amenaza de ataques con misiles por parte de Irán. La oficina del primer ministro, Benjamin Netanyahu, reforzó esta postura, aseguró que “no hubo ninguna intención maliciosa” y prometió elaborar un plan para permitir las celebraciones en la basílica que respete las medidas de seguridad.

 

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