En una noche cálida, de esas que invitan a quedarse y disfrutar, el Teatro Lírico del Parque del Conocimiento se colmó por completo. La euforia del público, que ocupó cada rincón de la sala, fue el reflejo de una expectativa construida a lo largo de una década. El sábado 28 de marzo, desde las 20:00, el Ballet Folklórico celebró sus diez años de trayectoria con “Entrama”, un espectáculo que, como su nombre lo indica, entrelazó memorias, identidades y emociones en una puesta de gran magnitud.
El título no fue casual. “Entrama” remitió a ese tejido colectivo que el Ballet fue construyendo a lo largo del tiempo, hilo a hilo, con el aporte de bailarines, músicos, técnicos y artistas que dieron forma a una compañía que hoy es emblema cultural de Misiones. Bajo la dirección del maestro Luis Marinoni, la propuesta escénica se desplegó como un recorrido sensible por su historia, con una mirada contemporánea que no dejó de honrar sus raíces.
La obertura marcó el tono de la noche con una interpretación profundamente emotiva que narró el origen del Ballet y su llegada al Parque del Conocimiento. Sobre el escenario, los cuerpos en movimiento contaron ese tránsito, ese encuentro casi mágico que dio vida al elenco. Fue un inicio íntimo y poderoso, que logró conmover desde el primer instante.
A partir de allí, el espectáculo se estructuró en cuatro obras conceptuales que reflejaron distintas etapas del Ballet. La primera, “Las tierras sin males”, abrió el repertorio con una fuerte impronta guaraní, recuperando el diálogo entre la danza y las raíces originarias. La presencia de Karoso Zuetta, Nerina Bader y Luna de la Rosa aportó una dimensión aún más profunda, con música y canto en vivo que envolvieron la escena en una atmósfera casi ritual.
Luego llegó “Alabanzas Nuestras”, una obra cargada de historia. Fue la primera creación del Ballet en 2016, y su regreso al escenario estuvo atravesado por una mezcla de nostalgia y renovación. Con la participación del Coro Estable del Parque del Conocimiento y la palabra poética de Gricelda Rinaldi, la pieza volvió a cobrar vida con nuevos intérpretes, demostrando que el paso del tiempo no diluye la esencia, sino que la transforma.
El tercer momento estuvo marcado por “Monte Infinito”, una de las obras más emblemáticas del Ballet. Inspirada en el paisaje misionero y en la música de Ramón Ayala. La interpretación de Cecilia Pahl y otros músicos aportó una sensibilidad única, donde la naturaleza y la identidad regional se fundieron en cada movimiento.
El cierre llegó con “Canciones Ilustradas”, acompañada por la Orquesta de Patrimonio Regional, dirigida por el maestro Luis Stivala. Allí, la identidad misionera se manifestó en su forma más pura, con clásicos como “El Cosechero” y “Misionero y Guaraní”, que despertaron un sentimiento de pertenencia. Fue un final cargado de simbolismo, que celebró el orgullo de ser parte de una cultura viva.
A lo largo de la velada, la atención al detalle fue notable. La escenografía, los vestuarios y la iluminación construyeron universos visuales que acompañaron cada relato, evidenciando el enorme trabajo detrás de escena. Cada cuadro fue una muestra del esfuerzo, el compromiso y la pasión de quienes hicieron posible el espectáculo.
La noche también estuvo atravesada por momentos de reconocimiento. Bailarines que crecieron dentro del Ballet, figuras que dejaron su huella y equipos técnicos que sostuvieron el proyecto a lo largo de los años fueron homenajeados con calidez. En ese contexto, el maestro Marinoni recibió múltiples elogios, no solo por su labor artística, sino por haber consolidado una verdadera familia dentro del ámbito cultural.
Entre aplausos, sonrisas y alguna que otra lágrima, el público respondió con una energía contagiosa. La felicidad se hizo visible en cada ovación, en cada gesto de admiración frente a lo que sucedía en escena. “Entrama” no fue solo un espectáculo sino una celebración de reencuentro con la memoria y una proyección hacia el futuro.
Al finalizar la función, la emoción no se disipó con el último aplauso. Como parte de la celebración, el Ballet Folklórico ofreció una sorpresa que extendió la noche más allá del escenario con un gran encuentro peñero en la Plaza Seca del Parque del Conocimiento. Allí, el público fue invitado a quedarse, compartir y seguir celebrando en un ambiente más distendido y festivo.
Así, en una noche donde el calor fue apenas un detalle frente a la intensidad de lo vivido, el Ballet Folklórico reafirmó su lugar como narrador de historias, como guardián de tradiciones y como creador de nuevos caminos para la danza. Diez años después, el entramado sigue creciendo. Y, como quedó claro en el Teatro Lírico, aún quedan muchas historias por contar.












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