Las minas preciosas de Wanda continúan abiertas y funcionando pese a la disconformidad por el cobro de la ecotasa

Patricia Busch, propietaria de la Compañía Minera Wanda, explicó que el sábado pasado, dos de las tres minas de piedras preciosas existentes en la localidad, cerraron por solo 40 minutos, en el marco de la continuidad de la protesta que llevan adelante desde que se aprobó y se puso en vigencia el cobro de una tasa eco turística en la localidad.

La empresaria aclaró con sus afirmaciones que las tres empresas siguen trabajando, algo que con el flyer que se difundió la semana pasada anunciando el cierre, como consecuencia de la afectación por el cobro de la tasa, parecía una medida permanente. Sin embargo, resultó ser solo una manera más de visibilizar sus reclamos, para luego volver al trabajo de manera normal.

Con respecto a la tasa, Busch calificó la medida como un “impuesto encubierto” que no ofrece contraprestación de servicios. Y sostuvo que la ordenanza es discriminatoria, que afecta a un turismo de bajo presupuesto y que está generando la cancelación de visitas de empresas de excursiones. poniendo en peligro la principal fuente de empleo local.

La empresaria afirmó que el cobro se realiza en un puesto ubicado frente a la entrada de su establecimiento. “No estamos de acuerdo con la ecotasa porque se molesta al turista”, afirmó. Además, consideró que la medida es injusta. “Nosotros en esta empresa estamos hace 32 años. Es muy injusto que después de tantos años de sacrificio vengan socios solidarios del esfuerzo ajeno. Y encima molestan a lo que nosotros cuidamos como si fuese una joya, una piedra preciosa, el turista”, agregó.

Según Busch, la normativa es discriminatoria porque no abarca a todo el municipio y se aplica de forma indiscriminada. “La tasa la quieren cobrar al que viene a entregar la carne acá, la verdura al restaurante. La ordenanza está tan mal redactada que ni discrimina que son proveedores del lugar. Si viene un abogado a atendernos a nosotros acá, tiene que pagar la tasa. O sea, todo el mundo que entra a la mina tiene que pagar una tasa”, puntualizó.

El principal argumento de los empresarios mineros se centra en la naturaleza jurídica de la tasa. Busch sostuvo que, por ley, una tasa debe implicar una contraprestación directa de un servicio, algo que, según ella, no ocurre.

Para la propietaria, esta situación convierte el cobro en una carga ilegítima. “Acá hay una cuestión muy básica y legal, que toda tasa tiene una contraprestación directa de servicio al contribuyente. Pero al turista que paga, no le dan nada. Entonces eso es un impuesto encubierto. Hay una ilegalidad ya en la ordenanza, que no lo voy a decir yo, lo va a decidir un juez”, manifestó.

En ese sentido agregó que ya hicieron una denuncia en enero a la Comisión Federal de Coparticipación, donde pretenden demostrar «la ilegalidad de la tasa».

El impacto en el turismo y el empleo, según la empresaria

Busch detalló que el perfil de visitante que reciben las minas es de presupuesto acotado, por lo que el cobro de casi 2.000 pesos por persona ( valor de un litro de nafta), impacta negativamente. “Trabajamos con el turismo que hace excursiones en colectivo. Son gente que pagan 200.000 pesos un viaje en 12 cuotas, o sea, ellos vienen con el dinero extremadamente justo. No trabajamos con turismo cinco estrellas”, explicó.

La empresaria aseguró que ya sufren las consecuencias de la medida y que el futuro es incierto. “Nosotros perdimos una empresa extremadamente importante para nosotros. El problema es lo que vamos a perder, porque tenemos decenas de emails que dicen ‘no vamos a entrar más, vamos a buscar otro atractivo en Puerto Iguazú’. Después yo quiero saber qué vamos a hacer con 70 familias que viven directamente de los yacimientos, de ambos yacimientos”, advirtió.

Finalmente, diferenció la situación de Wanda con la de Puerto Iguazú, donde también existe una ecotasa. “La gente que entra a los yacimientos de Wanda entra por una hora. No duermen acá, no pernoctan aquí, no consumen aquí. Somos un turismo de paso. En Iguazú la diferencia es que ellos tienen 100.000 habitantes y reciben 1.500.000 por año. Entonces, en Iguazú ensucian más, comen más, tienen más trabajo que hacer. Hasta en Iguazú es entendible”, concluyó.

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