Los ’70 fueron años de sangre y fuego. Se los recuerda como “los años de plomo” y marcaron a fuego un antes y un después en la historia argentina. Nunca más.
Por un lado, un creciente militarismo por parte de dirigentes en la clandestinidad, cuya última locura fue la denominada “Contraofrensiva”. En ella, enviaron a una muerte casi segura a sus propios compañeros.
Sobre esto opinó sin vueltas, Miguel Fernández Long (Partido Auténtico), hermano del exdiputado misionero Pablo F. L.: “Con una conducción estalinista y triunfalista y un tendal de muertos entre nosotrxs, era hora de parar y pensar si todavía había posibilidad de cambiar el rumbo y cuál era ese rumbo a tomar”.
Y del otro lado, la sanguinaria represión, cuyo salvajismo y falta de ética no encuentra parangón tan extendido entre los argentinos. Aunque el Estado tiene el monopolio de la fuerza, según el derecho, su estructura apuntó al secuestro, tortura, muerte y desaparición, incluso de niños.
Y en la noche más oscura, pese a peligrar su vida y su libertad, se tendieron manos solidarias que ayudaron a quienes sufrían una persecución injusta. Se trataba de aquellos militantes que solo exigían un futuro mejor.
En Misiones, se destaca el obispo Jorge Kemerer, quien ayudó a muchos a huir de la masacre y visitó las cárceles para llevar a los presos su auxilio espiritual. También hubo emocionados recuerdos para el exdiputado radical Víctor Carlos Marchesini, torturado y encarcelado, en una oportunidad junto a su socio Osvaldo Dei Castelli.
Los que siguen son testimonios de agradecimiento de quienes relataron la incertidumbre pavorosa de aquellos días. En su presentación del libro del exdiputado provincial misionero Pablo Fernández Long, el exrector de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), doctor Javier Gortari, señaló que lo ocurrido “fue parte de un plan de exterminio sistemático que se fue fraguando sin prisa, pero sin pausa, para acabar de una vez con toda expresión de resistencia popular al proyecto de despojo nacional que se instaló en la Argentina a partir de 1976”.
Algunos de los nombres que aparecen en el relato están directamente enraizados con la historia de la UNaM: Ricardo Biazzi, ex rector de la UNaM, diputado y ministro de Educación; Carlos Tereszecuk y el propio Juan Figueredo, exdiputado provincial en Misiones, desaparecido.
El exdiputado Fernández Long recordó al juez Héctor “Pibe” Raúl Seró, en su llegada a Misiones como sociólogo y asesor del MAM. Seró, sin ser peronista, liberó a manifestantes agrarios apresados en manifestaciones y dio el voto necesario para que fuera creado el Partido Auténtico, que fue a elecciones en 1975. El MAM ya se había agrietado por las disputas políticas internas.
El mencionado exdiputado mencionó el Movimiento Rural Cristiano (MRC), que respondía al entonces obispo de Posadas, monseñor Jorge Kemerer. También contaron, dice, con el apoyo de Alberto Devoto (Goya) y Severino Di Stéfano (Sáenz Peña), además de José Czerepack y Alberto Markiewicz en Misiones. Agrega los nombres de Pablo Gris, de la Asociación Rural Yerbatera Argentina (ARYA) y de Antonio Hartmann, luego secretario general del MAM. Vale aclarar que estos contactos fueron previos a la radicalización política que partió aguas en lo ideológico.
El 28 de agosto de 1971 se formó el MAM y su comisión integrada por Anselmo Hippler (desaparecido), Antonio Hartman, Juan Carlos Berent, Luis Bilinski, Marino Loch, Orestes Pedro Peczak (asesinado por la dictadura), Bonifacio Flores, Clara Luisa Polachinski, Caldino Krain y Eugenio Kasalaba. En su acto inaugural, monseñor Kemerer les dio la bienvenida.
En protestas posteriores, cuenta el mismo exdiputado, fueron ayudados por los abogados Miguel Moreira y Alter Cassoni. Los detenidos fueron llevados al cuartel de Gendarmería, donde el juez Héctor “Pibe” Seró los fue liberando de a uno.
Ya en la Cámara de Representantes, los diputados electos por el PA y su aliado de fórmula Lucio Báez, recibieron el apoyo de Biazzi y de Orlando “Rulo” Sicardi. Acerca de los hombres del radicalismo, vuelve a surgir el nombre de Marchesini y se suma el de Héctor “Caballo” Velázquez. Fue durante un intento de secuestro de Carlos Tereszecuk, frente a la Cámara. Lograron arrancar a Tereszecuk de las garras de sus secuestradores y fue Marchesini quien trasladó a un lugar seguro, en el baúl de su auto, al militante luego asesinado en Margarita Belén. También fueron masacrados los misioneros Luis Franzen y Manuel Parodi Ocampo (nacido en Paraguay).
Según datos de la Cátedra Libre de Pensamiento Político y Derechos Humanos de la UNaM, 60 asesinados y desaparecidos fueron víctimas de crímenes de lesa humanidad. Fueron 74 al contar a secuestrados en suelo misionero y desaparecidos fuera de la provincia. Las víctimas de la comunidad universitaria fueron 58 y se registraron 82 sobrevivientes víctimas de privación ilegítima de la libertad y tormentos en Centros Clandestinos de Detención (CCD) de jurisdicción provincial.

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