24-M | Revelan documentos secretos de EE.UU. que detallan el plan sistemático de represión y aniquilación durante la dictadura militar

Una investigación basada en documentos desclasificados de Estados Unidos revela la planificación metódica detrás de la represión durante la última dictadura cívico-militar. Los archivos, analizados por un experto, exponen la directiva de “aniquilar la subversión” y el rol de cada fuerza en el plan sistemático.

Documentos secretos del gobierno de Estados Unidos, que fueron desclasificados recientemente, exponen con crudeza la metodología y la planificación que sustentaron el terrorismo de Estado durante la última dictadura cívico-militar en Argentina (1976-1983). Lejos de ser una reacción caótica, la represión fue el resultado de una estrategia deliberada que las Fuerzas Armadas denominaron “Plan del Ejército”.

El director del Proyecto de Documentación del Cono Sur en el National Security Archive, Carlos Osorio, analizó los archivos y explicó que estos demuestran una estrategia deliberada de exterminio. El investigador sostuvo que el material prueba que existió una orden directa de la Junta Militar para ejecutar un plan de aniquilación contra quienes consideraban subversivos.

Para Osorio, la importancia de estos papeles radica en su capacidad para probar la premeditación del accionar represivo. “Lo que muestran estos documentos es que el Plan del Ejército, en la práctica, era una directiva para una guerra sucia. Era la orden de la Junta de Comandantes para que las fuerzas de seguridad implementaran un plan de aniquilamiento de la subversión sin límites. La orden fue aniquilar, y aniquilar es un término que en la jerga militar argentina significa secuestrar, torturar y desaparecer a personas”, detalló.

Un plan sistemático

Los documentos revelan una división de tareas precisa entre las tres armas. El Ejército asumió la responsabilidad principal en la “lucha contra la subversión” en todo el territorio, mientras que la Armada y la Fuerza Aérea se sumaron con sus propios recursos y personal. La directiva apuntaba a desarticular no solo a las organizaciones armadas, sino también a cualquier actor social que el régimen considerara una amenaza, como sindicalistas, estudiantes, periodistas y militantes políticos.

Uno de los informes más reveladores es un telegrama que el entonces embajador de Estados Unidos en Buenos Aires, Robert Hill, envió al Secretario de Estado, Henry Kissinger. En ese texto, el diplomático describió con detalle las conversaciones que mantuvo con fuentes militares argentinas y dejó en claro que el gobierno norteamericano conocía la naturaleza del plan en curso.

El documento precisó que la estrategia de las fuerzas argentinas contemplaba dos modalidades de represión. “El problema de la subversión será tratado de manera abierta y de manera encubierta. La primera incluirá todas las acciones bajo la ley, la segunda incluirá el trabajo sucio. La represión contra los terroristas y los elementos subversivos se hará sin piedad y con la máxima violencia. Las personas que sean consideradas subversivas desaparecerán de la lista”, comunicó el embajador Hill.

La mirada de Estados Unidos

El análisis de Osorio subraya que los documentos no solo confirman la sistematicidad de la represión, sino también el grado de conocimiento que tenía el gobierno estadounidense sobre los métodos que se aplicaban. La Junta Militar, integrada por Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti, garantizó a sus interlocutores extranjeros que su accionar sería implacable.

El investigador remarcó la brutalidad del concepto de “aniquilación” que manejaban los militares. Según su perspectiva, esta orden fue el punto de partida para la violación masiva de los derechos humanos. “La orden de aniquilar la subversión, en la práctica, implicaba la implementación de un plan sistemático, masivo, de secuestros, torturas y desapariciones forzadas. La definición de subversivo era muy amplia, no se limitaba a los miembros de organizaciones armadas, sino que incluía a cualquier persona que fuera considerada una amenaza para el régimen”, afirmó Osorio.

Además, el experto puntualizó que esta lógica operativa eliminó cualquier barrera legal o moral para los represores. “La idea de ‘delincuente subversivo’ borraba cualquier límite. No había necesidad de pruebas ni de un proceso judicial. La simple sospecha era suficiente para que una persona fuera secuestrada, torturada y desaparecida. Este plan fue la base de todo el aparato represivo que funcionó durante la dictadura”, concluyó.

LA REGION

NACIONALES

INTERNACIONALES

ULTIMAS NOTICIAS

Newsletter

Columnas