A 50 años del golpe | Ex detenido político misionero relató las torturas que sufrió: «Un día les pedí por favor que me mataran»

Ramón Cura, coordinador provincial de la Mesa de ex Detenidos Políticos de Misiones, narró en primera persona su secuestro y calvario durante la última dictadura cívico-militar. Siendo estudiante de medicina, lo apresaron en Corrientes y lo mantuvieron tres años encerrado, seis meses de los cuales permaneció con los ojos vendados, mientras sufría brutales tormentos.

En el marco de la conmemoración de los 50 años del inicio de la última dictadura cívico-militar, Ramón Cura, coordinador de la Mesa Provincial de Detenidos Políticos y familiares, ofreció un crudo testimonio sobre su secuestro y las torturas que padeció. Con solo 20 años y mientras estudiaba medicina en Corrientes, su vida cambió por completo el 17 de noviembre de 1976.

El sobreviviente recordó el violento operativo que lo arrancó de su pensión estudiantil. «Me tomaron por sorpresa, me pusieron una bolsa de polietileno en la cabeza, me cortaron la respiración, me pegaron entre varios», relató. El método de secuestro incluyó el traslado en un Ford Falcon, donde lo inmovilizaron en el piso. A partir de ese momento, comenzó un período de aislamiento y terror que se extendió por tres años.

Cura detalló las condiciones inhumanas de su cautiverio en el Regimiento de Infantería de Monte 9 de Corrientes. «Me colocaron una venda muy ajustada en los ojos, para que no pudiera verlos a ellos. Y esa venda la tuve por 6 meses sin poder sacármela. Estaba atada con alambre, porque pensaban que yo veía por debajo, entonces para que quede más segura, me la ataron con un alambre. Así estuve 6 meses y, por supuesto, esposado también», afirmó.

Durante el día, permanecía sentado en un banco junto a otros secuestrados, con una separación de tres metros que impedía cualquier comunicación. Por las noches, la situación empeoraba. «De noche atado a una cama metálica para que no nos escapemos, atado y esposado a la cama. Así que si tenías ganas de ir al baño, tenías que esperar al otro día». puntualizó.

Crueldad y saqueo

Además de la violencia física y psicológica, Cura fue testigo del saqueo sistemático de las pertenencias de los detenidos. Relató que los militares se apropiaban de todos los bienes que encontraban en los allanamientos y que sus esposas visitaban el regimiento para elegir el botín. «Se alzaban con los muebles, con los juegos de platos, las ollas. Y los fines de semana, las mujeres de ellos, venían a elegir que se iban a llevar a sus casas. ‘Me llevo este y me llevo aquel’. Eso nosotros escuchábamos, ocurría los domingos», sostuvo.

Cura describió los múltiples métodos de tortura que sufrió. Uno de los más crueles consistía en simulacros de ejecución en el río Paraná. «Me sacaban a la madrugada, me llevaban hasta el río y me ataban con cadena y una piedra y me tiraban al agua. Y de allá me sacaban cuando seguramente ellos consideraban que yo no tenía más aire», explicó. La repetición de este tormento lo llevó a un punto límite. «Un día les pedí, por favor, que me mataran, que me quitaran la vida, porque ya no aguantaba más», confesó sobre su desesperación.

A estas prácticas se sumaron la aplicación de picana eléctrica y el método conocido como «submarino». «Como yo era estudiante de Medicina, me decían que yo sabía cómo resistir a la electricidad. Aparte, me derramaban sobre el cuerpo, termos de agua caliente, me quemaban con cigarrillos. Bueno, todo lo que se podía hacer a nivel de sufrimiento», agregó.

El juicio a los represores

Tras su liberación en 1979, y luego de años de exilio en Brasil primero y después en Canadá, Cura pudo finalmente enfrentar a sus torturadores en un juicio de lesa humanidad que se realizó el año pasado. Su testimonio fue clave para que la justicia reconociera tres centros clandestinos de detención en Corrientes. «Los veía en el estrado a todos los que me habían torturado, a todos los que me habían maltratado. Tan bien, con los rostros rozagantes, llenos de alegría, llenos de vida, decía yo, qué terrible eso» reflexionó sobre el momento de declarar.

La condena a sus captores le produjo una sensación de alivio y de misión cumplida. «Cuando los condenan, yo sentí que me había sacado de la espalda un peso enorme. Cuando venía con mi compañera de vida, veníamos de Corrientes, le digo, ‘Qué liviano que me siento’. Siento como que pude contar y declarar y decir y ayudar para que se esclarezca definitivamente y puedan ser juzgados», manifestó. Finalmente, Cura reafirmó su compromiso con la memoria y la búsqueda de justicia, y consideró que el número de víctimas es mayor al reconocido oficialmente. «Quiero decirles que los 30.000 desaparecidos son más. Y lo vamos a comprobar con el tiempo. La historia va a contarnos de que nuestros compañeros desaparecidos eran más de 30.000», concluyó.

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