24-M | “Nunca pensamos que iba a ser tan terrorífico”: el testimonio de un misionero que sobrevivió a la detención y tortura en la última dictadura argentina

Augusto Speratti, subsecretario de la Memoria del Ministerio de Derechos Humanos de Misiones, narró su secuestro y las torturas con picana eléctrica en centros clandestinos de Posadas. El expreso político, detenido en 1976, advirtió sobre el avance del negacionismo y reafirmó su compromiso con la memoria, la verdad y la justicia.

En el marco de la conmemoración de los 50 años del último golpe cívico-militar ocurrido en 1976 en Argentina, Speratti reafirmó el compromiso con las banderas de memoria, verdad y justicia. Como sobreviviente y expreso político, relató en primera persona el terrorismo de Estado que sufrió tras su secuestro en octubre de 1976, cuando militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES).

Speratti recordó el inicio de su activismo social a los 14 años y cómo vivió la llegada de la dictadura. “Nosotros seguíamos juntándonos y charlábamos lo que estaba pasando, tanto en nuestro país como en los países de frontera de América Latina”, explicó. Sin embargo, admitió la sorpresa ante la brutalidad del régimen. “Nunca, por lo menos en mi caso, pensamos que esto iba a ser tan realmente terrible, tan terrorífica la dictadura cívico-militar con el pueblo”, confesó en el programa Día Siete de Misiones Online.

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El expreso político detalló el momento de su captura, que ocurrió en la madrugada del 26 de octubre de 1976 en su domicilio. “Golpean y preguntan por mí. Cuando yo me levanto, ya en realidad entran y me sacan a los tirones, a las patadas y me tiran en una camioneta”, rememoró. El operativo lo realizó el denominado Grupo de Tareas conjunto, conformado por miembros de diferentes fuerzas y personal de civil, que rodeó su casa con cerca de 20 personas fuertemente armadas.

Speratti fue trasladado al Departamento de Información, ubicado detrás de la Jefatura de Policía. Allí comenzó un calvario de torturas físicas y psicológicas. “Me tiran en una sala, que era una oficina, pero sin ningún mueble. Me tiran ahí y ahí me encuentro que hay una veintena de compañeros tirados en las mismas condiciones, por supuesto, esposados y vendados. Y además ahí recibimos patadas, trompadas. Nos decían: ‘Ustedes son comunistas’ y todo tipo de maltrato”, narró.

El subsecretario brindó un crudo testimonio sobre los interrogatorios a los que fue sometido: “No conforme con una interrogación me mandan al fondo, donde me tiran encima de un escritorio antiguo y me desnudan y me comienzan a pasar picanas eléctricas en diferentes partes del cuerpo, en los testículos principalmente. Y cada tanto me dicen: ‘Cuando vas a hablar, abrí la mano’. Yo eso recuerdo que abría cada rato la mano, pero era más que nada para poder tener ese ratito de alivio”.

Centros clandestinos, terror y tortura

Tras los primeros días en el Departamento de Información, el horror continuó en otro lugar. “Una madrugada me sacaron y me llevaron a lo que después le denominamos la ‘Casita del Rowing’, que era un centro clandestino de secuestro y detención”, precisó. Dicho centro se ubicaba en la zona de la desembocadura del arroyo Zaimán de la capital misionera. Allí las torturas se intensificaron.

Speratti describió las vejaciones que padeció en ese sitio junto a otro compañero, Ricardo Cáceres. “Ahí nos colgaron de los brazos. Yo hasta ahora tengo la cicatriz en la mano, en la muñeca. Y de punta de pie comenzaron las sesiones de tortura, patadas, trompadas y por supuesto, interrogatorio. Quemar el cabello, darnos pimienta si teníamos sed. Fue terrible, fue terrible. Hacernos la ruleta rusa. Todo eran torturas desesperantes”, sostuvo.

Además de la violencia física, destacó la tortura psicológica como una de las herramientas más devastadoras de los represores. “Durante todo ese tiempo que yo estuve, estuve escuchando cómo torturaban a otros compañeros, los griteríos, los llantos. Escuchaba cómo por la madrugada torturaban a compañeras, a mujeres. Y también escuchaba cómo estos torturadores verdugos se regocijaban de comentar entre ellos lo que le hacían a las compañeras, porque había violaciones”, contó.

Después de pasar por la cárcel de Candelaria, fue trasladado a Resistencia y recuperó la libertad vigilada a fines de 1977, tras un año de detención.

El problema del negacionismo

Consultado sobre el actual clima político y los discursos que relativizan los crímenes de la dictadura, Speratti se mostró firme y crítico. Para el sobreviviente, su experiencia lo impulsa a redoblar los esfuerzos por mantener viva la memoria. “Nosotros alertamos que hay un discurso de odio, principalmente de sectores del gobierno nacional, lamentablemente actual, un discurso de odio y de negacionismo”, advirtió.

Frente a lo que considera un intento de instalar una versión falsa de los hechos, Speratti planteó: “Ante estos discursos y ante este negacionismo y que lo que quieren crear es como que otra historia, una historia mentirosa y falsa, esto me mueve justamente a salir a contar lo que pasó, para que realmente se sepa cuál ha sido la verdadera historia de nuestra historia reciente”, remarcó.

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