Tensión en el estrecho de Ormuz por la guerra en Medio Oriente: cuánto puede escalar el precio del petróleo 

El conflicto en Medio Oriente volvió a poner en jaque a uno de los puntos más sensibles del comercio energético mundial. El estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del petróleo global, atraviesa un escenario de restricciones que ya impacta en los precios y genera preocupación en los mercados.

En las últimas horas, Irán ratificó que mantendrá un control estricto sobre el tránsito marítimo en la zona y confirmó limitaciones para embarcaciones vinculadas a Estados Unidos e Israel. La decisión llega como respuesta directa al ultimátum lanzado desde Washington para garantizar la libre circulación en la vía.

Desde Teherán sostienen que el paso continúa habilitado, aunque bajo supervisión reforzada. “El estrecho está abierto para todos, excepto para los enemigos”, afirmó el representante iraní ante la Organización Marítima Internacional, al detallar que los buques deberán coordinar su tránsito bajo protocolos más exigentes.

Más allá de la tensión diplomática y militar, el foco de atención está puesto en el impacto económico. La interrupción —aunque parcial— del flujo de crudo comenzó a reflejarse en el precio internacional del petróleo, que en las últimas semanas se acercó o incluso superó los 100 dólares por barril.

En este contexto, analistas advierten que si la situación se prolonga, los valores podrían escalar hacia niveles de entre 140 y 175 dólares. Un escenario de ese tipo no solo implicaría un nuevo impulso inflacionario a nivel global, sino que también podría derivar en una desaceleración económica en las principales potencias.

El encarecimiento del petróleo impacta de manera directa en los costos de producción. Transporte, logística y energía son los primeros rubros en absorber la suba, lo que reduce márgenes empresariales y complica la rentabilidad, especialmente en sectores con alta dependencia de insumos energéticos.

El efecto no es uniforme. Las industrias con cadenas de suministro globales y los servicios intensivos en consumo energético suelen sentir el golpe con mayor rapidez. A la par, los sectores vinculados al consumo discrecional enfrentan mayores dificultades para trasladar los aumentos a precios, lo que profundiza la presión sobre sus ingresos.

Por ahora, la demanda global se mantiene relativamente estable, pero el riesgo de fondo es que un período prolongado de precios elevados termine afectando el consumo y enfriando la actividad económica.

Mientras tanto, desde Irán insisten en que el origen de la crisis está vinculado a las acciones militares de Estados Unidos e Israel, y condicionan cualquier flexibilización del control en Ormuz a una reducción de las tensiones en la región.

Con el conflicto aún abierto y sin señales claras de desescalada, el mercado energético entra en una etapa de alta volatilidad. En ese escenario, el precio del petróleo vuelve a ocupar un lugar central como indicador del pulso geopolítico global.

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