La producción de hortalizas sin suelo crece en la Argentina impulsada por el uso eficiente del agua, el control del ambiente y la posibilidad de producir durante todo el año. En ese escenario, proyectos familiares comienzan a desarrollarse a partir de sistemas hidropónicos que combinan tecnología, aprendizaje y trabajo conjunto.
La hidroponía, una técnica de cultivo que prescinde del suelo y utiliza soluciones nutritivas disueltas en agua para el crecimiento de las plantas, viene consolidándose como una alternativa productiva cada vez más utilizada en distintos puntos de la Argentina. De acuerdo con especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, este sistema permite optimizar el uso de los recursos y mejorar los rendimientos al controlar con mayor precisión las condiciones del cultivo.
Entre sus principales ventajas se destacan el uso eficiente del agua, el manejo más preciso de los nutrientes y la posibilidad de producir en ambientes controlados. Estas características hacen que la hidroponía resulte especialmente atractiva para proyectos intensivos de hortalizas de hoja, donde el control del crecimiento y la calidad del producto resultan determinantes.

En ese contexto, diferentes emprendimientos comienzan a explorar este modelo productivo a partir de experiencias que combinan ensayo, aprendizaje y adaptación al mercado. Uno de ellos es Regia, un proyecto familiar que surgió a partir de la inquietud de producir alimentos de una manera distinta.
“Todo empezó en casa. Yo soy estudiante de ingeniería agronómica y queríamos hacer algo propio, algo relacionado con lo que me apasiona, que son las plantas”, cuenta Caleb Regina, uno de los impulsores de la iniciativa.
La idea surgió a partir de la curiosidad y la investigación personal. “Empezamos viendo videos sobre hidroponía y nos entusiasmamos con el sistema. Primero quisimos probar algo pequeño para entender cómo funcionaba y qué necesitábamos”, recuerda.
El proyecto comenzó con una escala reducida, pensada principalmente para experimentar con la técnica. En su etapa inicial, la producción estaba dimensionada para unas 800 plantas, distribuidas en dos bancadas dentro de un sistema hidropónico.
El modelo elegido por la familia fue el sistema NFT (Nutrient Film Technique), uno de los más difundidos dentro de la producción hidropónica comercial. Se trata de canales o perfiles por donde circula una lámina delgada de agua con nutrientes que alimenta las raíces de las plantas durante todo su ciclo.
“Cultivamos sin suelo y con un sistema que recircula el agua. La planta recibe los nutrientes que necesita directamente y eso nos permite aprovechar al máximo el recurso”, explica Regina.
El manejo del agua es, precisamente, uno de los aspectos que más destacan quienes adoptan esta técnica. En lugar de perderse en el suelo, el líquido circula dentro del sistema y vuelve al tanque para ser reutilizado.
“Tenemos tanques donde preparamos la solución nutritiva con mediciones exactas. El agua recircula durante todo el proceso, desde el trasplante hasta la cosecha, por lo que prácticamente no se desperdicia”, señala.

De acuerdo con técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, este tipo de sistemas permite mejorar la eficiencia en el uso del agua y reducir pérdidas, además de facilitar el control sanitario del cultivo al trabajar en ambientes protegidos.
Otro de los aspectos que impulsa el crecimiento de la hidroponía es la posibilidad de producir en invernaderos, donde las condiciones ambientales pueden regularse con mayor precisión.
“Trabajamos dentro de invernaderos, lo que nos permite manejar mejor la temperatura, la ventilación y la humedad. No estamos tan expuestos a los cambios del clima como sucede con las huertas a campo abierto”, explica Regina.
Ese control también permite sostener la producción en épocas del año donde los cultivos tradicionales enfrentan mayores dificultades. “Incluso en invierno se puede producir, quizás con influencia del frío, pero de una manera mucho más estable”, agrega.
Con el tiempo y la experiencia acumulada, el proyecto comenzó a crecer. Actualmente la producción se desarrolla en dos invernaderos de 40 metros de largo por siete de ancho, donde se cultivan principalmente hortalizas de hoja.
Hoy el emprendimiento produce alrededor de 11.000 plantas de rúcula y entre 1.500 y 2.000 lechugas, con un enfoque mayor en la primera de estas hortalizas.
“Con el tiempo entendimos que la rúcula es lo que mejor funciona en nuestro mercado, así que decidimos enfocarnos más en ese cultivo”, comenta Regina.
La comercialización se realiza principalmente a través de verdulerías, aunque también mantienen ventas directas a consumidores.
“Trabajamos con verdulerías de la zona y también vendemos algo directamente al público. No es solo producir: también hay que explicar el producto y mostrar cómo se trabaja”, señala.
Para el productor, la difusión y la comunicación forman parte del desafío de este tipo de emprendimientos. “Hoy las personas quieren saber de dónde viene lo que consumen. Las redes sociales ayudan mucho a mostrar el proceso y el trabajo que hay detrás”, explica.
El proyecto es sostenido por toda la familia. Caleb Regina se encarga del aspecto técnico mientras su padre, Enrique Regina, trabaja en la comercialización. También participan Mariela Cortarello y sus hermanas Denise, Carola y Laura Regina, quienes acompañan el desarrollo cotidiano de la producción.
Después de comenzar con las primeras pruebas en su casa, la familia decidió trasladar el proyecto a un entorno más adecuado para la producción. Hoy desarrollan su actividad en la localidad de Montecristo, en la provincia de Córdoba, desde donde producen y distribuyen hortalizas hidropónicas hacia comercios de la región.

A nivel internacional, la hidroponía se posiciona cada vez con más fuerza dentro de los sistemas agrícolas modernos. Informes técnicos de la Food and Agriculture Organization destacan que los cultivos sin suelo permiten producir alimentos con mayor eficiencia en el uso del agua y los nutrientes, además de adaptarse a espacios reducidos o entornos urbanos donde la agricultura tradicional encuentra mayores limitaciones.
Este escenario ha impulsado un crecimiento sostenido de la actividad en diferentes regiones del mundo, especialmente en proyectos vinculados a la agricultura en ambientes controlados. La posibilidad de optimizar recursos, reducir el impacto ambiental y acercar la producción a los centros de consumo convierte a la hidroponía en una de las tecnologías que gana protagonismo en el futuro de la producción de alimentos.
💰 Hasta mediados de marzo de este año, la campaña de acopio de tabaco Burley en la provincia alcanzó los 13,5 millones de kilos. https://t.co/Srn0GwNzcx pic.twitter.com/IfhUYzCmqG
— misionesonline.net (@misionesonline) March 15, 2026
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