Antonio Ruiz de Montoya, nacido en Lima, y San Roque González de Santa Cruz, criollo natural de Asunción, son los dos gigantes de la obra jesuítica en los 30 pueblos en Argentina, Paraguay y Brasil.
Montoya, en el Perú donde nació el 13 de junio de 1585, y San Roque G. de Santa Cruz, también criollo, nacido en Paraguay en 1576 y martirizado en 1628. Ambos fueron fundadores de reducciones y actores de un avance en la vida social, cultural y económica de los pueblos guaraníes originarios.
Tanto el limeño Montoya, cuanto San Roque el asunceno coincidieron en su defensa de la dignidad de los pueblos originarios. En principio, rechazaron la mita y la encomienda, herramientas de esclavitud que usaron encomenderos españoles. Montoya y Roque agregaron más: a) que se dictaran las ordenanzas de Francisco de Alfaro, ordenadas por Felipe III, poniendo fin a las encomiendas; b) la creación de las milicias guaraníes con armas de fuego, en defensa de los bandeirantes, cazadores de esclavos de San Pablo.
Los primeros jesuitas que llegaron a América lo hicieron al Brasil en 1549. Posteriormente y luego de varios contratiempos y vicisitudes alcanzaron Lima en 1568. Era un reducido grupo con el padre Jerónimo Ruiz de Portillo como superior, siendo el colegio de San Pablo la primera fundación jesuítica en la colonia española.
“Misionero, lingüista, político y místico”, como Ruiz de Montoya fue definido Bartomeu Melià S.J., este gran estudioso también recordó que “vivió una vida de grandeza poco común: pecado y conversión”. Este paso se dio en su Lima natal, hasta que en 1607 partió hacia el Guairá, fundó y cofundó reducciones, encabezó un éxodo de 12.000 guaraníes, organizó las milicias de guaraníes y logró en España, que portaran armas de fuego.
Montoya ingresó a la compañía a los 21 años, luego de confesar que había sido un “adorador de Venus”. Pasaron 36 años, hasta que en 1643 retornó a Lima, donde falleció. En ese camino vital fue superior de las Misiones (1636-1637), escribió el “Catecismo de la lengua guaraní” (1640)
“Entre los primeros gramáticos hay que recordar a los padres Marcial de Lorenzana y Francisco de San Martín, que se valieron de las notas gramaticales de fray Luis Bolaños, así como al padre Alonso D’Aragona, que estuvo en misión con el padre Roque González –gramática editada sólo en 1979- y nuestro padre Antonio Ruiz.”, dijo el padre Meliá.
Escribe “Tesoro de la lengua guaraní”, “Arte y vocabulario de la lengua guaraní”, “Catecismo de la lengua guaraní” y la “Conquista espiritual de la Compañía de Jesús”. Estas impresas en Madrid y, ya en Perú, “Sílex del Divino Amor” de carácter místico inédita hasta 1991, y Apología en defensa de la doctrina cristiana (1651).
Se destaca su papel en las Milicias guaraníes en la Batalla de Mbororé de 1641 y su etapa en España, donde obtuvo en 1640 el permiso de la defensa con armas de los guaraníes. Ruiz de Montoya murió el 11 de abril de 1652 en Lima, con el deseo de regresar a las Misiones Guaraníes que no pudo cumplir. Sus restos fueron trasladados a Loreto (Misiones), pero se perdieron en los sucesivos ataques de bandeirantes y paraguayos.
Roque González de Santa Cruz nació en Asunción en 1576, criollo de padres españoles: Bartolomé González de Villaverde y María de Santa Cruz. Ordenado sacerdote por el obispo de Córdoba, fray Fernando de Trejo y Sanabria (sede vacante y a pedido de Hernandarias –hermano del prelado-), se negó a ser cura de la catedral de Asunción y también vicario, marchando a evangelizar a guaraníes, cuya lengua dominaba a la perfección.
San Roque fundó y ayudó en la fundación de pueblos guaraníes. En 1615 erigió Nuestra Señora de la Anunciación de Itapúa (hoy Posadas), trasladada a la otra orilla después, donde hoy luce Encarnación. (Historia Misionera de Amable, Rojas y Dohmann).
Las mismas historiadoras informan que Roque fundó en 1618 la reducción de Yaguapoa, a cuatro leguas de Itapúa y a doce de San Ignacio. Levantó luego el pueblo de Concepción, el 8 de diciembre de 1619; San Francisco Javier en el Alto Uruguay; San Nicolás de Piratiní, el 3 de mayo de 1626; y el 4 de febrero de 1627, Yapeyú junto con los padres Pedro Romero y el provincial Nicolás Mastrilli.
El coraje de Santa Cruz, nombrado por Mastrilli Superior Regional del Alto Uruguay, lo llevó a otros emprendimientos. El último fue, antes de su martirio, la fundación de Todos los Santos de Caaró. Pero el 15 de noviembre de 1628 fue destrozado por una horda al mando de un chamán enemigo. El fuego consumió sus restos, pero su corazón quedó incólume y hoy se venera en Asunción. También fueron asesinados Juan del Castillo y Alonso Rodríguez, canonizados en 1988 por el papa santo Juan Pablo II, en Asunción.
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— misionesonline.net (@misionesonline) March 18, 2024




