Educador misionero analizó el impacto de la tecnología en las aulas y el desafío de lograr aprendizajes reales

El filósofo Eduardo Cazenave analizó la crisis del sistema educativo actual y el impacto de la Inteligencia Artificial. Instó a los docentes a recuperar la pasión en el aula y pidió a los padres involucrarse activamente para transformar la educación en un proceso que realmente "atraviese" a los estudiantes.

Entrevista Radio Up

El filósofo y educador Eduardo Cazenave reflexionó sobre el estado actual del sistema educativo, el rol de la tecnología y la urgente necesidad de reconectar con el propósito de la enseñanza. En una charla profunda, Cazenave cuestionó la obsesión por los contenidos memorísticos y llamó a padres y docentes a ser protagonistas de un cambio basado en la pasión y el pensamiento crítico.

La tecnología: ¿Aliada o enemiga?

Para Cazenave, la discusión sobre el uso de dispositivos en las aulas está mal enfocada. El problema no reside en el aparato, sino en el sentido pedagógico que se le otorga. El educador recordó experiencias en el exterior donde la incorporación masiva de tabletas no garantizó mejores resultados, evidenciando que la tecnología avanza a una velocidad que la educación aún no logra procesar.

“La tecnología va mucho más rápido que la educación. Nos pasa por encima. En un momento también había como una moda de que hay que tener la última tecnología. Pero en la casa del chico la tienen antes que en el colegio. Hoy te dicen, Elon Musk incluido, no aprendan programación; hoy programa la IA. Entonces, la educación necesita bajar un cambio y volver a las fuentes, que es qué hay que aprender”, analizó.

El saber frente al dato: el fin del aprendizaje «bulímico»

Uno de los puntos más críticos de la entrevista fue la distinción entre poseer información y alcanzar el conocimiento. Cazenave advirtió sobre lo que denomina «bulímicos del aprendizaje»: alumnos que incorporan datos solo para aprobar y luego los «vomitan» en el examen, olvidándolos al día siguiente.

“Si aprender es solo contenido, el aprender está obsoleto, porque el contenido está al alcance de tres segundos en cualquier IA. Hoy ni siquiera hay que escribir, le hablás a ChatGPT, a Gemini o a Claude. El contenido siempre se recibe a modo del recipiente. ¿Qué tiene que hacer el que quiere entregar el contenido? Ponerse en el modo del recipiente. Eso es un desafío gigantesco, porque ahí tenemos una brecha generacional. Lo que no te atraviesa no se aprende”, sentenció con firmeza.

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El docente como motor del entusiasmo

Ante un mundo automatizado, el filósofo sostuvo que el diferencial humano radica en la capacidad de emocionar y conectar. En este sentido, fue tajante respecto a la actitud que debe primar frente al curso: la pasión por transmitir.

“Primer cosa que tiene que tener un docente es alegría existencial. Si no amás tu profesión o al menos tu sabiduría, hacete un favor a vos y a tus alumnos y dedicate a otra cosa. La amargura no puede estar en el aula. El entusiasmo es clave. El profesor le pone tanta garra para enseñar que no me quiero escuchar. Garra, pasión por tus alumnos o por tu materia, generalmente las dos cosas. Si no tenés eso, no hay contacto, es imposible”, explicó Cazenave.

El rol de la familia y la pregunta clave

Finalmente, el educador instó a los padres a dejar de ver a la escuela como una «guardería» y a involucrarse activamente en el proceso cognitivo de sus hijos, cambiando la clásica pregunta rutinaria por una que invite a la reflexión consciente.

“Necesitamos padres que entiendan que sus hijos necesitan un cambio. No le preguntes cómo te fue, preguntale qué aprendió. El consejo es preguntar qué aprendiste. Y si la respuesta es nada, volvamos a preguntar. Porque así le hacés a tu hijo lo que se llama el meta aprendizaje. El aprendizaje es pensamiento sobre lo que aprendí. El colegio necesita padres activos, presentes, que alienten y confíen, pero que también exijan con amor y profesionalismo una mejor enseñanza”, concluyó.

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