El camino Jesuítico Guaraní | Martirio, hambre y sacrificios de los jesuitas 

Los “Mártires de Caaró” marcan el rumbo de las 7 reducciones que la Compañía de Jesús fundó al este del río Uruguay. Fueron más de tres decenas los padres que murieron cumpliendo su misión en los 30 pueblos.

San Roque González de Santa Cruz San Alfonso Rodríguez (16 de noviembre 1628) y otro religioso fue martirizado y asesinado en la Reducción de Asunción del Ijuí (San Juan del Castillo, 17 de noviembre 1628).

Los dos sitios son santuarios que visitan peregrinos y turistas de todo origen. San Roque González de Santa Cruz fue el primer santo criollo de la región, nacido en Asunción en 1576. Cada año se los recuerda en la Romería de Caaró, en la segunda semana de noviembre, informa la página brasileña del Camino de los Jesuitas.

En 1631, cuando Antonio Ruiz de Montoya encabezó el éxodo desde el Guayrá, huyendo de los jesuitas, viajaron más de 12.000 guaraníes. Se establecieron en San Ignacio Miní (Misiones) y hasta allí fueron trasladados los retos de Simón Masetta y José Cataldino, fallecidos en San Ignacio Guazú, en el norte.

Loreto también es un lugar sagrado, pues allí descansa parte del cuerpo de Antonio Ruiz de Montoya. Aún no se ha descubierto el sitio de entierro de su cadáver, aunque resta analizar una cantidad de 17 féretros, según había indicado la fallecida antropóloga Ruth Poujade.

Aunque parezca surrealista, otras partes del cadáver de Montoya se conservan en Lima, donde había nacido y al final falleció. En la capital de Perú guardan un hueso húmero y otra pieza de su brazo. Son las únicas reliquias existentes, pero se cree que Loreto es el magno sepulcro de este hombre que rogó no ser enterrado entre españoles. Lo recordó María Borda en MisionesOnline de 2022.

En Brasil, el Sendero de los Santos Mártires (o Trilha, en portugués) es celebrado cada año antes de la Romería de Caaró. En esa región de los 7 pueblos se le da gran importancia y tiene su impacto turístico. Entre otras actividades que realzan el tributo religioso, figura la participación de soldados de caballería que cabalgan desde el río Uruguay hasta el Santuario de Caaró.

A principios del siglo XVII, la Compañía de Jesús había sido organizada como Provincia del Paraguay. Diego de Torres, su primer provincial, coincidió en atender la situación de los pueblos originarios junto al gobernador criollo, Hernando Arias de Saavedra, el legendario Hernandarias.

Misioneros franciscanos habían cumplido una actividad evangelizadora anterior, pero luego los jesuitas tomaron la posta. Su trabajo fue heroico, y sufrieron asesinatos, falta de recursos, sentimientos de soledad y aislamiento, además de hambre, condiciones climáticas adversas y falta de vestimenta y calzado adecuados.

De tales penurias escribió Antonio Ruiz de Montoya, cuando ya era superior del Guayrá. Visitaba la zona del Guayrá –al norte del río Iguazú y al sur del Paranapanema, antes de su éxodo- y se impresionó por el enorme sacrificio de los padres.

Montoya relató: “pobrísimos pero ricos de contento. Los remiendos de sus vestidos no daban distinción a la materia principal; tenían los zapatos remendados…”. Se trataba de los jesuitas Simón Massetta (nacido en Castiglione, Venecia, 1582-1658); y José Cataldino (Fabiano, Italia, 1571-1653).

El calzado de los jesuitas que apacentaban ese pueblo enseñando el Evangelio, no podía ser más pobres. Los calzaban “remendados con pedazos de paños que cortaban de la orilla de sus sotanas. Túveme dichoso de verme en su compañía. La choza, las alhajas y el sustento decían muy bien con los de los anacoretas”.

Tal era el aislamiento y la vida que soportaban que, San Roque González de Santa Cruz, jesuita, fundador de reducciones, predicador, hace 400 años, padeció la tristeza profunda y la tentación de quitarse la vida. Hoy, es nuestro mártir y santo emblemático. Y recordado en los nombres del puente Posadas y Encarnación, de avenidas y del templo posadeño de Avenida Corrientes, con su monumento en el cruce de Avenida Mitre y la Costanera.

Sí, es San Roque González de Santa Cruz, el fundador de reducciones guaranítico-jesuitas, el valiente evangelizador asesinado en Caaró, Brasil. Fundador de pueblos como Encarnación y Concepción de la Sierra, confesó su honda depresión y tentación de hasta “perder la vida y de hacer algún disparate”.

San Roque relató tal angustia al provincial Diego de Torres, en una carta fechada en San Ignacio Guazú, el 26 de noviembre de 1614. Venció su momento oscuro, continuó su obra hasta morir martirizado en 1628. Este hallazgo corresponde al ya fallecido Carbonell de Masy, quien tuvo una rica trayectoria en Misiones y Paraguay.

Y siguió adelante, hasta que en 1615 levantó su rancho en el embrionario caserío guaraní al que bautizó Anunciación de Itapúa y que hoy es Posadas. La carta no formó parte de la documentación usada en su proceso canónico. Pero el jesuita Rafael Carbonell de Masy, junto a otros dos sacerdotes de su orden, la publicó en Paraguay. Estos fueron José de Jesús Aguirre y Antonio Betancor coautores del libro.

En carta al provincial Diego de Torres, desde San Ignacio Guazú, desvela su tristeza. Cuenta que siguió unas purgas que le aconsejo Torres. Pero admite que ha tocado fondo agobiado por sus “afligimientos de corazón tan continuos” que lo empujarían hacia el final.

“Aprietan tanto, que me veo y me deseo, y tan a pique de perder la vida, o dar en algún disparate. Sicut fuerit voluntas in coelo, sic fiat. La mía no es más que hacer la voluntad de Vuestra Reverencia; no tengo otros consuelo ni gusto, sino hacer el de Vuestra Reverencia, porque haciéndole, hago el de Dios, y así, digo, que vivo muriendo aquí, y temo perder el juicio, según tengo la cabeza, cansada y quebrada con la continua guerra continua guerra que siempre tengo con tantos escrúpulos y tanta soledad y melancolías”.

Por encima de toda duda, el trabajo evangelizador de san Roque tiene una enorme dimensión histórica. Entre otras fundó desde 1626 las reducciones de San Nicolás (Brasil), San Francisco Javier (Brasil), Yapeyú o Nuestra Señora de los Reyes (Argentina), Candelaria del Ibicuití, en 1627 (Brasil) trasladada después a Caazapaminí, 1628 (Brasil), y más tarde, Asunción del Iyuí, 1628 (Brasil) y todos los Santos del Caaró, 1628 (Brasil). Esto figura en el libro que reproduce las cartas de los tres mártires de Caaró.

Agrega Itapúa en 1615 (Argentina) –luego despoblada y refundada en Encarnación-  Yaguapoa 1626 (Paraguay), y la reconstrucción de San Ignacio Guazú, fundada en 1609, Santa Ana y Concepción. Los mencionados son ejemplos mínimos de los esfuerzos sobrehumanos de los padres, la mayoría procedente de Europa, mientras Roque de Santa Cruz era criollo, nacido de españoles en Asunción.

 

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