En su mensaje de apertura de sesiones del Congreso, Javier Milei anticipó que el déficit cero y la política monetaria contractiva seguirán siendo pilares de su política económica. Bajar la inflación y el riesgo país se mencionaron como objetivos centrales. Para “impulsar el crecimiento” se apuntará a la desregulación y la apertura comercial.
Se quedaron con las ganas quienes esperaban que el presidente Javier Milei anticipara algún tipo de corrección en su política económica en su discurso de apertura de sesiones del domingo. Lo que hubo en cambio fue una furiosa ratificación de todo lo actuado hasta ahora y la promesa de continuar por el mismo camino, pero más rápido.
En un intento por generar expectativas positivas en un contexto en el que amplios sectores de la economía están en crisis y muchas personas la están pasando mal, Milei aseguró que “estamos en las puertas de un gran resurgimiento económico”. De acuerdo con la mirada presidencial, lo peor ya habría pasado y el futuro sería próspero.
Pero advirtió que antes de llegar a ese estadio de crecimiento, primero hay que asegurar “prerrequisitos fundamentales”, el más importante de los cuales pasa por “garantizar condiciones macroeconómicas básicas”, tarea que (siempre de acuerdo a los dichos de Milei) lo mantuvo ocupado en los primeros dos años de su gestión.
En orden de preservar esas condiciones macro, anticipó que se gestión se concentrará en “seguir defendiendo con uñas y dientes el equilibrio fiscal y una política monetaria restrictiva que permita terminar de una vez y para siempre con el flagelo de la inflación”.
El ajuste fiscal seguirá apretando y la aspiradora de pesos seguirá funcionando a pleno. El objetivo central sigue siendo el combate a la inflación y en procura de ese objetivo el gobierno está dispuesto a asumir un mayor enfriamiento de la actividad y del consumo.
Para impulsar el crecimiento, el presidente apuesta a la desregulación de la economía, a la que definió como “una forma de restaurar el derecho de propiedad” que además “libera rendimientos crecientes” y a la apertura comercial que permitiría el ingreso de insumos y productos terminados más baratos y de mejor calidad.
“Obviamente, si la empresa local no puede competir, quiebra y despide gente. Sin embargo, eso es una parte de la historia”, aclaró. Para la industria nacional, impera la ley de la mandarina.
“Obviamente, si la empresa local no puede competir, quiebra y despide gente. Sin embargo, eso es una parte de la historia”
Si quedaba alguna duda, Milei las despejó el domingo: el rumbo se mantendrá, con sus virtudes y problemas, y se acelerarán los cambios.
La reivindicación del ajuste fiscal como ancla principal del esquema económico es una mala noticia para empleados públicos y administraciones provinciales y municipales que dependen de los recursos fiscales.
Mientras que la apuesta a la política monetaria contractiva presagia un 2026 de escasez para los comerciantes que dependen del consumo interno.
Las referencias a una mayor apertura comercial es lo que no querían escuchar los industriales de distintas ramas que compiten de manera directa con productos importados. El reciente cierre de Fate y las otras 30 mil empresas que cerraron en los últimos dos años resumen la tónica de la época.
A los yerbateros que vienen reclamando algún mecanismo que garantice precios mínimos para la hoja verde y para la canchada, las referencias a la desregulación como política central de este Gobierno nacional es un dato que no debería pasar desapercibido. Cualquier forma de regulación de mercado es mala palabra dentro del credo libertario en esas condiciones no habrá precios mínimos para la yerba ni para cualquier otro producto.

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