Es tiempo de volver a pensar grandes obras para el desarrollo de Misiones

Autor: Ing. Andrés Raúl Ayala – MP 1504 (CPIM – CEIRHA)

Cuando se habla de grandes obras energéticas en Misiones, el debate suele volver una y otra vez a Yacyretá. Para muchos, esa experiencia sigue funcionando como referencia casi excluyente, tanto para valorar como para cuestionar nuevos proyectos. Sin embargo, a más de tres décadas después de las decisiones que marcaron aquella etapa, tal vez sea necesario revisar esa mirada con mayor distancia y perspectiva.

En los años noventa, Yacyretá concentraba expectativas, tensiones y discusiones profundas. No solo por la magnitud de la obra, sino porque puso en evidencia los límites de los modelos de gestión de infraestructura de su tiempo: procesos largos, dificultades para articular intereses sociales, ambientales y urbanos, y una comunicación deficiente, con las comunidades involucradas.  como consecuencia de una estructura de gestión centralista y falta al principio de financiamiento seguro para el Programa de Obras Complementarias.

Esa experiencia dejó aprendizajes importantes que hoy forman parte del debate público, más allá de valoraciones simplistas.

Con el paso de los años, los resultados concretos de Yacyretá fueron tomando forma. La transformación urbana de Posadas y de otras localidades ribereñas es uno de los aspectos más visibles, pero no el único. La obra permitió avanzar en saneamiento, infraestructura vial, redes de servicios, equipamiento urbano, viviendas, escuelas y hospitales. También dejó capacidades técnicas, profesionales y empresariales que hoy forman parte del capital humano de Misiones.

Esa experiencia es clave para entender por qué, cuando se discutió el proyecto Corpus, el debate quedó fuertemente condicionado por percepciones previas. En aquel momento, la discusión pública estuvo atravesada más por temores y generalizaciones que por un análisis detallado de los alcances del proyecto. No fue una excepción: las grandes obras suelen generar resistencias cuando no logran traducirse en beneficios claros y comprensibles para la sociedad.

Hoy, sin afirmar que el contexto económico sea más sencillo ni que los desafíos sean menores, sí puede decirse que existen más herramientas para analizar este tipo de proyectos con mayor rigor. La información técnica es más accesible, los estándares ambientales son más exigentes y la experiencia acumulada —local y regional— permite evaluar impactos con mayor precisión.

Corpus en Pindo-í aparece, en ese marco, como una iniciativa que merece ser revisada sin prejuicios automáticos.

Con una potencia prevista de 3.000 megavatios similar a Yacyretá, y una inversión significativa, el proyecto podría aportar energía firme, renovable y de base, un componente cada vez más relevante en sistemas eléctricos sometidos a mayor demanda y a eventos climáticos extremos.

Desde el punto de vista ambiental, el proyecto plantea desafíos que deben ser evaluados con seriedad y conocimiento. La afectación territorial prevista es considerablemente menor en comparación con otras obras hidroeléctricas de propósitos múltiples históricas sobre el río Paraná.

La nueva zona de emplazamiento en Pindo-Í presenta características muy favorables que reducen los impactos negativos en particular sobre áreas pobladas.

En términos estratégicos, la generación hidroeléctrica sigue siendo una de las principales fuentes renovables de energía firme, con bajas emisiones de gases de efecto invernadero. En un escenario de transición energética, donde la intermitencia de fuentes como la solar o la eólica exige respaldo confiable, este aspecto adquiere un valor central.

Para Misiones, además, la discusión no se limita a la energía. Proyectos de esta escala suelen tener efectos más amplios: infraestructura vial, logística, desarrollo urbano y regional, preservación de sus ecosistemas, formación profesional y como consecuencia de una estructura de gestión centralista fortalecimiento de cadenas productivas locales. La experiencia muestra que estos impactos no son automáticos, pero sí posibles cuando existen planificación, control y objetivos claros.

El debate sobre Corpus en Pindo-í invita, entonces, a una reflexión más profunda: no se trata de repetir esquemas del pasado teniendo presente los aprendizajes que dejó Yacyretá, sino de preguntarse también si Misiones está dispuesta a pensar su desarrollo con una mirada de largo plazo y a partir de sus recursos naturales. La energía hidroeléctrica, en ese sentido, no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para sostener crecimiento, empleo e integración territorial.

Cerrar la discusión basándose únicamente en experiencias anteriores, así como el costo actual de la energía, sería tan limitado como ignorar esas experiencias. El desafío está en aprovechar lo aprendido, mejorar los mecanismos de gestión y abrir un debate informado que permita evaluar oportunidades y riesgos con la misma seriedad.

Más que una respuesta definitiva, Corpus plantea una pregunta que sigue vigente: cómo transformar los recursos naturales de Misiones en desarrollo sostenible, evitando simplificaciones y mirando hacia adelante sin olvidar el camino recorrido.

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