El Gobierno nacional respaldó el operativo militar de Israel y Estados Unidos contra Irán y ordenó elevar el alerta de seguridad en todo el país

La Casa Rosada activó el protocolo de alerta "alto" en todo el país y respaldó la ofensiva militar. La medida incluye una mayor custodia en objetivos sensibles, como la comunidad judía y las sedes diplomáticas.

En una respuesta inmediata a la escalada bélica en Medio Oriente, el gobierno argentino elevó el nivel de seguridad a “alto” en todo el territorio nacional. La decisión se tomó luego de que Estados Unidos e Israel lanzaran este sábado una serie de ataques preventivos contra Irán, lo que desencadenó una contraofensiva de misiles y drones por parte de Teherán.

A través de un comunicado oficial, la administración libertaria informó que se fortalecerán los dispositivos de protección en puntos estratégicos. La medida alcanza a “todos los objetivos sensibles del país, así como a la infraestructura crítica, y la comunidad judía, entre otros”. El objetivo, según el texto, es “garantizar la integridad, la vida y la libertad de los habitantes”.

Además, el Gobierno activó un protocolo de alerta en las fronteras que implica un refuerzo de los controles de ingreso y egreso, junto a un monitoreo permanente del Sistema de Inteligencia Nacional en cooperación con agencias internacionales. La custodia de las representaciones diplomáticas extranjeras en el país también será intensificada.

La Cancillería argentina respaldó públicamente la ofensiva coordinada por Washington y Tel Aviv. En un mensaje, el Ministerio de Relaciones Exteriores apoyó las acciones conjuntas para “neutralizar la amenaza que el régimen de la República Islámica de Irán representa para la estabilidad internacional”. El comunicado expresó la confianza en que las medidas “contribuyan a restablecer condiciones de estabilidad en la región” y reafirmó la solidaridad con el pueblo iraní “que ha manifestado con valentía su aspiración a vivir en libertad”.

Este posicionamiento ratifica el alineamiento geopolítico del Gobierno con Estados Unidos e Israel, una postura que se consolidó meses atrás cuando se declaró a la Fuerza Quds, una división de la Guardia Revolucionaria iraní, como organización terrorista. En esa oportunidad, se recordó la responsabilidad del régimen iraní en los atentados contra la Embajada de Israel en 1992 y la AMIA en 1994.

 

Tensión global y una operación a gran escala

La ofensiva, denominada “Operación Furia Épica” por el Pentágono, tuvo como blanco a la cúpula política y militar iraní. El presidente estadounidense, Donald Trump, confirmó la participación de su país con un mensaje contundente en redes sociales, donde advirtió al régimen que “serán borrados” y justificó la operación por el persistente desarrollo del programa nuclear iraní. Además, instó al pueblo a tomar las riendas de su futuro: “Cuando terminemos, tomen el control de su gobierno. Será suyo. Probablemente sea su única oportunidad en generaciones”.

Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, proclamó que el objetivo era “eliminar la amenaza existencial” que representa Irán. Mientras tanto, las autoridades iraníes declararon el estado de emergencia, cerraron su espacio aéreo y, según medios estatales, trasladaron al líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, a un lugar seguro.

La respuesta de Teherán no se hizo esperar. La Guardia Revolucionaria iraní anunció el lanzamiento de una “amplia ofensiva” con misiles y drones contra Israel y bases estadounidenses en Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Baréin. Un portavoz militar advirtió que “cualquier base en toda la región que ayude a Israel será nuestro objetivo”. La escalada provocó el cierre del espacio aéreo en Israel e Irak, y la suspensión de vuelos de las principales aerolíneas internacionales hacia la región, lo que generó una parálisis en el tráfico aéreo de Medio Oriente.

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