Lo sucedido el 24 de febrero de 1985 todavía se cuenta como uno de los momentos más recordados en la historia del fútbol misionero. El delantero Julio "Palito" Arce y el volante Darío Labaroni, protagonistas de aquel histórico 1 a 0, recordaron en Fórmula Tuerca, programa del stream de Misiones Online y Radio Libertad, los pormenores de la victoria sobre el Independiente que venía de vencer al Liverpool en Tokio.
Esa tarde, los hinchas que llegaron al estadio Clemente Argentino Fernández de Oliveira bajo un calor sofocante de 40 grados fueron testigos de una jornada que superó cualquier expectativa previa. El público colmó las tribunas de Villa Sarita para presenciar el debut en el Grupo C del Torneo Nacional 1985 frente a los siete veces campeones de América y dos del mundo. En esa zona, la Franja compitió de igual a igual contra Independiente de Avellaneda, Talleres de Córdoba y Huracán de Parque Patricios.
Por eso, bajo la conducción técnica de Francisco «Pancho» Sá, el equipo misionero no se amilanó ante las figuras de Ricardo Giusti o Jorge Burruchaga.
Sobre el origen de la jugada que se quedó en la retina de los amantes del deporte misionero, el asistente del gol Darío Labaroni explicó el trasfondo táctico y la ejecución de la asistencia: “Recibo la pelota en la mitad de la cancha, levanto la cabeza y lo veo a Julio que ya estaba picando al vacío entre los centrales de ellos. Meto el pase en diagonal buscando que le quede justa para la carrera porque sabía que si le ganaba la espalda a Trossero se iba solo contra Goyén para definir el partido de una manera que todavía hoy la gente nos agradece por la calle”.
La ejecución del plan fue quirúrgica y el referente de área Julio Arce no falló ante la salida del arquero visitante cuando apenas transcurrían cinco minutos del primer tiempo. En este sentido, el propio Arce, autor del gol, detalló la secuencia técnica y la preparación mental que les impuso el entrenador:“Nos había dicho la jugada que teníamos que hacer y salió perfecta cómo había dicho él. Jugar a la espalda de Trocero, entre el medio de él y Enríque, y ahí tenía que picar yo. Fue espectacular esa jugada.
“Pancho nos había preparado muy bien mentalmente y físicamente. Estábamos muy bien preparados para ese partido”, remarcó.
La resistencia posterior con un jugador menos, tras la expulsión del defensor Hugo Tesare a los 20 minutos, puso a prueba el carácter del plantel franjeado. Los enfervorizados hinchas que colmaban las tribunas vieron cómo Labaroni debía retroceder para cumplir funciones defensivas inéditas para su puesto.
En este punto, el mediocampista recordó las sensaciones de aquel esfuerzo físico extremo y la desesperación de los jugadores de selección: “Me acuerdo el gringo Giusti decía, ‘Darío, dejen de correr’. No me olvido más de eso. El gringo no daba más. Calculá que ese día hacía 40 grados. Era era un infierno, una caldera realmente. Y ellos no estaban acostumbrados a eso y el ritmo que realmente le pudimos meter lo sintieron y mucho, sintieron muchísimo el ritmo del partido, la presión, el calor. Estaban fastidiosos, llegó un momento en el que estaban fastidiosos realmente y aprovechamos todo eso y logramos un triunfo”.
La mística de aquel Guaraní se forjó en la humildad de un plantel que conocía el valor del sacrificio cotidiano. El goleador Julio Arce reflexionó sobre la unión de aquel grupo compuesto casi íntegramente por futbolistas de la zona y la importancia de la figura de Pancho Sá para amalgamar el equipo: “Hermosos recuerdos, es difícil borrar, eso nos va a durar para toda la vida. Sá era un técnico muy inteligente”.
El triunfo adquirió dimensiones de leyenda con el paso de las décadas, especialmente por la trascendencia de un resultado que dejó a Guaraní en la puerta de la clasificación, empatado en puntos con Independiente y Talleres.
“Por la trascendencia de que Independiente venía a ser campeón del mundo, por haber salido primero en la zona junto con Independiente precisamente y con Talleres de Córdoba. Todos con la misma cantidad de puntos, quedamos afuera por diferencia de gol. Fue una etapa realmente única. A pesar de que en el ’82, se habían hecho una gran campaña, habían empatado con River, pero creo que que la del ’85 fue la mejor campaña”, cerró Labaroni, el asistente del gol que desató la alegría en Villa Sarita.
Al finalizar la primera fase del Torneo Nacional, se produjo un desenlace que todavía genera suspicacias en el ambiente del fútbol misionero. Guaraní Antonio Franco acumuló 7 unidades, la misma cantidad que Independiente y Talleres de Córdoba, pero quedó relegado al tercer puesto por la diferencia de gol. A pesar del gran desempeño del equipo de Villa Sarita, el empate entre el conjunto de Avellaneda y el equipo cordobés en la última jornada selló la suerte de los misioneros. El resultado de aquel partido en Córdoba permitió que ambos equipos avanzaran de ronda y dejó a la Franja fuera de la clasificación.
La victoria se instaló como el hito más alto del fútbol misionero en los antiguos torneos Nacionales. Aquella tarde en Villa Sarita, el éxito sobre el conjunto de Avellaneda superó en relevancia a otros resultados históricos, como la igualdad 2 a 2 frente a River Plate en 1981 o la caída por la mínima ante Boca Juniors una década antes.
Francisco Sá mandó a la cancha a Meaurio; Briñócoli, Moulia, Tesare y Domínguez; Nacimiento, Labaroni y Ferreyra; Arce, Villarreal y Yegros. En el banco de relevos aguardaron su oportunidad Mora, Rubén Noguera, Alderete, Ortiz y Vidal González, quienes formaron parte de la resistencia ante el vigente campeón del mundo.
Por su parte, el conjunto de Avellaneda, dirigido por Roberto Ferreiro, alistó un once plagado de figuras internacionales: Goyén; Clausen, Wictor, Trossero y Enrique; Giusti, Marangoni y Reinoso; Burruchaga, Percudani y Barberón. La delegación visitante completó su planilla con los suplentes Moriconi, Erba, Monzón, Merlini y Gambier. El arbitraje de Abel Gnecco fue el encargado de supervisar las acciones de aquella feliz tarde.
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