Uso de celulares en las escuelas: “La prohibición no es el camino, la clave es la articulación con las familias”

Tras la decisión del colegio Roque González de vedar los dispositivos en clase, la cartera educativa provincial sentó postura. Advirtieron que la solución no es prohibir, sino integrar la tecnología como herramienta pedagógica con reglas claras y consenso.

Emilia Lunge, directora de políticas estudiantiles del Ministerio de Educación, aseguró que la clave pasa por un enfoque intermedio que requiere un fuerte acompañamiento pedagógico y la construcción de acuerdos de convivencia entre docentes, estudiantes y familias.

La funcionaria explicó que la provincia cuenta con un marco normativo que impulsa la integración tecnológica, como la Ley de Inteligencia Artificial y la Ley de Educación Disruptiva. En esa línea, sostuvo que las políticas públicas siempre buscaron acompañar el avance digital dentro de las aulas. “La prohibición no sería el camino adecuado, pero requiere mucho acompañamiento pedagógico”, afirmó Lunge.

Para la cartera educativa, el celular debe ser considerado una “herramienta pedagógica que se utilice de una manera determinada, para una actividad específica y con el fin de desarrollar una habilidad digital”. Este enfoque, según Lunge, necesita capacitar no solo a los estudiantes, sino también a los adultos, en conceptos de ciudadanía digital y cuidados parentales.

La base para lograr este equilibrio, insistió, son los consensos. Lunge remarcó que el instrumento fundamental es el acuerdo de convivencia escolar, que debe ser actualizado para “incluir los planos digitales”.

Consultada sobre el problema de la distracción en clase, un argumento central para quienes defienden la veda, la referente del Ministerio desdramatizó la situación. Sostuvo que elementos que desvían la atención de los alumnos existieron históricamente y que los docentes se capacitan en herramientas pedagógicas para gestionar el aula. “Tiene que ver con la formación pedagógica de nuestros profesores, donde ellos se van preparando también para poder saber cómo trabajar con los alumnos y en cada etapa evolutiva que se encuentran”, detalló.

En este sentido, Lunge diferenció las necesidades según la edad de los estudiantes. Afirmó que no es lo mismo la exposición a pantallas en el nivel inicial, donde se requiere menos tiempo, que el uso que pueden darle los chicos de primaria, secundaria o nivel universitario. Por eso, cualquier medida debe evaluar el contexto y el objetivo pedagógico.

Asimismo, advirtió que una prohibición aislada en la escuela pierde efectividad si no se articula con lo que sucede en el hogar. Para la funcionaria, si un chico tiene acceso irrestricto a los dispositivos en su casa, cualquier esfuerzo del colegio por cuidar su salud mental y desarrollo cognitivo “cae en un saco roto”.

Por ello, reiteró que se debe llevar adelante un trabajo integrado: “No puede existir una educación si no se trabaja en articulación con las familias y no se puede trabajar la familia sola si no hay una articulación con las escuelas. por eso la herramienta fundamental son los acuerdos de convivencia”.

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