Trump endurece su postura ante Irán y deja abierta la posibilidad de una guerra si no hay concesiones

Desde Washington, la tensión entre Estados Unidos e Irán volvió a escalar tras una advertencia directa de Donald Trump, quien condicionó cualquier acuerdo diplomático con Teherán al cumplimiento de exigencias políticas y militares concretas. El mandatario estadounidense abrió una ventana de negociación de diez días, pero dejó en claro que, si no obtiene una respuesta satisfactoria, no descarta avanzar hacia un escenario bélico.

Las condiciones planteadas por la Casa Blanca al régimen iraní apuntan a desmantelar los pilares estratégicos de su estructura militar y política. Entre los puntos centrales se encuentran la reducción sustancial del programa nuclear, la cancelación de la fabricación de misiles balísticos con capacidad de alcanzar territorio israelí, el cese del financiamiento a organizaciones como Hezbollah y los hutíes —que operan en Líbano y Yemen— y la suspensión de la represión interna contra movimientos civiles opositores al régimen.

Las exigencias fueron transmitidas al canciller iraní Abbas Araqchi durante una reunión celebrada en Ginebra. Del lado estadounidense participaron Steve Witkoff, enviado especial para Medio Oriente, y Jared Kushner, asesor cercano al presidente. Tras el encuentro, Araqchi sostuvo: “Al final, logramos alcanzar un acuerdo amplio sobre una serie de líneas generales, sobre cuya base avanzaremos y comenzaremos a trabajar en el texto de un posible pacto”.

Sin embargo, puertas adentro la evaluación fue diferente. El líder supremo iraní, Ali Khamenei, no aceptó las condiciones impuestas por Washington. Desde la perspectiva del régimen, ceder en esos puntos implicaría debilitar el núcleo político y militar instaurado tras la revolución de 1979.

Frente a este escenario, Trump fijó un plazo tentativo de diez días antes de adoptar una decisión definitiva. El cronograma incluye un viaje del secretario de Estado, Marco Rubio, a Jerusalén, donde mantendrá conversaciones con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. La reunión, prevista para el 28 de febrero, podría resultar determinante en la hoja de ruta que adopte la Casa Blanca.

Mientras Netanyahu considera que una acción militar sería la única vía eficaz para neutralizar el programa estratégico iraní, Rubio aún sostiene que podría alcanzarse un armisticio gradual que reduzca tensiones sin necesidad de un conflicto directo.

En paralelo, el Pentágono ya presentó a Trump un esquema preliminar de objetivos militares en caso de que se ordene una ofensiva. El plan contemplaría la eliminación de la cúpula política y militar iraní, la destrucción de las instalaciones nucleares, la neutralización de los centros de producción de misiles y la anulación del arsenal balístico del país.

Desde la Casa Blanca señalaron que “todas las opciones están sobre la mesa, y sólo el Presidente sabe qué hará”, reflejando que la decisión aún no está tomada.

A diferencia de otras crisis internacionales, una posible guerra contra Irán no cuenta con respaldo regional amplio. Países de la Liga Árabe como Jordania, Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos no comparten la agenda política de Teherán, pero temen que un conflicto abierto convierta sus territorios en objetivos estratégicos. La capacidad misilística iraní —con alcances superiores a 1.900 kilómetros— abarca bases estadounidenses, Israel y varios Estados del Golfo.

En las últimas horas, medios estatales iraníes informaron que se realizó una prueba de un misil de defensa aérea marítimo con alcance superior a 150 kilómetros durante ejercicios en el estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos más sensibles del comercio energético mundial.

Khamenei respondió con dureza a las advertencias estadounidenses: “Los estadounidenses deben saber que, si inician una guerra, esta vez será una guerra regional”. Y agregó: “Los estadounidenses dicen constantemente que han enviado un destructor hacia Irán. Desde luego, un destructor es una pieza peligrosa de material militar. Sin embargo, más peligroso que el destructor es el arma que puede mandarlo al fondo del mar».

Un eventual enfrentamiento directo entre Estados Unidos e Irán no tiene precedentes en la historia contemporánea de Washington. Trump ha señalado en el Salón Oval que la vía militar sería su última alternativa. Sin embargo, el pulso diplomático se desarrolla bajo la sombra de una escalada que podría alterar el equilibrio geopolítico en Medio Oriente y extender sus consecuencias mucho más allá de la región.

FUENTE: Infobae.

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