Cuando se habla de educación y del regreso a clases, se suele focalizar en libros, infraestructura o avances pedagógicos. Sin embargo, muchas veces se pasa por alto un factor esencial: la forma en que escuchamos condiciona directamente cómo aprendemos. La audición no es un sentido accesorio, sino el canal a través del cual los niños captan, procesan y construyen el lenguaje, que luego transforman en pensamiento, comunicación y adquisición de conocimientos.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerca de 32 millones de niños en el mundo viven con una pérdida auditiva discapacitante y se estima que alrededor del 60% de estos casos podrían evitarse con medidas de prevención y detección temprana.
Salud auditiva y atención: un puente necesario en el aula
Numerosos estudios confirman que incluso una pérdida auditiva leve aun cuando ocurre solo en un oído puede influir de manera significativa en el rendimiento escolar y en la capacidad de mantener la concentración en clase. Esto sucede porque las dificultades auditivas en contextos educativos afectan la comprensión del lenguaje, la adquisición de vocabulario y el desarrollo del pensamiento verbal, lo que puede traducirse en problemas de atención, bajo desempeño académico e incluso en diagnósticos erróneos de otros trastornos del aprendizaje.

En este sentido, la prevención cumple un rol central. “La prevención y la detección oportuna de problemas auditivos en la infancia son claves para garantizar que cada niño tenga igualdad de oportunidades para escuchar, entender y participar activamente en el aula. Incluso una pérdida sutil puede dejar huellas profundas en la concentración y en la adquisición de conocimientos”, señaló la Lic. Agustina Leiro, fonoaudióloga de GAES Amplifon.
La mirada clínica: más allá de «oír bien»
Desde el punto de vista médico, el impacto de la hipoacusia va mucho más allá de una simple dificultad para oír. “La audición es el primer paso para el desarrollo del lenguaje y la comunicación; sin una señal auditiva clara, el cerebro recibe información incompleta y el niño debe realizar un mayor esfuerzo cognitivo para seguir el ritmo de la clase, lo que termina afectando su atención, su memoria y su participación”.
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Por este motivo, el impacto de la pérdida auditiva puede confundirse con otros trastornos, como el déficit de atención y la evaluación audiológica debería formar parte del chequeo escolar habitual, especialmente en los primeros años de la escolaridad.

Datos que no podemos ignorar: los profesionales de la salud observan a diario que una pérdida auditiva unilateral puede colocar entre el 25 % y el 35 % de los niños en riesgo de repetir al menos un grado escolar si no se diagnostica y trata a tiempo.
En América Latina, cerca de 5,4 millones de escolares entre 5 y 19 años presentan pérdida auditiva o sordera, con una prevalencia regional promedio del 3,6 %.
Prevención y colaboración: el camino a seguir
La buena noticia es que una gran parte de estas dificultades puede prevenirse o mitigarse mediante acciones simples y sistemáticas cribados auditivos en edades tempranas, educación sobre la exposición a ruidos intensos y acceso oportuno a la intervención audiológica. La colaboración entre el sistema de salud, el ámbito educativo y las familias es una pieza clave para que cada niño pueda desarrollar su máximo potencial.
En este nuevo ciclo escolar, el llamado es claro: incorporar la salud auditiva en la agenda educativa y sanitaria, porque escuchar bien no es solo oír, es aprender, participar y crecer.
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— misionesonline.net (@misionesonline) March 18, 2024

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