La psicóloga social Ileana Acosta desentrañó las nuevas “microtribus” que emergen de la hiperdigitalización, desde los therian hasta quienes "pasean lechugas". En esta línea, explicó que estas tendencias reflejan cambios culturales, la búsqueda de pertenencia y una forma de gestionar el estrés o malestar, el cual, según su perspectiva, “en otros contextos se somatizaba a través del alcohol, las drogras o algún tipo de violencia”. No obstante, “mientras separen realidad de ficción está todo bien”, opinó.
Entrevista Red Ciudadana
En un mundo de cambios vertiginosos y conexiones digitales, emergen nuevas formas de identidad y pertenencia que desafían las categorías tradicionales. La psicóloga social Iliana Acosta analizó estos fenómenos, desde los recientemente viralizados therian hasta microtribus insospechadas.
Lo que comenzó hace unas semanas con el fenómeno de los therian, personas que se identifican con animales no humanos, no deja de generar reacciones e interrogantes.
“Mientras separen realidad de ficción está todo bien”
Acosta, psicóloga social con una vasta trayectoria, abordó la dificultad de comprender estas tendencias para generaciones mayores. La especialista profundizó en la raíz de esta brecha generacional: “A la mayoría de los sub 30 para arriba nos cuesta entender estas nuevas tendencias porque somos de otra generación. Lo que estamos viendo socialmente en esta manifestación es un cambio cultural a nivel mundial, pero aparte la generación de microtribus”, explicó.

“No son tribus urbanas, pero son microtribus que tienen identidad subcultural y que son una manifestación o un síntoma, depende cómo se lo tome, pero que mientras que ellos puedan entrar y salir del rol, mientras que ellos puedan diferenciar la realidad de la ficción, está todo absolutamente bien”, agregó.
En el caso de los adultos que se identifican como therian o furries, la profesional de la Salud Mental señaló que, estas microtribus funcionan como una vía para “salir del estrés laboral”, dado que le ofrecen un contexto con su propio idioma, identidad, cultura y rituales donde pueden “desestresarse y controlar lo que ocurre”.
Aunque para nuestra sociedad el fenómeno es reciente, la especialista citó ejemplos sorprendentes a nivel global, como personas que “pasean lechugas o repollos” en países como Finlandia, Alemania o China, una práctica que interpreta como una “manifestación somática en contra de la situación social del país”. Asimismo, consideró que en sociedades como las mencionadas, con necesidades básicas satisfechas, “emergen cuestiones emocionalmente no resueltas”.
Al comparar con lo que sucede en América Latina, y Argentina en particular, donde se vive “con un contexto de constante crisis, en la que las instituciones tradicionales como la familia, el Estado, la escuela, todos los lugares que antes eran seguros y nos daban una visión de futuro ya no son estables, por diferentes razones, entonces buscan estos microgrupos urbanos donde se identifican y se sienten seguros”, sostuvo.
Sumado a esto, también cobra un rol importante la influencia de la hiperdigitalización, según Acosta, ya que la generación de jóvenes actual “se junta digitalmente y cuando hacen esa juntada en sociedad, necesitan las máscaras. Nosotros en los 90 o 2000 nos juntábamos físicamente y éramos hardcore, cumbieros, o queríamos ser futbolistas o modelos. Y ellos tienen lo visual pero digital a través de la información de grandes países con grandes producciones que tienen esta tendencia con los animales”.
“Si miramos dibujos japoneses, es inocente, es volver a lo simple. Si lo traemos a América latina, la manera de gestionar el estrés o de somatizar las situaciones, para bien o para mal, en algunos contextos es o el alcohol o las drogas o algún tipo de violencia. En estos contextos hipertecnológicos, el malestar se expresa en microidentidades experimentales. Ellos van cambiando y van nombrando su angustia social, pero no necesariamente para descargarse sino también para pertenecer, buscan un grupo de pertenencia”, dijo.
Para la especialista, estas identificaciones no deben leerse automáticamente como patológicas. No obstante, marcó una diferencia clara entre adolescentes y adultos: “Tenemos que diferenciar también las edades. Si hablamos de adolescentes, si hablamos de adultos jóvenes o de adultos ya grandes. Ahí estamos hablando de cosas absolutamente distintas”.
Ante la reiteración de figuras animales en estas tendencias, Acosta planteó una hipótesis cultural. “¿Qué tienen los animales que nosotros a veces envidiamos, entre comillas? Tienen una vida muy simple, están en su contexto de relax, entre sus pares. Eso es lo que están buscando”, adujo.
De acuerdo con la experta en la materia, el fenómeno no es aislado ni pasajero, sino parte de un complejo entramado donde la viralización y la inmediatez marcan el pulso social. “A veces a nosotros nos genera resistencia el cambio. Esto es simplemente algo distinto, mientras que no se hagan daño, habrá que aceptarlo”, opinó.

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