El oficialismo consiguió la media sanción de la reforma laboral tras aceptar más de 50 cambios y sellar un acuerdo clave con la CGT. Mientras el Gobierno exhibe fortaleza parlamentaria, el sindicalismo debate si activa un paro nacional o si prioriza la negociación en Diputados.
La media sanción de la reforma laboral dejó al Gobierno al borde de los dos tercios en el Senado y consolidó su primer gran triunfo político tras el nuevo escenario electoral. Pero el éxito legislativo convive con una pregunta abierta: si la CGT, que pactó modificaciones centrales, avanzará finalmente con un paro nacional o si volverá a optar por la negociación.
El acuerdo implicó más de 50 cambios al proyecto original impulsado por Javier Milei. El oficialismo cedió en puntos sensibles para el sindicalismo, como la continuidad de la cuota solidaria —con un tope del 2%— y el mantenimiento de los aportes a las obras sociales gremiales. A cambio, obtuvo una votación holgada que dejó a la oposición desarticulada.
La negociación fue encabezada por Patricia Bullrich, quien logró destrabar el diálogo cuando la CGT decidió movilizar al Congreso sin convocar a un paro general. Ese gesto fue interpretado en la Casa Rosada como una señal de que el sindicalismo no estaba dispuesto a ir a fondo en la confrontación.
Sin embargo, la central obrera quedó expuesta. En los gremios admiten que el margen de presión se redujo cuando los gobernadores dejaron de ser un factor de bloqueo y el proyecto comenzó a reunir mayorías amplias. Sin poder torcer la votación, el dilema fue claro: pactar para preservar estructura o radicalizarse y perder todo. Eligieron lo primero.
El problema para el Gobierno puede estar ahora en Diputados. El artículo que modifica el régimen de licencias por enfermedad —con recortes en el porcentaje del salario durante la ausencia— generó ruido incluso entre aliados. Si la oposición logra instalar ese punto en el debate público, podría forzar cambios y devolver el proyecto al Senado.
Ahí aparece el contraste más delicado. Mientras el oficialismo exhibe capacidad de negociación y disciplina legislativa, la economía no ofrece el mismo respaldo. Inflación persistente, caída del salario real y conflictividad laboral creciente alimentan un clima social que podría empujar a los gremios a endurecer su postura.
En la CGT reconocen que el próximo movimiento del Gobierno podría ser avanzar sobre la ley de asociaciones sindicales. Ese escenario reaviva la presión interna para convocar a un paro, sobre todo en sectores más combativos que consideran que el acuerdo fue defensivo y no una victoria.
El oficialismo apuesta a que la amplitud de la votación en el Senado desactive cualquier intento de protesta masiva. “Salir con esos números da sensación de partido liquidado”, repiten cerca del Presidente. Pero en el sindicalismo miran el calendario: si en Diputados no logran modificar los puntos más cuestionados, la presión por una medida de fuerza podría volverse inevitable.
La reforma laboral le dio al Gobierno una foto de fortaleza política. El paro, si llega, pondrá a prueba cuánto de esa fortaleza se sostiene cuando el conflicto se traslada de los recintos al clima social.
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— misionesonline.net (@misionesonline) February 15, 2026

Análisis semanal: Pragmatismo libertario, economía empantanada y una provincia que gobierna para aliviar
En medio de la tensión y presiones internas, la CGT se reunirá este lunes de urgencia para definir una medida de fuerza contra la reforma laboral






