Acuerdo comercial con Estados Unidos: qué falta definir sobre carne, autopartes, acero y aluminio

El Acuerdo de Comercio e Inversiones Recíprocas elimina aranceles para miles de productos, pero deja pendientes decisiones sensibles sobre sectores estratégicos. En el Gobierno confían en que varias definiciones llegarán en el corto plazo.

El Acuerdo de Comercio e Inversiones Recíprocas firmado entre Argentina y Estados Unidos representa un avance significativo en la relación bilateral, aunque no incluye aún todas las definiciones clave que las partes buscan alcanzar. El entendimiento, rubricado por el canciller argentino Pablo Quirno y el representante comercial estadounidense Jamieson Greer, es considerado un punto de partida y no una instancia final.

El texto del acuerdo establece la eliminación de aranceles para el ingreso de 1.675 productos argentinos al mercado estadounidense y 221 productos norteamericanos al mercado local. Sin embargo, quedaron fuera del documento cuestiones sensibles como la ampliación del cupo de exportación de carne argentina, mejoras para el sector de autopartes y eventuales reducciones arancelarias para el acero y el aluminio.

En el caso de la carne bovina, el acuerdo habilita el ingreso de carne estadounidense a la Argentina con cupos, pero no incorpora mejoras explícitas para las exportaciones argentinas hacia Estados Unidos. Desde ambas capitales explican que la ampliación del cupo para carne argentina —que pasaría de 20.000 a 100.000 toneladas anuales— no requiere figurar en el texto, ya que se trata de una decisión administrativa del Gobierno estadounidense que se concretaría en el corto plazo.

Otro de los puntos sensibles es el de los aranceles al acero y al aluminio, que actualmente alcanzan el 50% para proveedores extranjeros. Si bien el acuerdo solo menciona el “compromiso de revisar” esta situación, en el Gobierno argentino esperan definiciones relativamente rápidas, dada la relevancia estratégica del tema para la industria local.

Más compleja aparece la situación de las autopartes, donde la reducción de aranceles demandará negociaciones adicionales y mayor tiempo. También quedaron pendientes precisiones sobre compromisos de inversión y financiamiento para sectores estratégicos, que requerirán acciones ejecutivas complementarias por parte de Estados Unidos.

El acuerdo, de rango jurídico inferior a un Tratado de Libre Comercio, es interpretado como una señal política fuerte de respaldo al Gobierno argentino y a la estrategia de alineamiento con Washington. Además, posiciona a la Argentina como un socio confiable en la región y abre expectativas de crecimiento del comercio bilateral, que el propio Ejecutivo estima en más de USD 1.000 millones adicionales.

Desde el sector empresario, el entusiasmo convive con algunas preocupaciones. Mientras se destaca la posibilidad de ganar participación en el mercado estadounidense frente a otras economías de la región, persisten dudas sobre el impacto en sectores como laboratorios, metalmecánica y, especialmente, hasta que se definan los aranceles finales para acero y aluminio.

En paralelo, la Argentina asumió compromisos internos, como la presentación ante el Congreso de la adhesión al Tratado de Cooperación en materia de Patentes antes del 30 de abril y la derogación de normas administrativas que afectan la protección de patentes. En el Gobierno confían en que estas medidas, junto con las definiciones pendientes del acuerdo, consoliden una nueva etapa en la relación económica entre ambos países.

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