Este 4 de febrero se cumple el 30° aniversario del accidente del carguero colombiano que se estrelló en Mariano Roque Alonso. Murieron 22 personas, la mayoría niños que jugaban en una plaza. Los audios de la caja negra revelaron que el piloto jugaba a "poner a prueba" a su aprendiz antes del impacto.
El calendario marca hoy una de las fechas más dolorosas para la memoria colectiva del Paraguay. Se cumplen tres décadas de aquel 4 de febrero de 1996, cuando un avión carguero de la compañía colombiana LAC se precipitó sobre el barrio Monseñor Bogarín, apenas un minuto después de despegar del aeropuerto internacional Silvio Pettirossi.
La magnitud del desastre fue inédita: 22 muertos. Entre las víctimas se encontraban los cuatro tripulantes y 18 vecinos de la zona. El impacto ocurrió sobre una plaza y varias viviendas; la mayoría de los fallecidos en tierra eran niños que disfrutaban de la tarde al aire libre.
«Un juego» que terminó en catástrofe
Lo que durante mucho tiempo se pensó que pudo ser una falla mecánica, terminó siendo, según las investigaciones oficiales, un caso escalofriante de negligencia humana. Las cajas negras del avión revelaron una verdad difícil de digerir: el capitán José Muñoz decidió «testear» la pericia del copiloto José Karft en pleno despegue.
De acuerdo a los registros de voz, el capitán redujo deliberadamente la potencia de los motores para ver cómo reaccionaba su compañero, una maniobra prohibida y suicida. En medio de bromas e ironías registradas en la cabina, el avión perdió el empuje necesario y se volvió ingobernable.

El último grito antes del impacto
Los audios recuperados de la caja negra son estremecedores. En los segundos finales, las risas se convirtieron en pánico cuando el copiloto, desesperado al ver que no podía estabilizar la aeronave, gritó: “¡Hijos de p…! ¡No puedo con él! ¡No puedo!”.
Segundos después, la aeronave impactó contra el suelo, desatando un incendio que arrasó con manzanas enteras.
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Una herida que no cierra
Treinta años después, el barrio Monseñor Bogarín lleva las cicatrices de aquel día. El accidente cambió para siempre las regulaciones aéreas en la región y sigue siendo estudiado en las escuelas de aviación como el ejemplo más brutal de cómo el exceso de confianza y el incumplimiento de los protocolos pueden destruir cientos de vidas en un instante.
Hoy, la comunidad de Mariano Roque Alonso recuerda a sus víctimas con flores y oraciones, manteniendo viva la memoria de una tarde en la que el cielo se desplomó sobre ellos.
Fuente: Ultima Hora

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