Tras la polémica entre Caputo y referentes del sector, las cifras detrás de la crisis de la industria textil y el cierre de fábricas

El enfrentamiento entre el Gobierno y la industria textil argentina escaló esta semana a partir de declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, en las que cuestionó con dureza los precios de la ropa producida en el país y defendió la apertura de importaciones como mecanismo para abaratar los costos al consumidor. La polémica abrió un debate sobre las causas estructurales de los altos precios, la competencia con productos foráneos y el cierre de empresas locales.

Caputo disparó contra la industria al sostener que nunca compró ropa en Argentina “porque era un robo”, y vinculó el elevado precio de indumentaria y calzado con décadas de proteccionismo y mayores costos internos en comparación con productos importados. “Hay 47 millones de argentinos que han tenido que pagar textiles y calzado dos, tres, cuatro o hasta diez veces lo que valen en el mundo”, afirmó en sus redes sociales, donde incluso celebró que algunos empresarios admitieran públicamente que “estábamos caros”.

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La respuesta del sector no se hizo esperar. El presidente de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), Claudio Drescher, cuestionó tanto el diagnóstico como las soluciones propuestas por el Gobierno. “No lograron desarmar ni un solo impuesto”, señaló y atribuyó el elevado costo de la ropa principalmente al peso tributario y a los costos operativos locales, que, según explicó, representan alrededor del 55 % del precio final de una prenda entre IVA, aranceles de tarjeta, alquiler y otros ítems.

El debate se profundiza también con datos preocupantes para la actividad. En el último año, más de 500 establecimientos del rubro textil cerraron sus puertas debido a la caída del consumo, a la competencia de productos importados y a una productividad que, según empresarios, no logra sostenerse frente a la presión de costos y baja de ventas.

Desde el oficialismo se insiste en que la liberalización del comercio y la competencia con precios internacionales pueden beneficiar al consumidor y generar mayor dinamismo económico. Analistas del Gobierno han argumentado que adquirir productos importados —más baratos en promedio que los nacionales— dejaría a los argentinos con más capacidad de gasto en otros sectores, con el consiguiente impacto multiplicador.

Pero esa visión no convence a los representantes industriales. Drescher calificó de “selectivo” el enfoque oficial y subrayó que los altos costos no se limitan al sector textil, extendiéndose a otros bienes como autos o alimentos, lo que dificulta la competitividad de la industria local en un contexto de apertura comercial.

En medio de esta confrontación política y económica, el trasfondo real para la industria textil argentina es la crisis de rentabilidad y empleo: la combinación de apertura de importaciones, caída de la demanda interna y persistencia de elevados costos operativos y tributarios ha profundizado la vulnerabilidad del sector, con cierres de empresas y pérdida de puestos de trabajo que ahora se discuten en clave pública y mediática.

Fuente: TN

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