El Gobierno nacional busca que el Senado trate la reforma laboral antes del 13 de febrero

La Casa Rosada intenta llevar la reforma laboral al recinto del Senado en los próximos días. Las negociaciones con bloques dialoguistas y gobernadores siguen abiertas, mientras varios puntos técnicos dependen de decisiones del Ministerio de Economía.

El oficialismo intensifica las gestiones para que el Senado trate la reforma laboral antes del 13 de febrero. La intención es aprobar el proyecto en la Cámara alta y enviarlo luego a Diputados, en un movimiento que el Gobierno considera clave dentro de su agenda legislativa.

El recorrido de la iniciativa comenzó en diciembre, cuando obtuvo dictamen de mayoría, pero su tratamiento se postergó en medio de negociaciones políticas y pedidos de modificaciones. Ahora, el Ejecutivo busca retomar ese sendero y encaminar una definición.

Un encuentro previsto entre referentes dialoguistas y la conducción oficialista del Senado aparece como un punto de referencia inmediato. Allí podrían clarificarse posiciones de bloques que no integran el núcleo duro libertario pero resultan decisivos para alcanzar los votos.

En paralelo, la Casa Rosada ajusta su estrategia parlamentaria en un contexto donde cada apoyo cuenta. La reforma laboral no solo implica cambios normativos, sino también un test político sobre la capacidad del Gobierno para articular mayorías.

Buena parte de las conversaciones involucran a gobernadores, que mantienen influencia sobre legisladores provinciales. Desde esas administraciones surgen inquietudes vinculadas al impacto fiscal y a la distribución de recursos.

Uno de los ejes sensibles gira en torno a la coparticipación y a posibles cambios en beneficios impositivos. Los mandatarios plantean que cualquier modificación debe contemplar la situación financiera de las provincias.

En ese escenario, el Ministerio de Economía ocupa un rol central. Varios artículos del proyecto remiten a reglamentaciones posteriores que quedarán bajo su órbita, lo que genera pedidos de mayor precisión por parte de aliados legislativos.

Entre los puntos técnicos aparece también el diseño de regímenes de incentivo a la inversión y otros instrumentos tributarios que requieren definiciones finas. Legisladores dialoguistas buscan acotar márgenes de discrecionalidad y establecer plazos.

Mientras tanto, el debate estrictamente laboral convive con una discusión más amplia sobre competitividad, empleo y condiciones para la actividad privada. El Gobierno defiende la reforma como parte de un paquete orientado a dinamizar la economía.

En el Senado, la oposición peronista observa el proceso y evalúa su posicionamiento, mientras bloques intermedios negocian cambios puntuales. La dinámica muestra un equilibrio ajustado, donde cada voto puede alterar el resultado.

Para el oficialismo, lograr la aprobación en esta etapa tendría un peso simbólico y político relevante, al consolidar una de las reformas estructurales que impulsa desde el inicio de la gestión.

Las próximas jornadas serán determinantes para saber si el proyecto llega al recinto en los plazos previstos y con qué nivel de consenso. El desenlace marcará el ritmo legislativo de las semanas siguientes.

Fuente: Infobae.

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