Diciembre dejó una marca de 500 milímetros, pero el escenario actual muestra otra cara. Hoy, la escasez de lluvias y el sol implacable de enero dictan la suerte de los frutales en la chacra de Misiones. El ingeniero Eric Stolar describió el impacto sanitario en las vides y expuso las claves para proteger los cultivos frente al clima estival.
El ingeniero Eric Stolar, investigador del INTA Cerro Azul, analizó un escenario productivo marcado por los extremos. Tras un diciembre con excesos hídricos de 500 milímetros que complicaron la sanidad, el sector enfrentó un enero de seca y alta irradiación. Entre la cosecha del ananá y el cuidado crítico de los paltos, el especialista trazó las claves para salvar la temporada.
La realidad de la provincia resultó bastante heterogénea y los cultivos sintieron el impacto de un clima que no dio tregua. Eric Stolar explicó que diciembre fue un mes muy particular porque las precipitaciones superaron los 500 milímetros, mientras que las mañanas frescas se extendieron hasta la primera quincena de enero. Esta transición brusca hacia el calor intenso de las últimas semanas definió la suerte de cada fruta en la tierra colorada.
En el caso del ananá, el especialista señaló que la cosecha se encuentra activa, aunque el proceso fisiológico de la planta sufrió alteraciones. “La fruta que se empezó a cosechar en diciembre, donde eran los días mucho más frescos, tuvo cambios en su funcionamiento y eso llevó a que disminuyera el dulzor”, precisó Stolar. No obstante, el investigador aclaró que la situación mejoró con el paso de las semanas, ya que la menor cantidad de agua y el ascenso de la temperatura permitieron una mayor concentración de azúcares.

Por otro lado, la banana logró capitalizar el agua acumulada a finales de año. Stolar detalló que la humedad de diciembre favoreció el desarrollo de los cachos y la longitud de los «dedos». Como los bananales ya atravesaron su etapa de mayores requerimientos hídricos, la merma de lluvias de este último tramo de enero terminó por beneficiar el llenado del fruto y la sanidad de las hojas.
Sin embargo, el panorama fue sombrío para los frutales de carozo y las vides. El exceso de humedad en diciembre disparó ataques de hongos como el mildiu y la antracnosis. Sobre este punto, el ingeniero lamentó que se registraran “severas pérdidas en cuanto a producción de fruta”, especialmente en aquellas variedades tardías de durazneros y ciruelos que no alcanzaron un manejo fitosanitario óptimo.

El cuidado del palto y el auxilio del ácido bórico
Una de las preocupaciones centrales que manifestó el técnico del INTA fue la situación de los nuevos yerbales y, fundamentalmente, de las cuencas de palta. Como estas plantas son jóvenes y todavía no poseen un sistema radicular desarrollado, la falta de agua las puso en una situación de vulnerabilidad extrema.
“El palto es una planta muy delicada con el tema de la falta de agua; si no tiene el aporte, empieza a secarse las puntas de las hojas y luego las pierde”, advirtió Stolar. Además del riego, el investigador remarcó que el tronco de estas plantas jóvenes es muy susceptible a la luz solar intensa, la cual provoca quemaduras que derivan en enfermedades fatales para el cultivo.
Para mitigar estos efectos, Stolar recomendó el uso de telas de media sombra o una técnica tan económica como efectiva: la lechada de cal. Esta pintura blanca en los troncos funciona como un escudo contra la irradiación solar. En la misma línea, propuso una herramienta accesible para mejorar las defensas de los frutales frente al estrés térmico. “Se puede comprar en la farmacia el sobre de ácido bórico; se usa un gramo por litro de agua y con eso se pulveriza la planta”, puntualizó el ingeniero. Según su análisis, este aporte no es una solución mágica, pero refuerza la respuesta de los ejemplares jóvenes ante el clima adverso.

De esta manera, el especialista recordó que la nutrición del suelo debe ser balanceada. Explicó que muchos productores se limitan al uso de nitrógeno, fósforo y potasio, pero se olvidan de elementos clave como el magnesio y el calcio. “Cuando a una planta le falta magnesio, empieza a amarillar porque no produce la suficiente cantidad de clorofila”, concluyó Stolar, quien comparó esta carencia con la anemia humana para subrayar la necesidad de una alimentación vegetal completa que incluya dolomita o cal agrícola.
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— misionesonline.net (@misionesonline) March 18, 2024
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