En el corazón de la 66ª edición del Festival Nacional de Folclore de Cosquín, la cuarta luna de este martes 27 de enero consolidó a la Plaza Próspero Molina como el epicentro de la música popular argentina.
Mientras los espectáculos callejeros desbordan las plazas aledañas en una vibrante atmósfera paralela, el festival se encamina hacia su clausura el próximo domingo 1° de febrero.
En esta jornada, la reflexión sobre la identidad, el compromiso social y la resistencia cultural de los artistas frente a las nuevas estéticas comerciales se convirtió en el eje central de un encuentro que, año tras año, define el rumbo del mapa de letras nacional.
En este contexto, Jorge “Mono” Leguizamón, el cantor santiagueño de dilatada trayectoria, celebró el reencuentro con sus colegas, pero marcó una postura firme respecto al uso del escenario.
“Me duele cuando hay ciertos artistas, no todos, que suben al escenario a hacer política, Y la cultura no es política, el canto no es política. Es raíz, es tradición, eso es el folclore”, expresó con dureza.
Leguizamón, quien recordó su labor comunicacional en pandemia junto a figuras como Galleguillo, el Chaqueño Palavecino y Los Tekis, enfatizó su lealtad a la herencia recibida.
“Voy a morir con las raíces, sin hacer estridencia y cosas que no se deben a la falta de respeto a la cultura”, indicó.
En una sintonía de humildad y búsqueda, el santafesino Efraín Colombo decidió este año transitar el festival desde la calle y las peñas, a pesar de su estatus profesional. Para Colombo, Cosquín es un retorno a la inocencia.
“Para mí, Cosquín es infancia, simpleza, tierra y familia”, dijo. “A Cosquín uno viene a soñar”.
El artista, cuyas composiciones fueron grabadas por Los Nocheros y el Chaqueño Palavecino, explicó su necesidad de “empezar de vuelta” para reconectar con el público cordobés y, desde allí, con el país.
“No puedo pensar que mi propuesta musical ya es conocida por tener un espectáculo más. la canción es la que nos da la esperanza. Las canciones van más rápido que vos”, reflexionó.
Dejó, además, un mensaje para los más jóvenes. “No hay que bajar los brazos nunca”, les recomendó. “Hay que andar siempre con los mismos sueños que te gestó la inocencia”.
Por su parte, Adrián Maggi, la Consagración de 2020 y referente del canto surero, aportó la mirada más crítica sobre la espectacularización del género.
“Se ha perdido el hombre solo, la mujer sola con la guitarra, se ha perdido el mensaje. Eso me preocupa un poco”, señaló el compositor bonaerense.
Maggi, quien se presentará este sábado en la noche de Soledad Pastorutti, defendió el arte como herramienta de transformación social.
“El arte es una maravillosa oportunidad de cuestionar la realidad y mejorarla. Hay cantores que vienen de zonas muy pobres, suben al escenario y no dicen nada. Le hacen una clase de aeróbica, de zumba, y se llevan los millones”.
Con el peso de quien asistió 26 veces al festival antes de ser premiado, concluyó citando a Atahualpa Yupanqui. “La tierra señala a sus elegidos, no para vanagloriarse, sino para su sacrificio”.
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— misionesonline.net (@misionesonline) March 18, 2024
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