El riesgo país argentino retomó una dinámica errática y volvió a ubicarse cerca de los 570 puntos básicos. Aunque el indicador muestra una mejora significativa respecto de 2025, los analistas advierten que el proceso perdió impulso y que romper el piso actual exige señales más contundentes.
El riesgo país argentino volvió a moverse al alza y encendió nuevas señales de alerta en el mercado financiero. El indicador que elabora J.P. Morgan subió 0,7% en la última jornada y se ubicó en torno a los 570 puntos básicos, acumulando avances en cinco de las últimas siete ruedas y sin lograr perforar de manera sostenida el umbral de los 560 puntos.
La dinámica reciente refleja una pausa en el proceso de mejora que se había consolidado durante buena parte de 2025. Si bien el spread soberano se redujo de manera significativa desde los máximos del año pasado, el movimiento actual muestra mayor volatilidad y dificultades para converger hacia niveles más cercanos a los de otros países de la región.
Desde el Gobierno, la evolución del riesgo país es observada de cerca, ya que la compresión del spread es uno de los objetivos centrales para mejorar el acceso al financiamiento y reducir el costo de capital de la economía. Sin embargo, el mercado parece demandar señales adicionales para validar una nueva etapa de baja sostenida.
Según un informe reciente de la consultora Quantum, desde fines de septiembre de 2025 el riesgo país medido por el EMBI+ se redujo en alrededor de 890 puntos, al pasar de niveles cercanos a 1.450 unidades a la zona actual de 560/570. No obstante, desde finales de noviembre ese proceso perdió fuerza y el indicador quedó oscilando en un rango elevado.
“Aun con fundamentos y perspectivas económicas relativamente mejores que en otros casos, el bono argentino a 10 años rinde cerca de 9,8%, con un spread de más de 560 puntos, muy por encima del de países como Brasil”, señalaron desde la consultora, al comparar la situación local con la de la región y otros mercados emergentes.
Para los analistas, uno de los factores clave para destrabar una nueva baja del riesgo país es la acumulación de reservas internacionales. En ese sentido, el Banco Central compró más de USD 500 millones desde comienzos de enero, aunque el mercado sigue evaluando la sostenibilidad de ese proceso y su impacto de largo plazo.
Quantum también remarcó que la reducción de la prima de riesgo tiene efectos directos sobre la economía real. “Una baja del riesgo país contribuye a reducir el costo de capital para las empresas, mejora el acceso al financiamiento y fortalece las perspectivas de inversión”, indicaron, al recordar que la caída del spread desde septiembre coincidió con una fuerte suba del S&P Merval medido en dólares.
Desde el mercado de renta fija, algunas señales comienzan a diferenciarse. Según la sociedad de bolsa IEB, en los últimos meses se observa una compresión del diferencial entre los bonos soberanos de ley local y los de legislación extranjera, con un mejor desempeño relativo de los Bonares frente a los Globales.
Ese movimiento refuerza la expectativa de que, si el riesgo país retoma la tendencia descendente, los bonos bajo ley local podrían ser los principales beneficiados. No obstante, los especialistas coinciden en que el escenario sigue condicionado por factores macroeconómicos, financieros y políticos que aún deben consolidarse.
En ese marco, el comportamiento del riesgo país vuelve a funcionar como termómetro de la confianza del mercado. La estabilización en niveles elevados marca un desafío para la estrategia oficial y deja en evidencia que, más allá de la mejora acumulada, el proceso de normalización financiera todavía enfrenta límites claros.
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