Un almuerzo reservado en la Casa Blanca marcó un acercamiento entre Donald Trump y María Corina Machado. Aunque la líder opositora fue incorporada a la estrategia estadounidense, la administración republicana seguirá controlando el vínculo político con Caracas.
La estrategia de Donald Trump para avanzar en una transición democrática en Venezuela se maneja como un secreto de Estado y está concentrada en un círculo reducido de funcionarios de la administración republicana. En ese marco, el presidente de Estados Unidos decidió incluir a María Corina Machado en su hoja de ruta política.
El acercamiento se concretó durante un almuerzo a puertas cerradas en la Casa Blanca, que permitió acortar distancias entre Trump y la principal líder de la oposición venezolana, aunque sin modificar el control absoluto que Washington mantiene sobre la relación con Caracas.
La secuencia completa del plan diseñado por Trump es conocida solo por Marco Rubio, secretario de Estado; JD Vance, vicepresidente; Pete Hegseth, secretario de Guerra; y Susie Wiles, jefa de Gabinete. Fuera de ese núcleo, la información circula de manera fragmentada.
En las decisiones iniciales que derivaron en la captura de Nicolás Maduro y en la apertura del diálogo político con Delcy Rodríguez, tanto Machado como Edmundo González Urrutia, presidente electo de Venezuela, quedaron excluidos de la mesa de definiciones.
Trump justificó su decisión de dialogar con Delcy Rodríguez a partir de una lógica geopolítica basada en experiencias pasadas. Recordó los casos de Irak, Afganistán y Vietnam, y sostuvo que un vacío de poder podría derivar en escenarios de inestabilidad extrema.
En ese contexto, Rubio abrió un canal de comunicación permanente con Rodríguez y, una vez que Trump evaluó que la funcionaria se alineaba con su guión político, ordenó una llamada directa con quien quedó al frente del poder en Caracas tras la detención de Maduro.
Los elogios públicos de Trump hacia Delcy Rodríguez y un posterior mensaje de ella aceptando las reglas de juego de la Casa Blanca impactaron de lleno en el entorno de Machado, que comprendió que debía recalcular su estrategia frente al nuevo escenario.
Machado recibió la confirmación del almuerzo con Trump cuando aún se encontraba en Europa. Viajó a Washington en reserva, se alojó en una residencia protegida por el servicio secreto y mantuvo reuniones con su círculo más cercano antes del encuentro en la Casa Blanca.
Durante el almuerzo, Trump sorprendió a Machado con un trato cordial. Le mostró el Salón Oval, compartió recuerdos de su última campaña presidencial y mantuvo una conversación política directa, acompañado por Rubio, Vance y Wiles.
Machado, que asistió sola al encuentro —González Urrutia permaneció en Madrid—, cuestionó a Delcy Rodríguez, reafirmó su intención de regresar a Caracas y denunció el fraude electoral que permitió al régimen sostenerse en el poder.
Trump respetó la voluntad política de la dirigente opositora y elogió su inteligencia, pero se mantuvo inflexible respecto de su hoja de ruta. Le pidió que no regrese a Venezuela hasta que la Casa Blanca lo autorice, solicitud que Machado aceptó.
El encuentro permitió un entendimiento mutuo y habilitó la incorporación de Machado a la estrategia geopolítica de Estados Unidos para Venezuela, aunque en un rol subordinado al diseño de Trump, quien aseguró al final del almuerzo que volverán a encontrarse.
La paradoja de Trump: cómo la estrategia de la Casa Blanca está empujando a sus aliados hacia China https://t.co/D9Y7w5LPcX
— misionesonline.net (@misionesonline) January 17, 2026

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