A cinco días de la captura de Maduro, partieron los primeros buques de Chevron con crudo hacia EE.UU. La petrolera, que nunca se fue de Venezuela tras sostener negocios por décadas con el Estado, es hoy la única vía legal de exportación. Mientras el bloqueo naval asfixia al resto del sector, tres tanqueros ya navegan rumbo a refinerías de Mississippi y Texas.
El movimiento de crudo en las terminales venezolanas marca un punto de giro tras el operativo de Estados Unidos. Apenas cinco días después de la captura de Nicolás Maduro, el flujo de petróleo hacia el norte se reactivó. Tres buques fletados por Chevron ya navegan con destino a refinerías en territorio estadounidense.
Este reinicio de las exportaciones no es casual ni improvisado. La petrolera Chevron nunca se fue de Venezuela. A diferencia de otras multinacionales que abandonaron el país o fueron expropiadas, la firma sostuvo sus negocios por décadas con el Estado venezolano. Esa permanencia le permite hoy ser el único actor con la infraestructura y los permisos listos para operar.
La compañía estadounidense funciona bajo una legislación especial de Washington. Es la única autorizada a extraer y transportar crudo a pesar de las sanciones. Mientras el bloqueo naval asfixia al resto de los operadores, los buques de Chevron entran y salen de los puertos con autorización oficial del Tesoro.
El rastreo marítimo confirma la hoja de ruta. El buque Ionic Anassa ya cruzó frente a las costas de Cuba. Su destino final es el puerto de Pascagoula, en Mississippi. Este tanquero cargó crudo pesado en la terminal de Bajo Grande, ubicada en el occidente del país.
En la zona de Caracas, la actividad también es intensa. El buque Nave Photon navega al norte de la capital tras pasar por la terminal de José. Lo sigue de cerca el Mediterranean Voyager. Ambos barcos tienen órdenes de descargar en el puerto de Freeport, en Texas.
Sin embargo, gran parte de la flota todavía aguarda órdenes. Los buques Minerva Gloria y Searuby permanecen fondeados en Bajo Grande. Además, otros seis barcos vacíos se acercan a las aguas territoriales. Se espera que estas naves completen sus tanques en los próximos días para continuar la cadena de suministros.
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El escenario político aceleró estos movimientos. El presidente Donald Trump confirmó que Caracas está dispuesta a entregar entre 30 y 50 millones de barriles. Esta cantidad de petróleo se encuentra actualmente «bajo sanciones». Si este flujo se concreta, los mercados de energía internacionales sufrirán una reconfiguración total.
El bloqueo naval sobre Venezuela es estricto. Washington busca impedir cualquier comercio de crudo que financie a la estructura del gobierno anterior. Esta presión generó un efecto de embudo en las refinerías locales. Los tanques nacionales están al límite de su capacidad operativa.
Las reservas de petróleo en tierra superan hoy los 22 millones de barriles. Esto representa casi la mitad de toda la capacidad de almacenamiento que tiene el país. Los analistas observan con preocupación este excedente. Si el crudo no sale pronto, la producción podría detenerse por falta de espacio.
A este stock en tierra se suma el almacenamiento «flotante». Hay más de 16 millones de barriles de petróleo sancionado cargados en barcos que no pueden zarpar. Estos buques funcionan como tanques temporales en el mar. El riesgo ambiental y logístico de esta acumulación mantiene en alerta a los operadores.
Chevron se mantiene en silencio sobre los detalles comerciales. La empresa no emitió comentarios públicos sobre estos envíos específicos. No obstante, su ventaja es clara. Al haber mantenido su relación con PDVSA durante años, hoy lidera el despacho de las reservas acumuladas.
El despliegue de los buques fletados por la compañía estadounidense es la única válvula de escape actual. Mientras el país atraviesa una transición política incierta, el petróleo vuelve a fluir hacia el norte. La logística de Chevron es, por ahora, el único puente operativo entre el crudo venezolano y las refinerías de Estados Unidos.
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