Héctor Dingler, presidente de la Cooperativa Agrícola de Dos de Mayo analizó un año complejo para la actividad yerbatera. Con precios por debajo de los costos, alta producción, dificultades financieras y un mercado desregulado, advierte sobre los desafíos estructurales que enfrenta la cadena y anticipa un escenario de mayor concentración y tecnificación. Advirtió que el productor que no tenga buenos rindes está condenado a la desaparición y destacó que la única salida del laberinto pasa por incrementar las exportaciones.
La yerba mate atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas. Con precios deprimidos para la hoja verde y la yerba canchada, plazos de pago que se estiran y un contexto de desregulación que altera las reglas de juego históricas. Así lo describe Héctor Dingler, presidente de la Cooperativa Agrícola de Dos de Mayo, entidad que elabora la yerba mate Indumar y que se ha consolidado como uno de los actores cooperativos más relevantes de la provincia.
“Fue un año complicado con el tema de precio más que nada. El precio que hoy se está comercializando tanto la yerba verde como la canchada es muy bajo; los productores están trabajando por debajo del costo de producción”, resume Dingler, al trazar el balance de la última campaña. La afirmación no es menor: en una actividad intensiva en mano de obra y con altos costos de mantenimiento del cultivo, producir por debajo del costo implica un deterioro acelerado del capital productivo y social.
Producción récord en un contexto adverso
Paradójicamente, la crisis de precios convive con altos niveles de producción. La cooperativa que preside Dingler logró sostener e incluso incrementar su actividad industrial. “De todas maneras hicimos muchísimos kilos. Tenemos tres secaderos de alta producción, secaderos modernos, lo que nos permitió vender toda la producción de canchada y también un porcentaje lo hacemos para nuestra marca propia, Indumar”, explica.
La clave, según el dirigente, estuvo en la inversión previa en tecnología. La modernización de los secaderos permitió eficiencia, volumen y calidad, factores que hoy marcan la diferencia en un mercado saturado. Pero no todos los actores de la cadena cuentan con esa espalda financiera. De hecho, Dingler anticipa un escenario aún más complejo para el año próximo, con una fuerte presión sobre los eslabones más débiles.
“Creemos que va a haber muchísima yerba verde. Hay muchos secaderos que están muy complicados con el sector financiero; están volviendo muchos valores de secaderos que están en problemas”, advierte. En ese marco, la cooperativa se prepara para recibir entre un 30% y un 40% más de materia prima que en la campaña actual, acompañando esa expectativa con nuevas inversiones: “Estamos construyendo dos secaderos nuevos que van a ser de alta producción, con toda la tecnología que hoy nos exige el mercado”.
“Creemos que va a haber muchísima yerba verde. Hay muchos secaderos que están muy complicados con el sector financiero; están volviendo muchos valores de secaderos que están en problemas”
El diagnóstico de Dingler sobre la oferta futura es claro: si las condiciones climáticas se mantienen, la producción seguirá creciendo. “Estamos teniendo lluvias bastante regulares. La yerba es una planta muy noble que se recupera y que, si no le falta agua, produce”, señala. Si bien reconoce la presencia de plagas como el rulo, considera que su impacto será limitado.
El verdadero factor estructural está en la transformación productiva de los yerbales. En los últimos años se plantaron miles de hectáreas con alta densidad y genética mejorada. “Son yerbales nuevos y de alta producción por hectárea, plantados con alta densidad y plantines de calidad policlonal, y eso da un rinde mejor”, explica. El resultado es una mayor productividad que, sin un correlato equivalente en la demanda, deriva en sobreoferta.
“Yo creo que va a haber un excedente de hoja verde”, afirma sin rodeos. Y ante la pregunta sobre si eso es bueno o malo para el productor, la respuesta es contundente: “Estamos atravesando un momento malo en cuanto a los precios porque el mercado está desregulado y, al tener una alta producción de hoja verde, más los stocks que tienen los grandes molineros, esto va a hacer que se estiren los plazos o que el precio inclusive sea menor al del año anterior”.
Uno de los ejes centrales del debate sectorial es el rol del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). La reciente designación de un nuevo presidente generó expectativas, pero Dingler es cauto. “La base fundamental del INYM es que tenga la potestad de poner un precio mínimo. Si no le devuelven las facultades que tenía para fijar un precio de base, creo que no va a tener mucha incidencia en cuanto al precio al productor”, sostiene.
Para el dirigente cooperativo, la designación de autoridades sin herramientas efectivas resulta insuficiente. “Si nombramos al presidente y no le damos las facultades para lo cual fue creado el INYM, no va a hacer mucho efecto en la producción primaria”, enfatiza. En un mercado desregulado, la asimetría de poder entre productores y grandes industrias se profundiza, y el precio termina siendo la variable de ajuste.
La cadena de pagos bajo tensión
La sobreoferta y la concentración industrial impactan de lleno en la cadena de pagos. Dingler describe un mecanismo conocido en el sector: “Cuando hay producción de sobra, los grandes molineros empiezan a estirar los plazos de pago”. En la última campaña, el problema se agravó por el contexto financiero. “Teníamos tasas de interés muy altas; se hacía casi imposible descontar cheques en los bancos”, recuerda.
Si bien reconoce que las tasas comenzaron a bajar, advierte que los plazos largos siguen siendo un problema estructural. “Eso hace que el producto valga menos, porque el secadero al descontar el cheque le descuenta el costo de financiamiento al productor y le queda menos plata al productor primario”, explica. El efecto final es una transferencia de costos hacia el eslabón más vulnerable de la cadena.
Del lado de la demanda, el panorama es mixto. “El consumo algo está subiendo, tanto en el consumo interno como en las exportaciones”, reconoce Dingler. Sin embargo, ese crecimiento resulta insuficiente frente al aumento de la producción. “La producción supera al aumento de consumo y de exportación, eso hace que hoy tengamos un precio bajo y con plazos largos para el cobro”.
En el mercado interno, además, se intensificó la competencia en el segmento de yerba envasada. “Hay muchas marcas que comenzaron a meterse en el mercado”, señala. Esa mayor competencia obliga a ajustar precios y márgenes, incluso a las marcas tradicionales. “Al haber mayor competencia, también eso hace que baje el precio”, admite.
Particular preocupación le genera la proliferación de marcas de muy bajo precio. “Están regalando prácticamente el producto. Muchas veces es un producto de muy baja calidad, con mayor porcentaje de palo o mezclas de hierbas”, critica. En ese sentido, reclama una regulación más estricta del segmento de las yerbas compuestas: “Te encontrás con paquetes que tienen muy poca yerba adentro y figura yerba mate; el resto son otras hierbas”.
Exportaciones: la salida para el sector
Las exportaciones aparecen como una de las pocas luces en el horizonte. Dingler considera que hay “mucho por explotar” y que la tendencia de crecimiento es sostenida, aunque gradual. “Todos los años crece la exportación, un 5% o un 10%, pero eso es superado por la producción”, aclara.
Desde su perspectiva, el equilibrio entre oferta y demanda interna requeriría un salto mucho mayor. “Para equilibrar deberíamos exportar por lo menos 120 millones de kilos de yerba molida o canchada, más del doble de lo que se está exportando hoy”, plantea. El desafío, reconoce, es que ese crecimiento no se logra de un día para el otro y exige inversión, promoción y adaptación a mercados externos.
“Para equilibrar deberíamos exportar por lo menos 120 millones de kilos de yerba molida o canchada, más del doble de lo que se está exportando hoy”
Mirando a cinco o diez años, Dingler anticipa un escenario de mayor producción. “Va a seguir incrementándose el volumen de hoja verde. Hay muchos yerbales de alta producción que recién están entrando en cosecha”, explica. La mayoría de esas plantaciones pertenecen a grandes empresas que apostaron fuerte a la yerba cuando los márgenes eran atractivos.
Frente a este contexto, el dirigente es claro con su recomendación a los pequeños productores. “Un yerbal de 5.000 kilos por hectárea hoy ya no es sostenible”, afirma. Su propuesta es avanzar, de manera gradual, en la reconversión productiva: “Ir reemplazando de a poco por yerbales de alta densidad. Un yerbal bien manejado, con 3.000 o 3.500 plantines por hectárea, te permite sacar fácilmente 15.000 kilos”.
Mano de obra y mecanización
La situación social también forma parte del análisis. En los últimos meses se observó una migración de trabajadores tareferos hacia Brasil o Paraguay en busca de empleo. Dingler relativiza el impacto a largo plazo. “Cuando hay tarefa, van a volver. La cosecha anterior no tuvo inconvenientes en cuanto a mano de obra”, asegura.
Sin embargo, reconoce que la mecanización avanza como tendencia estructural. “Es lo que se viene. Primero lo van a implementar los que más hectáreas tienen”, señala. La mecanización reduce costos y dependencia de la mano de obra, aunque abre interrogantes sobre el impacto en la planta y en el empleo. “No sé cuánto va a resistir la planta cosechada con máquina, por ahí baja el volumen, pero se abarata muchísimo el costo”, concluye.
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