Argentina inicia 2026 con una macroeconomía ordenada y en tren de crecimiento, pero sin proyecciones optimistas para el salario, el empleo y el consumo. Las oportunidades estarán del lado de sectores con capacidad exportadora, mientras que el mercado interno dependerá de la recuperación crédito. Analistas descartan variaciones bruscas en el tipo de cambio. El sector privado espera que las anunciadas reformas ayuden a mejorar la competitividad.
Analistas, consultoras y organismos de crédito coinciden en que 2026 será un año de crecimiento moderado, las proyecciones oscilan entre 3% y 4% del PIB -lejos de las promesas presidenciales que anticipaban una trayectoria similar a la de un pedo de buzo- pero sería el segundo año consecutivo de crecimiento, lo cual no es poca cosa.
Ese crecimiento será desparejo y asintomático para la mayor parte de la población. Sectores puntuales, como combustibles, energía, agro y minería tendrán un protagonismo excluyente con inversiones millonarias e ingreso de divisas por exportaciones. Otros como la construcción, el comercio y la industria que no tenga capacidad de exportar, tendrán un panorama bastante más modesto.
Como los rubros sobre los que se apoya el crecimiento esperado no son demandantes de mano de obra, no se espera un incremento equivalente del empleo registrado, tampoco de salarios. De allí que las proyecciones para el mercado interno no sean las mejores.
El contador Delio “Coco” Varela destacó los beneficios de tener una macro ordenada, porque eso genera un horizonte de estabilidad que es valorado por los inversores, pero advirtió que no hay motivos para esperar algún cambio en la microeconomía que define el día a día de casi todas las personas.
Mientras que el economista jefe de la regional NEA de IERAL, Gerardo Alonso Schwarz, remarcó que los tiempos de “cazar en el zoológico” de un mercado interno protegido por barreras de todo tipo se terminaron y eso dejó a las empresas con la obligación de mejorar su competitividad. Ese mandato de eficiencia ya dejó en el camino a muchas empresas en 2025 y seguirá presente este año.
El consenso de los analistas marca que sin perspectivas de mejora en los salarios ni de creación de empleo, no habrá recuperación, o al menos no significativa, de la demanda en el mercado interno, lo que restringe las oportunidades a aquellos sectores y actividades con capacidad exportadora.
Pero la competitividad también será mandato para quienes vendan al exterior, porque no se anticipa una devaluación que otorgue una rápida ventaja cambiaria, como ocurrió en otros momentos de la Argentina.
Las principales cámaras del sector privado afirman que las limitantes más grandes para la competitividad están puertas afuera de las empresas, son las que alimentan el tan mentado “costo argentino” que está más relacionado a regulaciones del Estado, costo laboral y presión impositiva.
Exigen que las políticas de apertura comercial vengan acompañadas por una serie de reformas que “emparejen la cancha” a los empresarios locales cuya producción ahora debe competir con importados que entran al país o que deben salir al mundo arrastrando costos que sus competidores de otros países no tienen.
La reforma laboral, que además incluye un capítulo impositivo, está orientada a responder el reclamo por los altos costos laborales. En la agenda del gobierno nacional también figuran proyectos de reforma de la regulación impositiva.
Proyecciones en datos
Con un presupuesto nacional recién aprobado por el Congreso —el primero bajo su administración—, el país busca afianzar la estabilidad macroeconómica lograda en 2025, marcada por la reducción de la inflación y un rebote de la actividad que se estancó en la segunda parte del año.
Las proyecciones de organismos internacionales como la OCDE, el FMI y firmas como Deloitte pintan un panorama mixto: un crecimiento moderado, pero con riesgos latentes como la volatilidad cambiaria, la dependencia de las exportaciones de commodities y las tensiones geopolíticas globales.
Tras una contracción en 2024 y un rebote estimado del 4,5% en 2025, las proyecciones para el PIB real en 2026 apuntan a una desaceleración, aunque positiva. El gobierno argentino, en su presupuesto aprobado el 27 de diciembre de 2025, estima un crecimiento del 5%, impulsado por inversiones en sectores clave como energía y minería, junto con una mayor integración comercial regional.
Organismos internacionales hacen estimaciones más conservadoras. La OCDE, por ejemplo, revisó a la baja su pronóstico a un 3%, citando un enfriamiento de la demanda interna y posibles impactos de políticas monetarias restrictivas. Allianz Trade y el FMI proyectan un 3.5%, enfatizando la necesidad de reformas estructurales para sostener el momentum. Deloitte, en su outlook global, coincide en un 3,5%, destacando el rol de las reservas internacionales positivas para apuntalar la confianza inversora.
En términos sectoriales, el agro y las exportaciones seguirán siendo motores clave, con un superávit comercial proyectado en US$13.000 millones según Deloitte. No obstante, riesgos como sequías o caídas en los precios globales de la soja podrían erosionar estas ganancias.
Uno de los logros más celebrados de la era Milei fue la reducción de la inflación, pero las proyecciones para 2026 indican que el desafío persiste. El presupuesto oficial anticipa un IPC anual del 10,1%, alineada con una política de «déficit cero» que prioriza la disciplina fiscal. Sin embargo, las pautas de inflación de los presupuestos nunca se terminan cumpliendo y 2026 no sería la excepción.
La OCDE, por ejemplo, elevó su estimación a 17,6%, advirtiendo sobre presiones salariales y posibles ajustes tarifarios. Trading Economics proyecta un 21%, mientras que Allianz Trade estima un rango de 16-20%, influido por la evolución del tipo de cambio y la demanda agregada. Deloitte ofrece una visión intermedia con un 13,7%, asumiendo una continuación de las reformas monetarias.
Esta dispersión refleja la incertidumbre: si bien la inflación mensual ha caído a niveles bajos en 2025 (alrededor del 2-3%), un shock externo —como un aumento en los precios de la energía— podría revertir los avances. La clave estará en la independencia del Banco Central y la capacidad para anclar expectativas.
Menos desempleo con menos trabajo, la paradoja del mercado laboral
La motosierra al gasto público, el aumento de costos que llegó de la mano del “sinceramiento” de las tarifas y del precio de los combustibles y la apertura de importaciones tuvieron un impacto directo en las empresas y el empleo.
Desde fines de 2023 a la fecha de este envío, cerraron casi 20 mil empresas y se perdieron más de 240 mil puestos de trabajo, 154 mil de los cuales corresponden al sector privado.
Sin embargo, los datos del INDEC muestran una reducción del desempleo, que pasó de 7,9% en el primer trimestre de 2025 a 6,6% en el tercero, el último dato disponible.
Esta aparente contradicción, es decir que disminuya el desempleo al mismo tiempo que se pierden cientos de miles de fuentes de trabajo registrado, se explica por un cambio profundo en el mercado de trabajo en el que pierde terreno el empleo registrado y crece el cuentapropismo, generalmente informal.
Vale aclarar que para el INDEC una persona tiene empleo si durante la semana previa al relevamiento realizó alguna actividad remunerada por al menos una hora. Es decir que para la estadística pública, basta con hacer changas durante una hora por semana para no ser un desempleado.
“Detrás de ese dato hay una ficción. En este caso, la caída de la desocupación no es un indicador positivo, porque no se están creando puestos formales. Las familias hacen lo que pueden para conseguir trabajo, aunque sea informal y precario, o una changa, que finalmente queda computada como empleo”, consideró Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA.
La caída del trabajo registrado tiene como correlato un crecimiento del autoempleo, potenciado por la economía de plataformas, lo que termina de dar forma a un proceso de uberización del trabajo.
Por ejemplo, la cantidad de repartidores en la plataforma Rappi aumentó 250% entre noviembre de 2024 e igual mes de 2025. En esos doce meses pasaron de 43.000 a más de 150.000 “colaboradores”.
Con lo cual el desafío principal no pasa por la tasa de desempleo sino por la creación de puestos formales. Las reformas laborales que impulsa el Gobierno nacional orientadas a reducir el costo laboral y facilitar la contratación van en ese sentido, pero los analistas advierten que si no aumenta la actividad en los rubros demandantes de mano de obra va a resultar muy difícil que aumente el empleo.

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