Las celebraciones de fin de año vuelven a poner en agenda el pedido de conciencia, respeto y empatía frente al uso de pirotecnia de alto impacto sonoro, que afecta la salud, el bienestar y la vida cotidiana de personas con autismo y otras condiciones.
Con la proximidad de las Fiestas de Fin de Año, vuelve a tomar relevancia el pedido de concientización sobre el uso de pirotecnia de alto impacto sonoro, una práctica que genera graves consecuencias en personas con trastornos del espectro autista (TEA), bebés, adultos mayores, ex combatientes y animales.
Desde Posadas, la Fundación de Apoyo a Padres de Hijos del Espectro Autista (FAPADHEA) insiste en que el reclamo no se limita al cumplimiento de una ordenanza, sino que apela al respeto y al sentido común de la sociedad.
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En ese sentido, su presidente, Eduardo Sisto, sostuvo que estas fechas “nos recuerdan la necesidad de pedirle a la ciudadanía respeto hacia la gente que sufre y se ve lastimada por el impacto de la pirotecnia”, y recordó que en la ciudad rige la Ordenanza II Nº 81 “Territorio Libre de Artículos de Pirotecnia con Efecto de Alto Impacto Sonoro”, que regula los niveles de ruido permitidos. Sin embargo, aclaró que, aun con normativa vigente, “lo que reclamamos es una ciudadanía respetuosa que incluya a la gente que sufre, porque no es una cuestión de gusto, sino una cuestión clínica y ético-moral”.
Desde la experiencia diaria de las familias, Sisto explicó que el daño que provoca el estruendo no es pasajero. Para muchas personas con autismo, el estrés generado por un cohete implica un proceso largo y doloroso: tardan mucho tiempo en autorregularse y en volver a un estado de calma. Si bien aclaró que no ocurre en todos los casos, remarcó que “a los que les afecta, les hace muchísimo daño”. Además, detalló que el impacto se extiende a otros grupos, como bebés, adultos mayores y personas con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) o síndrome de Down, aunque en estos casos la regulación suele ser más rápida.
En el caso del autismo, la situación se agrava por la acumulación del estímulo sonoro. Según explicó, los chicos van cargando estrés hasta que se produce una eclosión, y la descarga posterior puede tardar dos o tres días, justo cuando se aproxima la otra celebración, entre Navidad y Año Nuevo. Esto genera un colapso físico y emocional que puede derivar en autoagresiones, trastornos nerviosos generales y falta de sueño durante varios días, con consecuencias significativas para la salud.

El presidente de FAPADHEA remarcó además que el impacto no recae únicamente en la persona afectada, sino en todo su entorno familiar. Una fiesta que debería vivirse en un clima de encuentro y celebración puede transformarse en una experiencia angustiante para madres, padres y hermanos. “Por el accionar de una persona que decide tirar un cohete, se les arruina la fiesta a muchas familias que no pueden vivirla con la dignidad que se merecen”, expresó.
En cuanto al cumplimiento de la normativa, Sisto señaló que existe control sobre la venta de pirotecnia y manifestó su confianza en que la conciencia social continúe creciendo. Consideró que el uso de pirotecnia sonora disminuyó notablemente en los últimos años, en gran parte gracias a la difusión y al trabajo de concientización que realizan los medios de comunicación. En ese sentido, sostuvo que la mayoría de las personas no actúa con maldad, sino desde la efusividad o el desconocimiento, y que muchas veces “no saben realmente qué es lo que pasa”.
Por eso, insistió en la importancia de informar y educar, más allá de la sanción. De todos modos, recordó que ante el incumplimiento existen líneas 0800 municipales para realizar denuncias, para que la ordenanza actúe con todo el peso de la ley. Al mismo tiempo, explicó que las familias implementan estrategias de cuidado, como el uso de protectores auditivos o tratamientos médicos, aunque aclaró que no es suficiente ni justo que toda la carga recaiga sobre ellas.
Finalmente, Sisto apeló a un compromiso compartido entre la sociedad y las familias, al considerar que “tiene que ser un 50 y 50”, para que todos puedan transitar las fiestas y la llegada del Año Nuevo con dignidad, respeto, alegría y en familia.
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