El cometa 3I/ATLAS, el tercer objeto interestelar detectado por la astronomía moderna, alcanzará en la madrugada del 19 de diciembre su mayor acercamiento a la Tierra, ofreciendo una oportunidad excepcional para observar y estudiar un cuerpo que llegó desde un rincón desconocido de la galaxia y que podrá verse en vivo.
Durante cinco meses fue seguido con lupa por astrónomos de todo el planeta. Llegó desde fuera de nuestro sistema solar, cruzó el vecindario cósmico y ahora protagoniza un momento clave: en la madrugada de este viernes 19 de diciembre, el cometa interestelar 3I/ATLAS alcanzará su mayor acercamiento a la Tierra, una oportunidad excepcional para observar de cerca un fragmento auténtico de otro sistema estelar.
Según los cálculos del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, el 3I/ATLAS pasará junto al planeta Tierra a una distancia de 1,8 unidades astronómicas, unos 270 millones de kilómetros, casi el doble de la distancia promedio entre la Tierra y el Sol.
El punto máximo de aproximación se producirá a la 1.00 de la madrugada del viernes, hora del este de Estados Unidos, las 3.00 de la madrugada en Argentina. Y aunque no será visible a simple vista, sí podrá detectarse su débil fulgor antes del amanecer mediante binoculares potentes o un telescopio doméstico.
En directo por streaming
A su vez, para quienes quieran asegurarse una buena observación, el Proyecto Virtual Telescope 2.0, una iniciativa liderada por un grupo de astrónomos italianos que opera una red de telescopios robóticos, transmitirá el evento en vivo por streaming desde la 1.00 de la madrugada del viernes 19 de diciembre, hora argentina (las 4.00 UTC), a través de su sitio web https://www.virtualtelescope.eu/.
El 3I/ATLAS es considerado un cometa interestelar porque no se originó en nuestro sistema solar, sino que proviene de otro sistema estelar.

Este es el tercer objeto de este tipo detectado por la ciencia, después del célebre ‘Oumuamua en 2017 y del 2I/Borisov en 2019. En cada uno de estos casos, los investigadores tuvieron la posibilidad única de analizar material proveniente de regiones remotas de la galaxia a las que no pueden llegar las actuales naves espaciales.
La mejor oportunidad para recolectar datos
El paso de este viernes es especialmente valioso para la comunidad científica porque representa la mejor oportunidad para observar el cometa y recolectar datos antes de que se aleje definitivamente de nuestro sistema solar.
Desde que el observatorio ATLAS, financiado por la NASA, descubrió al 3I/ATLAS el 1 de julio, los investigadores trabajan de manera ininterrumpida para estudiar su composición y su química.
Los primeros resultados dieron lugar a diversas hipótesis sobre su origen. Un estudio inicial sugirió que provenía de un antiguo sistema estelar ubicado en el llamado disco grueso de la Vía Láctea, una región que rodea al disco delgado —donde se encuentra nuestro sistema solar— y que alberga estrellas más viejas. Un análisis posterior, sin embargo, planteó lo contrario y sostuvo que su origen estaría en el disco delgado.
Más allá de que su lugar de procedencia exacto aún no esté definido, las características del 3I/ATLAS ya aportan información valiosa sobre el entorno en el que se formó. Los estudios revelaron que el cometa contiene grandes cantidades de dióxido de carbono, un dato que sugiere que nació en un ambiente con niveles de radiación más elevados que los de nuestro sistema solar.
Una velocidad impresionante
El viajero interestelar también impresiona por su velocidad. Durante su máximo acercamiento al Sol, registrado en octubre pasado, el 3I/ATLAS se desplazó a una velocidad de hasta 246.000 kilómetros por hora. Tras el encuentro de este viernes, su brillo comenzará a desvanecerse a medida que se interne rumbo al sistema solar exterior, alejándose para no volver.
El cometa puede localizarse en el cielo identificando primero la constelación de Leo y luego mirando hacia abajo y a la izquierda de su estrella más brillante, Regulus, y del asterismo conocido como la hoz.
Con un telescopio, es necesario enfocar desde Regulus hasta Rho Leonis, una estrella de magnitud 3,8, y avanzar en la misma dirección aproximadamente la mitad de esa distancia hasta distinguir un pequeño y difuso punto de luz. Con binoculares, el objeto se verá aún más tenue. Existen además aplicaciones de astronomía como Stellarium o SkyView que facilitan su localización.
Ya sea a través de un telescopio, con ayuda de una app o siguiendo la transmisión en vivo del Proyecto Virtual Telescope, la cita vale la pena. No todos los días se tiene la posibilidad de observar, aunque sea de manera indirecta, a un mensajero de otro sistema solar atravesando nuestro cielo.

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