Donald Trump calificó el atentado en Australia como un “terrible ataque antisemita”

La tranquilidad festiva de Bondi Beach, un punto neurálgico para la comunidad judía de Sídney, se quebró de forma brutal el pasado domingo 14 de diciembre. El terrorismo volvió a golpear, esta vez, con un objetivo inconfundible, la celebración de Jánuca junto al Mar. Tras la masacre a tiros que dejó un rastro de víctimas, la respuesta global fue inmediata y visceral.

Desde Washington D.C., el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intervino con la contundencia que lo caracteriza. Su mensaje, emitido en medio de las festividades navideñas en la Casa Blanca, cortó de tajo cualquier debate sobre el móvil del ataque, pues Trump no dudó en catalogar el hecho como un crimen de odio: “Fue un ataque terrible y fue un ataque antisemita, obviamente”.

Esta afirmación, directa y sin filtros diplomáticos, subraya la creencia de la administración estadounidense de que el objetivo del terror no fue aleatorio, sino deliberadamente dirigido contra la fe y la comunidad judía reunida para celebrar su “Festival de las Luces”.

Más allá de la condena, el presidente Trump ofreció un mensaje de apoyo y desafío a la inacción, dirigido tanto a los judíos australianos como a la diáspora global. Instó a la comunidad a no permitir que el miedo se impusiera sobre sus tradiciones ancestrales.

 “No tienen que preocuparse. Deben celebrar con orgullo, y deben estar orgullosos de quienes son”, sostuvo en un claro mensaje.

Esta exhortación a la valentía se enmarca en un contexto global de creciente preocupación por el antisemitismo. La Casa Blanca no solo condenó la barbarie, sino que buscó reafirmar la necesidad de defender la identidad y las festividades judías en cualquier rincón del mundo, incluso frente a la amenaza de la violencia extremista.

Las palabras de Trump resuenan al unísono con las de otros líderes internacionales, entre ellos el Primer Ministro de Australia, Anthony Albanese, quien también calificó el tiroteo como un acto terrorista y reforzó la tesis de un ataque directo a los valores democráticos y la libertad religiosa.

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