La urgente reunión de padres, egresados y proveedores en el salón donde debía realizarse la recepción se convirtió en una escena de angustia colectiva al confirmarse que ninguno de los servicios había sido abonado. El testimonio de un testigo retrata la crudeza del momento.
La mañana avanzaba lentamente cuando, cerca de las 11, padres y egresados comenzaron a reunirse de urgencia en el salón donde esa misma noche del viernes 12 de diciembre debía celebrarse la tan esperada fiesta de egresados. Nadie imaginaba lo que estaba por confirmarse. “Era solo un mar de llantos. Lloraban las madres, los padres, las hijas. Todos se abrazaban, se miraban y lloraban”, relató uno de los testigos que presenció la escena desde el inicio.
A medida que pasaban los minutos, seguía llegando gente, ya que eran 35 los egresados más sus familias. Familias enteras que, una tras otra, recibían la misma noticia devastadora: no había nada pago. “Lloraban porque se encontraron con que no tenían nada, con que no iba a salir el evento. El catering no iba a aparecer porque no se pagó, directamente no existía”, explicó el testigo, sintetizando la sensación de vacío que se apoderó del lugar.

La confirmación de que la madre encargada de administrar los fondos no había abonado ninguno de los servicios terminó de quebrar los ánimos. Catering, música, fotógrafo, salón nada estaba cubierto. “La gente pagó, obviamente, pero la mamá no pagó”, repitieron una y otra vez entre lágrimas. Frente a ese escenario, comenzaron a surgir soluciones improvisadas, nacidas más de la desesperación que de la planificación.
Se planteó entonces que cada familia llevara lo que pudiera. “Empanadas o pizza, nada extravagante, porque había gente que no podía. Querían equiparar para que todos tengan más o menos lo mismo”, contó.

Uno de los momentos más conmovedores se vivió con la llegada del fotógrafo, quien tampoco había cobrado ni siquiera la sesión realizada semanas antes. “No le habían pagado nada. Ahí volvió el llanto. Una mamá le dijo: ‘Yo gano 40 mil por semana, te puedo ir pagando de a poquito’”. Otras madres confesaron no tener ni siquiera comida para llevar, y fue entonces cuando la solidaridad tomó protagonismo: desde la Escuela de Comercio Nº19 se donó empanadas, pizzas y tortas para que nadie quedara afuera.
Finalmente, y pese al golpe emocional, la fiesta pudo realizarse. El evento se concretó gracias al compromiso de pago asumido por los padres, el apoyo del intendente, de manera personal y no institucional, y la predisposición de los proveedores, que confiaron y sostuvieron el servicio. En medio del dolor y la bronca, la comunidad logró transformar una mañana de llanto en una noche que, aunque distinta a lo pensado, permitió que los egresados vivieran su momento soñado.
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— misionesonline.net (@misionesonline) March 18, 2024

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