La Fundación Banco de Residuos del Litoral Argentino cerró el 2025 con un total de 1.000 toneladas de residuos recolectados desde su fundación, un registro que refleja el crecimiento urbano y los desafíos de la gestión ambiental.
En tiempos donde la gestión ambiental se vuelve un desafío urgente y global, la Fundación Banco de Residuos del Litoral Argentino —con sede en Posadas— fortalece un modelo que combina ciencia, comunidad y economía circular.
A siete años de su creación, el proyecto llega al cierre del 2025 con un balance marcado por logros productivos, innovación tecnológica y una proyección de crecimiento que promete transformar la escala de su trabajo a partir del 2026. El Dr. Sebastián Welsch, fundador de la organización, compartió con Misiones Online el recorrido de este año y los desafíos que vienen.
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La Fundación surgió en 2018, impulsada por un grupo de jóvenes profesionales que buscaba nuevas formas de mejorar la salud ambiental y, al mismo tiempo, generar impacto social. A partir de 2019 comenzó a ejecutar, junto al especialista en economía circular Carlos Levinton, el proyecto “Alianzas para la Economía Circular Disruptiva”, que con los años se consolidó en tres grandes líneas de acción:
- El banco de residuos.
- El centro de economía circular.
- La fábrica social.
Estas áreas permiten abordar todo el ciclo: desde la trazabilidad de los materiales, pasando por la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías, hasta la transformación final de los residuos en productos útiles para la comunidad o la industria. Con el tiempo, cada una de estas unidades fue alcanzando estabilidad y volumen de trabajo, lo que consolidó la estructura organizacional y dio lugar a nuevos vínculos con empresas, universidades, organismos públicos y organizaciones sociales.

Del barrio al modelo productivo: cómo funciona la planta en Estepa
Desde 2021, la fundación se estableció en el barrio Estepa, en la comunidad de Campo El Porvenir, donde viven unas 280 familias. El predio de dos hectáreas fue cedido por la presidenta barrial, quien también integra el proyecto. Allí se unieron producción, investigación, clasificación de residuos y, sobre todo, la participación activa de la comunidad: el 90% del personal pertenece al propio barrio.
Este arraigo territorial permitió crear un sistema de trabajo que genera beneficios sociales inmediatos. Los vecinos participan del intercambio de residuos por alimentos o mercadería que aportan las empresas, lo que favorece la seguridad alimentaria y fortalece el sentido de pertenencia. A la vez, el barrio se convierte en protagonista de un modelo que reduce la contaminación local y demuestra que la economía circular puede integrarse naturalmente al tejido comunitario.
El corazón productivo: orgánicos, biomasa y nuevos materiales
Si bien la planta procesa distintos tipos de residuos, los orgánicos se convirtieron en el principal eje del trabajo. Allí se desarrollan compost, fertilizantes y biol mediante biodigestión, además de una unidad para producir leña, carbón y, próximamente, briquetas en conjunto con el Instituto Misionero de Materiales.
El vidrio es otro de los materiales donde la fundación logró avances únicos en la región. Además de clasificarlo, lo trituran y tamizan para producir materiales de construcción, algunos de los cuales fueron desarrollados junto a la Municipalidad. Con los plásticos, por su parte, avanzan en proyectos que incluyen desde productos experimentales hasta una línea de mobiliario urbano y escolar que se trabaja junto a la Subsecretaría de Economía Circular.
Todo esto se articula con alianzas que permiten mejorar la escala y la calidad de los procesos, sin perder el enfoque social que distingue al proyecto.
Un cierre de año con cifras récords
El 2025 llega a su fin con números que reflejan la consolidación del modelo. En cinco años, la fundación gestionó más de 1.000 toneladas de residuos. Solo en 2025 procesó unas 300 toneladas, un volumen estable respecto a los últimos años y que posiciona a la organización como un actor clave en la gestión ambiental local.
Además, el proyecto logró gestionar 400 toneladas de dióxido de carbono, generar empleo para más de 10 personas de manera sostenida y capacitar a más de 500, entre trabajadores, estudiantes, pymes y organizaciones.
Estos resultados se traducen en beneficios tangibles para las empresas que participan del modelo, muchas de las cuales alcanzaron tasas de recuperación del 85% de sus residuos y lograron transformar hasta el 90% de ese material, especialmente en el caso de los desechos orgánicos.
El impacto económico también es relevante. Una de las firmas logró reducir entre 4 y 6 millones de pesos en costos gracias a la trazabilidad del stock de mercadería de baja y el control de desvíos. La información precisa sobre lo que se desperdicia se convierte en una herramienta de gestión que mejora la eficiencia interna y la imagen social de las empresas.
Tecnología para gestionar residuos: inteligencia artificial y trazabilidad digital
Uno de los avances más significativos del año fue la incorporación de un sistema de trazabilidad digital basado en inteligencia artificial. Aunque actualmente el proceso combina registros manuales y carga en formularios digitales, la fundación ya trabaja en el desarrollo de un software propio y de un sistema de sensores que permitan medir peso y volumen de los materiales de manera automática.
Estos datos se integrarán en una base de datos que podrá analizarse mediante IA para producir informes diarios, semanales o mensuales, pensados según las necesidades de cada empresa o institución. Esta herramienta, destaca Welsch, será clave para escalar el proyecto y atraer a nuevos actores.
2026: un salto de escala para ampliar el impacto
El año próximo marcará el inicio de la fase de expansión del proyecto, que se extenderá hasta 2029. La meta es tan desafiante como clara: procesar 200 toneladas de residuos por mes. Para ello será clave fortalecer el sistema de trazabilidad, mejorar la infraestructura, sumar nuevas empresas y replicar la experiencia en otros territorios.
Actualmente trabajan con unas 10 firmas, entre ellas Multiexpress —el cliente más constante— y Duomo, además de instituciones públicas como el Centro Verde Municipal.
Para Welsch, el éxito del proyecto depende de mantener la articulación entre academia, sector privado, Estado y organizaciones comunitarias, un esquema que considera indispensable para que la economía circular tenga impacto real.

Una mirada hacia el futuro: prevención y equidad en la gestión ambiental
El modelo que impulsa la fundación se basa en la prevención, que según Welsch es el nivel más alto en la gestión de recursos. La idea es evitar que los productos se conviertan en basura y rediseñar tanto los procesos como los materiales para que permanezcan dentro de la economía.
El contraste con otros modelos globales es evidente. Durante su participación en el Congreso Mundial de Gestión de Residuos, Welsch observó que algunos países logran gestionar volúmenes altísimos, pero con modelos basados en la incineración, donde hasta el 60% de los materiales desaparecen y no vuelven a la economía. Para países en desarrollo, sostiene, ese camino no es sostenible: “Los problemas sociales y ambientales están en los territorios donde la tecnología no llega, y por eso los modelos de prevención son esenciales”.
La apuesta es romper con la lógica que concentra los recursos naturales en grandes corporaciones y construir un sistema donde las comunidades puedan apropiarse de los materiales, transformarlos y generar riqueza local.
Camino a la economía circular
El 2025 concluye con la fundación posicionada como un referente regional en innovación social y ambiental. Con la comunidad en el centro, alianzas estratégicas y una visión que combina tecnología, investigación y desarrollo territorial, el proyecto se prepara para un 2026 que promete ser un punto de inflexión hacia la gestión sostenible.
Mientras la economía circular avanza en el mundo, en Misiones toma forma con una impronta disruptiva y profundamente comunitaria. Desde el barrio Estepa, la fundación demuestra que transformar residuos en oportunidades no solo es posible, sino que puede convertirse en un modelo replicable para toda la región.
La economía circular transforma residuos en oportunidades: Misiones donó una notebook reparada al BOP N° 17 a través del programa de Reparación Solidariahttps://t.co/d3IG0dGS99
— misionesonline.net (@misionesonline) November 12, 2025




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