El reciente anuncio del acuerdo marco comercial entre la Argentina y los Estados Unidos generó un notable impacto político y económico, pero tanto en Buenos Aires como en Washington coinciden en que el contenido final del entendimiento aún permanece abierto. Según fuentes de ambos gobiernos, lo que determinará el verdadero alcance del convenio está en los detalles: la “letra chica”, todavía en elaboración y mantenida bajo estricta reserva.
La administración de Donald Trump marca el ritmo de las negociaciones y avanza en conversaciones paralelas con países que, en algunos casos, poseen intercambios comerciales más voluminosos que los de la Argentina. En ese contexto, el país queda sujeto a la priorización que haga la Casa Blanca. Funcionarios estadounidenses remarcan que aún se evalúa el impacto del acuerdo sobre sectores considerados sensibles para su economía.
En EE.UU. existe cierto consenso acerca de que algunos productos argentinos —especialmente aquellos vinculados al sector agropecuario— podrían reemplazar importaciones afectadas recientemente por los aranceles adicionales aplicados por el gobierno de Trump. Entre los ejemplos mencionados aparece la situación del agro brasileño y el aumento de precios de algunas carnes en el mercado norteamericano.
El proceso también se analiza en función de experiencias previas. Meses atrás, el presidente estadounidense anunció acuerdos con Corea del Sur, Japón, Malasia y Australia, todos estructurados para evitar el paso por el Congreso, un mecanismo destinado a esquivar potenciales rechazos legislativos. Ese antecedente alimenta especulaciones acerca del formato final que adoptará el documento bilateral con la Argentina y gran parte de la atención se centra en si seguirá un modelo similar.
Del lado argentino, quienes siguen de cerca la negociación destacan que el acuerdo podría abrir una oportunidad concreta para incrementar exportaciones hacia el mercado estadounidense y atraer inversiones. El razonamiento es conocido en el comercio exterior: “hacia donde van las exportaciones, van las inversiones”. Sin embargo, también se reconoce que recién cuando se conozca el texto completo podrá determinarse el volumen real de oportunidades y el nivel de apertura que esté dispuesto a conceder Washington.
En este clima de expectativa y cautela se desató además un intenso cruce político interno tras críticas emitidas desde sectores de la oposición. El embajador argentino en Estados Unidos, Alec Oxenford, respondió con firmeza al gobierno bonaerense, que había cuestionado el entendimiento. “No entiendo cómo lo ven como una mala noticia”, afirmó en declaraciones a Radio Mitre, y destacó que las provincias productoras de carne serán de las más beneficiadas. También apuntó contra la administración de Axel Kicillof: “Es una lástima. La verdad que la provincia de Buenos Aires no está particularmente bien. No sé si queda mucho por destrozar”.
Oxenford añadió que una de las áreas específicas del acuerdo será el acceso de carne argentina al mercado estadounidense, lo que, según señaló, “impactará positivamente la provincia de Buenos Aires”. En ese sentido remarcó: “Así que es absurdo. Las únicas provincias que en este momento podrían decir con certeza absoluta que esto es positivo son las productoras de carne, porque se menciona específicamente esto”.
Desde la Provincia, la respuesta llegó a través del ministro de Gobierno, Carlos Bianco, quien advirtió en su cuenta de X que Estados Unidos “anunció un acuerdo ‘amplio’ con la Argentina que se perfila como el pacto económico-comercial más desigual y asimétrico firmado desde el Pacto Roca-Runciman, un esquema 90/10, con 15 obligaciones asumidas por la Argentina y apenas dos de EE.UU”.
Bianco también denunció que el país “se sumó a la misma fila que El Salvador, Ecuador y Guatemala: todos recibieron el mismo ‘framework’ comercial, publicado el mismo día y con cláusulas casi idénticas”, y sostuvo que esas naciones “no tienen base industrial; son economías primarias”.
Además, alertó sobre la falta de transparencia en la negociación: “A esto se suma un problema mayor: la negociación se desarrolló sin estudios de impacto, sin participación del Congreso, sin consultas a los sectores productivos y sin intervención de las provincias, un proceso de diplomacia secreta que deja afuera a todos los actores interesados”.
Finalmente, el funcionario bonaerense afirmó que EE.UU. exige “la liberalización de sectores que representan cerca del 70% de lo que exporta a la Argentina: medicamentos, químicos, maquinaria, tecnología, dispositivos médicos, vehículos y productos agrícolas”.
Con posturas enfrentadas y sin texto definitivo publicado, el acuerdo comercial continúa rodeado de expectativas y controversias. Las próximas definiciones serán clave para determinar si se trata de una oportunidad estratégica para la economía argentina o de un entendimiento asimétrico que profundizará las tensiones políticas y sectoriales.
FUENTE: TN.

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