La vigésimo cuarta edición de la peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Loreto reunió este domingo a miles de fieles de toda la provincia, en una jornada marcada por la fe, la gratitud y el sentido jubilar que atraviesa el calendario de la Iglesia misionera. Durante la misa central, el sacerdote destacó el significado profundo de esta caminata espiritual, que este año coincidió con el año jubilar, razón por la cual —señaló— “Dios quiere obrar su misericordia y regalarnos un tiempo especial de esperanza”.
En su mensaje, el celebrante agradeció la presencia de autoridades provinciales y municipales que acompañaron la celebración. Entre ellos, mencionó al ministro de Gobierno, Marcelo Pérez; a intendentes; a la subsecretaria de Culto; y a miembros de las fuerzas de seguridad. “Qué gozo el poder celebrar así, de esta manera, como pueblo de Dios, expresado de tan diversas maneras en esta celebración”, expresó frente a los peregrinos, muchos de ellos conectados mediante las transmisiones de los medios de comunicación.
El sacerdote subrayó la variedad de formas en que los fieles se acercaron al santuario: caminantes que salieron el día anterior, ciclistas “que nos impresionan realmente como vienen”, grupos náuticos que incluso ofrecieron reemplazar su báculo por uno de sus remos, y otros que decidieron trotar los últimos tramos del trayecto. “Aquí estamos todos: sacerdotes, diáconos, vida consagrada, laicos, comunidades, parroquias. Llegamos como peregrinos”, destacó.
Con emoción, remarcó que esta edición contó con la particularidad del año jubilar, lo que convierte a la peregrinación en un gesto aún más simbólico. “Es un año de especial gracia, donde Dios quiere obrar su misericordia… Tenemos esperanza, queremos estar de pie”, afirmó. Señaló además que la esperanza —junto con la fe y la caridad— es una virtud teologal que no nace del voluntarismo, sino del don de Dios. “Nuestra esperanza se expresa en la peregrinación”, sostuvo.
La misa coincidió con la Jornada Mundial de los Pobres, una fecha que la Iglesia celebra cada año y que el sacerdote relacionó con la situación global y local. “Queremos unir nuestra petición especialmente a tantísimos hermanos pobres, cada vez más, en un mundo que tiene como principal grieta la de algunos que tienen mucho y muchos que tienen muy poco”, reflexionó.
También recordó que este domingo se conmemoró a los Santos Mártires, figuras centrales de la evangelización en la región. “Estamos celebrando siglos de evangelización, alrededor de cuatrocientos años en nuestras tierras. No falta mucho para los cuatrocientos años de Loreto”, afirmó, evocando a las comunidades jesuíticas encabezadas por el padre Montoya.
En ese sentido, puso en primer plano la misión evangelizadora como esencia de la Iglesia. “La razón de ser de la Iglesia en estos dos mil años es evangelizar”, enfatizó, celebrando la tarea que realizan “tantísima gente en sus comunidades, parroquias, movimientos y escuelas”.
“Evangelizar no es fácil, pero es nuestra vocación y misión”
El sacerdote convocó a los fieles a renovar su compromiso cristiano, especialmente en el contexto del año jubilar. “Estamos bautizados y llamados a ser testigos en la evangelización. Todos estamos llamados a evangelizar”, dijo. Y aclaró que ese llamado requiere vivir la fe “como una vocación y como una misión”.
Advirtió además sobre los desafíos culturales contemporáneos: “Cuánto hace falta que entendamos esto en un mundo que se va haciendo individualista, con tantas adicciones al poder, al tener… formas que mundializan nuestro corazón y nos alejan del verdadero sentido de la vida”.
Para ejemplificar la perseverancia que exige la tarea evangelizadora, evocó la vida y obra de San Roque González, San Juan y San Alonso, quienes recorrieron la región sin rutas ni caminos, guiados por la convicción de la misión. Relató cómo Roque González fundó en 1615 la Anunciación de Itacurubí —primera fundación de Posadas—, que enfrentó enfermedades y contratiempos. “Podrían haber dicho: ya está, hicimos todo lo que pudimos. Pero, por el contrario, se reanimaron, cruzaron el Paraná y siguieron evangelizando… Nunca se achicaron. Y murieron, los mataron”, recordó.
El sacerdote cerró su homilía apelando al Evangelio y a la fe ante las dificultades: “Los detendrán, perseguirán, encarcelarán… pero nunca bajamos los brazos”. Invitó a los fieles a seguir caminando “como pueblo peregrino” hacia el encuentro con Dios, con esperanza y compromiso renovado.
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