Marcelo Capello, vicepresidente del IERAL, proyecta que la economía crecerá pero sin suba de salarios ni del consumo

El economista Marcelo Capello, vicepresidente del IERAL de la Fundación Mediterránea, señaló que los resultados electorales sumados al apoyo de EE.UU. provocaron un cambio rotundo en las expectativas de los mercados. Proyectó que la economía crecerá, pero advirtió que los salarios no aumentarán significativamente y el consumo seguirá sin despegar. Desestimó la posibilidad de una devaluación, consideró que en el mediano plazo el tipo de cambio tenderá a bajar por el ingreso de dólares de Vaca Muerta y la minería. Indicó que el mapa de las nuevas inversiones deja afuera al NEA y al cordón industrial de Buenos Aires.  

La economía argentina atraviesa un cambio de expectativas que, para buena parte del mercado, ha sido más abrupto de lo previsto. La transición electoral, marcada por temores de inestabilidad cambiaria y dudas sobre la capacidad política del oficialismo para sostener el equilibrio fiscal, dio paso a un escenario más calmo en materia financiera y de perspectivas externas. Para el economista Marcelo Capello, vicepresidente del IERAL de la Fundación Mediterránea, ese viraje no es casual: responde a un conjunto de factores que combinan apoyo externo, recomposición política interna y una percepción más sólida sobre la continuidad de la disciplina fiscal.

El economista cordobés fue el orador principal en la reunión de fin de año de la regional NEA de la Fundación Mediterránea que se realizó en Posadas.

En diálogo con este medio, Capello sostuvo que “están dadas las condiciones para que la situación mejore” y que el resultado electoral reciente fue determinante para evitar un cuadro de tensión cambiaria y financiera. El economista también traza un mapa de oportunidades y riesgos para 2025, donde el rol del acceso a los mercados, la sostenibilidad fiscal y las inversiones en sectores transables se vuelven pivotes centrales.

 

Recuperación sin aumento salarial

El economista advirtió que la mejora económica no se traducirá necesariamente en un incremento en el poder de compra de los salarios, por lo tanto, el consumo no sería motor del crecimiento.

Estimó que para el común de la gente, el crecimiento que viene sería parecido al que se vivió durante el rebote de 2024, con un impacto relativamente bajo en la calidad de vida de la mayor parte de la población. Capello recordó que la economía argentina mostró cierta recuperación entre el segundo trimestre de 2024 y el primero de 2025, “después se estancó”. Para 2025, el IERAL espera una mejora, aunque lenta y con características particulares: no será una recuperación traccionada por el consumo privado, tampoco habrá recuperación significativa de los salarios.

Capello explica que los salarios en dólares se ubican hoy en un nivel intermedio respecto de la historia reciente. Un aumento significativo que supere la evolución del tipo de cambio generaría un encarecimiento de la mano de obra en dólares, afectando la competitividad externa y reabriendo tensiones cambiarias. “Es como un arma de doble filo: si recuperás el salario, sube el consumo, pero empeorás la competitividad. Y la baja competitividad te genera turbulencias financieras”.

Por eso, la recuperación deberá venir por el canal del crédito y de las inversiones sectoriales, especialmente en aquellos segmentos que ya muestran dinamismo: petróleo, gas y minería. Estos sectores, destaca, forman parte central del RIGI y podrían movilizar inversiones por miles de millones de dólares.

Pero al tratarse de sectores que no son altamente demandantes de mano de obra, no habría un impacto importante por el lado de la generación de empleo.

 

Pobreza en baja, clases medias también

Uno de los puntos que Capello plantea con mayor énfasis es la heterogeneidad social de la mejora económica reciente. Si bien la pobreza descendió, situación que el economista atribuye a la baja de la inflación en alimentos y el incremento de la Asignación Universal por Hijo, las clases medias y medias bajas sufrieron un deterioro porque los ingresos “no subieron tanto” y el impacto del incremento de las tarifas fue alto.

“El pequeño comercio se ha complicado muchísimo. Hay muchos cierres de comercios”, advierte, señalando la combinación entre tarifas en alza, alquileres elevados y un consumo masivo todavía deprimido. Ese fenómeno es particularmente visible en los centros urbanos del interior, donde los costos de servicios crecieron más rápidamente que los ingresos.

Capello interpreta que este estrato social, pese al malestar económico, optó electoralmente por darle continuidad al Gobierno: “Debe haber terminado votando mayoritariamente por el actual presidente, no porque les vaya bien, sino renovando un voto de confianza después de varias décadas donde otras propuestas no solucionaron los problemas”. Ese capital político, sin embargo, tiene un límite: “Quizás sea un nuevo voto de confianza y quizás el último si después de dos años no mejoró la situación realmente”.

 

Alivio en el frente cambiario

Uno de los elementos que, según Capello, permitió frenar la dinámica de nerviosismo preelectoral fue el respaldo explícito de Estados Unidos. Para el economista, ese gesto resultó clave tanto para estabilizar el dólar en los días previos al comicio como para garantizar que Argentina contará con los dólares necesarios para afrontar los vencimientos de 2025. En sus palabras, “el apoyo de Estados Unidos brindó tranquilidad respecto a la disponibilidad de dólares, no solamente para calmar el tipo de cambio antes de la elección, sino especialmente porque va a haber dólares para pagar la deuda el año que viene”.

De acuerdo con sus estimaciones, los compromisos de la deuda privada representan unos  5.000 millones de dólares en enero y un monto similar en julio. Las reservas actuales del Banco Central no permitirían hacer frente a esos pagos sin tensiones. Pero el nuevo entendimiento bilateral implica, para Capello, una señal suficiente para despejar los temores inmediatos.

Ese alivio, además, podría complementarse con un retorno de Argentina a los mercados financieros internacionales, algo que el economista considera plausible ante la baja reciente del riesgo país: “Muy probablemente Argentina vuelva al mercado internacional y pague la deuda que vence con nueva deuda. La deuda total no sube, es pagar deuda con deuda, pero alivia las reservas”.

En este punto, Capello subraya una mecánica que ha condicionado a la economía argentina durante años: el uso de divisas acumuladas por el Banco Central para cancelar vencimientos externos. “Argentina sin financiamiento, por los defaults del pasado, ha estado usando dólares que compra en el mercado de cambios para pagar deudas, por eso no acumulamos reservas”. En un país con acceso normal al crédito, explica, los vencimientos se refinancian; las reservas quedan en el balance del BCRA. La expectativa de recuperar esa lógica permitiría, entonces, comenzar a recomponer el stock de divisas.

 

El factor Milei

Para Capello, la sostenibilidad del equilibrio fiscal es una pieza clave del nuevo escenario. Advierte, sin embargo, que existe un frente de tensiones políticas por los reclamos de gobernadores y sectores que empujan por mayores transferencias o gastos específicos. Pese a ello, el economista cree que hay un elemento que vuelve creíble el compromiso fiscal del Gobierno: “Lo que genera cierta garantía de que va a seguir habiendo equilibrio no es ninguna ley, sino el carácter de Javier Milei y el compromiso que él tiene para mantener el equilibrio fiscal”.

Este componente personal, afirma, es el que terminó convenciendo a los mercados de que no habrá desvíos significativos. El desafío, no obstante, será gestionar las presiones distributivas sin que ello derive en un deterioro de las cuentas públicas.

 

El NEA fuera del mapa de los inversores

En materia regional, Capello sostiene que el impacto de la reactivación será asimétrico. Vaca Muerta seguirá siendo el epicentro energético y exportador, con efectos indirectos que alcanzarán a Neuquén, Río Negro y parte de la Patagonia. La explotación de cobre, en tanto, posicionará a San Juan como protagonista, mientras que Salta y otras provincias cordilleranas se beneficiarán del avance de la minería con eje en el litio.

Pero del otro lado del mapa, la situación será más compleja: “Lo más complicado regionalmente van a ser el NEA, la región pampeana y especialmente los grandes aglomerados urbanos como el Gran Buenos Aires”. Allí se concentra el grueso de la industria orientada al mercado interno y de sectores que históricamente se han protegido frente a la competencia externa. Con un dólar que no se ubicará en niveles altos y una economía más abierta, ramas intensivas en mano de obra —textil, calzado, manufacturas de consumo— enfrentarán crecientes dificultades.

Es en ese marco que las reformas estructurales adquieren importancia no solo para atraer inversiones en sectores ganadores, sino para evitar un deterioro del empleo industrial.

 

Reformas: prioridad en lo laboral y tributario

Consultado sobre cuáles deberían ser las transformaciones centrales, Capello remite al diagnóstico recurrente del empresariado: “Si le preguntan a los empresarios, ellos ponen en primer lugar la reforma laboral; después, la tributaria”. Entre los impuestos más problemáticos menciona ingresos brutos (de naturaleza provincial), el impuesto al cheque y los derechos de exportación.

No obstante, destaca un punto que —según él— no ha recibido la atención suficiente en el debate público: las contribuciones patronales. “Una forma de abaratar la mano de obra, que no sea bajando el salario de bolsillo, es bajar los aportes patronales; eso va a ayudar a mantener el empleo”.

“Creo que es un nuevo voto de confianza —concluye Capello—, pero también puede ser el último si en dos años la situación no mejora realmente”.

El economista argumenta que, con un tipo de cambio que no se moverá demasiado y salarios en dólares en niveles medios o altos, la carga no salarial se vuelve un obstáculo severo para la competitividad. Sin embargo, advierte que cualquier rebaja debe ser selectiva y fiscalmente compensada: “Si no se recorta en otro lado, se te va el equilibrio fiscal. Pero hay margen para hacerlo para los sectores más comprometidos, como los transables trabajo intensivo”.

 

Del ruido político a la recomposición institucional

El período postelectoral también trajo una reducción significativa del riesgo político, que según Capello había sido determinante en el deterioro de expectativas durante la campaña. “Creo que era mayoritariamente riesgo político”, afirma, recordando que el Congreso había comenzado a aprobar proyectos que implicaban aumentos del gasto y ponían en jaque el equilibrio fiscal.

El punto de inflexión se dio —según su lectura— cuando el oficialismo quedó sin capacidad de sostener los vetos presidenciales. La recomposición parlamentaria que tendrá lugar desde diciembre revertirá ese problema: “El Gobierno ahora tiene números para garantizar los vetos con sus propios votos y, si suma un 70% del PRO y gobernadores dialoguistas, puede aprobar reformas”.

Ese realineamiento político redujo la percepción de un posible retorno del kirchnerismo al poder, hipótesis que tras la elección bonaerense de septiembre había cobrado fuerza en el mercado. “Eso trae ruido. Argentina es un país que va de un extremo a otro, y eso afecta la economía”, reflexiona.

 

Dólar y reservas

Con el dólar moviéndose en la franja inferior de la banda cambiaria, los mercados comenzaron a especular con compras de reservas por parte del Banco Central. El FMI también presiona en esa dirección. Capello considera que el Gobierno aprendió la lección de los meses previos a las elecciones: “No esperar que baje mucho para salir a comprar, porque no necesariamente va a bajar más”.

El objetivo práctico, afirma, será mantener el dólar cerca del techo de la banda, actualmente en torno a los 1.500 pesos. Esa estrategia no solo colabora con la competitividad, sino que evita la volatilidad asociada a un tipo de cambio atrasado. “Por la presión del Fondo y por el susto preelectoral, creo que van a tratar de mantener el dólar más cerca del techo”.

El Gobierno también evalúa modificar el ritmo de deslizamiento del techo de la banda mediante un crawling peg más rápido, posiblemente del 1,5% o el 2% mensual. “Si el techo sube 1% por mes y la inflación es 2%, el tipo de cambio real se sigue apreciando y eso puede traer volatilidad”, advierte.

El análisis de Capello proyecta un 2025 en el que Argentina podría mejorar sus fundamentos macroeconómicos, acumular reservas y atraer inversiones estratégicas. Pero ese camino no estará exento de riesgos: la falta de tracción por el lado del consumo, la presión social de la clase media, el costo laboral elevado para sectores transables y la necesidad de sostener el equilibrio fiscal conforman un cuadro exigente.

El cambio favorable en las expectativas, dice, es real, pero no irreversible. Dependerá de que la política económica logre navegar con precisión entre disciplina fiscal, estabilidad cambiaria, incentivos a la inversión y reformas que permitan que sectores hoy vulnerables puedan competir en un entorno más abierto.

“Creo que es un nuevo voto de confianza —concluye Capello—, pero también puede ser el último si en dos años la situación no mejora realmente”.

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