Miguel “Pico” Salinas, la memoria viva del fútbol misionero que hoy conduce Mitre: “Gracias a mi familia y amigos que nunca me dejaron bajar los brazos”

En una nueva edición de Miércoles de Glorias Misioneras, segmento del streaming Fórmula Tuerca de Misiones Online, Miguel Ángel “Pico” Salinas, repasó una trayectoria marcada por el esfuerzo, los afectos y las decisiones que definieron su carrera.

“El fútbol es una pasión, pero la familia y los amigos son parte de mi vida”, afirmó Salinas, quien a sus 54 años es considerado una de las figuras emblemáticas del deporte misionero.

Los inicios: de Villa Dolores a la camiseta franjeada

El recorrido comenzó con un recuerdo fundacional: “Balmaceda me fue a buscar para jugar en Guaraní. Mi papá era fanático de la Franja, me autorizó y empecé. Tenía 14 años, eso fue en 1984”, narró.

La anécdota de aquel primer entrenamiento quedó grabada en su memoria: “Llegó el lunes en que tenía que entrenar y llovía en Villa Dolores donde vivíamos. Aunque tenía mis dudas, papá me llevó. En Villa Sarita no caía una gota. Así empecé en la 6ª”.

En 1985 debutó en primera bajo la conducción de Ausberto González, en cancha de Mitre, cuando Guaraní Antonio Franco contaba con una base de futbolistas que venían de jugar el Torneo Nacional.

El salto nacional

Su proyección tuvo un punto clave en 1988, cuando recibió una noticia inesperada:
“Me citaron a la preselección argentina de Carlos Pachamé para la sub 20. Era algo que no esperaba. Horacio Meza me avisó que había llegado una carta de la AFA convocándome”.

Ese viaje lo recuerda como un hito personal. “El domingo a la noche papá me acompañó en el avión, ahí conocí a grandes arqueros como José Bonano, Fabián Cancelarich, también Diego Simeone, Diego Latorre, entre otros cracks”.

La etapa en Vélez y el duro semestre sin jugar

Un representante lo acercó a Vélez Sarsfield, donde quedó tras hablar con el dirigente Tombolini. Pero el inicio no fue fácil: “Vélez me quiso mandar a préstamo a Chile porque no me podía incorporar por el cierre del libro de pases y me tuve que quedar seis meses sin jugar”.

Pidió entrenarse con Guaraní mientras aguardaba el inicio de la temporada, pero la respuesta fue negativa: “Trabajaba de lunes a viernes sin jugar los fines de semana, los primeros dos meses fueron muy difíciles”.

Con la firma del contrato llegó también la emoción de vestir por primera vez el vestuario del Fortín: “Me entregaron un bolso con ropa Adidas que debía utilizar para todas las actividades. El primer día en el vestuario de Vélez fue lo máximo”.

El recordado debut en Primera División

Su estreno oficial sucedió en un contexto particular: “El partido previo a River en el 91 fue raro, la gente se había enojado mucho con Fillol y el técnico Rogel me hizo debutar al reemplazarlo”, relató.

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El propio Ubaldo Fillol le anticipó lo que vendría: “Me dijo que iba a jugar contra River porque sería su último partido, y fue su gran despedida atajando un penal y siendo figura en el Monumental”.

A pesar de la expectativa construida para el año siguiente, la llegada de Julio Falcioni lo relegó y en 1992 emigró a Quilmes, dirigido por José Ramos Delgado. Tras una mala campaña y el descenso, Guaraní le pidió volver para disputar el Regional de 1993.

Regreso a la región y consolidación en el fútbol del interior

El Regional tuvo un desenlace dramático para Salinas: “Se produjo el desorden ante Unión de Santiago del Estero, partido en el que una bomba de estruendo me quitó el conocimiento y perdimos finalmente en semis con Gimnasia de Jujuy”.

Su carrera continuó en Formosa, donde jugó en 13 de Junio de Pirané durante tres años. Luego regresó a Guaraní y obtuvo un título local. Más tarde se sumó a Atlético Candelaria junto a los hermanos Ayala: “Perdimos la semifinal con Unión de Sunchales. Previo a eso contra For Ever tuve una buena tarde y atajé dos penales”, recordó.

El paso al cuerpo técnico y la lesión que marcó el final

Su desarrollo como formador se gestó temprano: “A Tito Caffa lo enfrenté y más tarde lo trabajé como entrenador de arqueros, también a Julio Gaona y a Guillermo Bachke desde muy joven”.

Ese aprendizaje lo preparó para un nuevo rol en Crucero del Norte: “Aprendí mucho para después ser director técnico, tarea que comencé en Crucero cuando renunció Fulgencio Alfonzo”.

El final como jugador llegó de forma abrupta: “La lesión que tuve en 2005 fue en un entrenamiento. Descolgué un centro, caí mal y me rompí los ligamentos. Fue una lesión muy rara, el final de mi carrera”.

Hoy vive un momento especial en Bartolomé Mitre, donde asumió como entrenador hace dos años: “Allí comenzó mi función como técnico, que me encuentra en un momento muy especial en Mitre”.

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