La difusión de una serie de correos electrónicos escritos por Jeffrey Epstein volvió a poner al expresidente Donald Trump en el centro de la polémica. Según los documentos divulgados por los demócratas de la Cámara de Representantes, el financista condenado por delitos sexuales aseguró que Trump “sabía de las chicas” y que incluso “pasó horas en mi casa” con una de ellas.
Los mensajes, enviados entre 2011 y 2019, fueron obtenidos por el Comité de Supervisión del Congreso como parte de una investigación sobre los vínculos entre Epstein, su entorno y figuras de poder. En uno de los correos, dirigido a su colaboradora Ghislaine Maxwell, Epstein escribió: “Ese perro que no ha ladrado es Trump. Una de las chicas pasó horas en mi casa con él, y nunca se lo ha mencionado”.
En otro intercambio, fechado en 2019, el magnate le comentó al autor Michael Wolff: “Por supuesto que sabía de las chicas, ya que le pidió a Ghislaine que parara”. Ese mensaje fue enviado meses antes de su arresto y posterior suicidio en una prisión federal.
Los demócratas sostienen que las comunicaciones reabren interrogantes sobre la relación entre Epstein y Trump, especialmente luego de que la Casa Blanca se negara a publicar por completo los archivos relacionados con el caso. “Estos correos plantean preguntas evidentes sobre qué más está ocultando la administración y la verdadera naturaleza de ese vínculo”, señaló el congresista Robert García, del Comité de Supervisión.
Trump, por su parte, rechazó nuevamente cualquier implicación y calificó las acusaciones como “otro engaño político”. El expresidente admitió haber conocido a Epstein durante los años noventa, cuando ambos compartían círculos sociales en Nueva York y Palm Beach, aunque sostiene que se distanciaron “hace más de dos décadas”.
Maxwell, condenada en 2021 a 20 años de prisión por tráfico sexual, también aparece mencionada en la correspondencia. Según un denunciante citado por el comité, habría planeado pedirle a Trump que conmutara su pena, algo que nunca ocurrió.
Los correos divulgados fueron parte de un conjunto mayor de documentos del patrimonio de Epstein entregados al Congreso, con los nombres de las víctimas eliminados. Aunque los intercambios parecen fragmentarios, su publicación vuelve a encender el debate político sobre cómo se manejaron los archivos del caso y qué información aún permanece oculta.
Mientras la Cámara de Representantes se prepara para votar una ley que obligaría a revelar toda la documentación pendiente, el escándalo Epstein vuelve a agitar las aguas en Washington y amenaza con sumar una nueva controversia a la lista de frentes judiciales que enfrenta Donald Trump.
FUENTE: The New York Times.

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